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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Lleida: «Preparar la Navidad con responsabilidad»

Los cristianos vivimos en este tiempo de adviento una preparación in externamente para la celebración de la venida del Hijo de Dios. Y nos repetimos mucho unos a otros que debemos realizar esta preparación con responsabilidad. En este camino y teniendo el evangelio como marco de referencia se nos pide ejercitar otras muchas virtudes y fomentar otros muchos valores pero esta vez nos detendremos en pedir a Dios una actitud responsable ante el acontecimiento que se avecina.

¿Qué entendemos por responsabilidad? Como es un término muy utilizado por todos y con distintas acepciones conviene que delimitemos el significado que le damos. Y nada mejor que recurrir al diccionario para encontrar una definición precisa. Se dice de la capacidad existente en todo sujeto activo para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente; se dice también de una persona digna de crédito. Son dos características que nos sirven para nuestro comentario: aceptar las consecuencias y ser personas dignas de crédito.

Hay una cuestión previa que conviene tener en cuenta. La responsabilidad como una exigencia para cada uno de nosotros como crecimiento personal; por el contrario ausencia de agresividad, no utilizando nunca este término como un arma arrojadiza contra nuestro prójimo. No taparemos o disimularemos nuestras deficiencias ni tampoco señalaremos o magnificaremos las limitaciones ajenas. Los deberes, las obligaciones y las exigencias son un conjunto de realidades que comprometen a todos. Para el cristiano esto quiere decir que tratamos de convertirnos en primer lugar cada uno y, después o de modo simultáneo, ayudar a los demás a que se pongan en el camino de su cumplimiento. Me parece que todos recordamos aquella frase de Jesús de la mota en el ojo del hermano y de la viga en el propio. Tener una doble vara de medir los actos según quien sea el sujeto conduce siempre a la hipocresía.

Con esta actitud de responsabilidad nos limitamos a poner la mirada en la Navidad y en su preparación.

Responsables ante Dios para buscar y construir la paz en nuestros ambientes ordinarios de la familia, del lugar de trabajo o en las relaciones sociales.

Responsables ante el Señor que nace para transitar por las sendas de la fraternidad; para vivir de la felicidad que nos trae y que hemos aprendido a compartirla.

Responsables ante los demás para ser cada día más austeros. No necesitamos todo y al mismo tiempo. Queremos prescindir de la mentalidad infantil, esa con la que se entretienen los niños que acaparan todo a su alrededor como propio. Podemos vivir con menos objetos, menos ropa, menos comodidades.

Responsables ante los demás para ser más solidarios, para practicar una caridad más constante, para dedicar más tiempo al servicio de la sociedad y de la misma Iglesia. Muchas organizaciones esperan de nuestra colaboración para ampliar sus objetivos y llegar a más personas necesitadas o vulnerables.

Responsables ante nuestra propia conciencia que nos obligará, más tarde, a arrepentirnos de nuestros olvidos, de nuestras omisiones de nuestras indiferencias.

Si actuamos así, con libertad, aceptando las consecuencias de nuestros actos… seremos siempre dignos de crédito y anunciaremos con nuestra vida la Navidad.

 

+ Salvador Giménez Valls
Obispo de Lleida



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