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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Léon: «Nos ha nacido un Salvador: un niño frágil en un pobre portal»

Queridos hermanos y hermanas:

Durante el tiempo de Adviento se ha dispuesto nuestro corazón para celebrar la Navidad como pueblo en camino que, en medio de las tinieblas, acoge la visión espléndida de una luz grande. Somos Iglesia, pueblo de Dios bendecido con el nacimiento de un Salvador, el Mesías, el Señor, un Niño frágil en un pobre portal.

Ahora vamos a felicitarnos la Navidad como nunca lo hemos hecho. Nos felicitamos como pueblo en proceso sinodal, agradecidos por la presencia y acción del Espíritu Santo. Nos felicitamos por los dones que descubrimos en nuestros hermanos y hermanas de camino. Nos felicitamos porque, en cualquier situación, nos envuelve el resplandor de la gloria de Dios hecho hombre. Nos felicitamos porque nos llena de alegría el nacimiento del Mesías, el Señor, Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Príncipe de la paz… un Niño frágil en un pobre portal.

Vamos a felicitarnos la Navidad contemplando al Salvador, Jesucristo Palabra del Padre, que ha querido mostrar su omnipotencia de amor y misericordia en la fragilidad humana. Nos felicitamos porque Dios asumió nuestra naturaleza humana para que pudiésemos conocerlo, acogerlo y seguirlo. Se ha puesto de tal manera en nuestro lugar que podemos alcanzarlo y compartir su grandeza en la pequeñez y la pobreza que este mundo teme y hasta desprecia.

No alcanzamos a admirar suficientemente tan magnífico acontecimiento y, no obstante, nos embarga y estremece la gran luz que ilumina nuestro camino de Iglesia en León, pueblo suyo elegido, amado y destinado al gozo eterno que anuncian los ángeles la noche de Navidad.

Nuestra fe es fe en la encarnación del Verbo y en su resurrección. Es fe en un Dios que se ha hecho tan cercano que ha entrado en nuestra historia y en nuestra realidad, dándonos la posibilidad de entenderlas profundamente desde el infinito amor que tiene por nuestro mundo. El Verbo encarnado abraza nuestro camino orientándonos hacia Él para alcanzar la plenitud (cf LF 18).

La fragilidad que tanto hemos experimentado en los últimos tiempos, y que seguimos experimentando todavía, es la que estamos llamados a cuidar mirando con ternura al Niño frágil en pobre portal, el Mesías, el Señor. Dios recién nacido nos inspira y hace suyo el cuidado que hemos de prodigar a «la fragilidad de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada anciano, con esa actitud solidaria y atenta, la actitud de proximidad del buen samaritano» (FT 79). Fragilidad en la enfermedad, en la soledad, en la miseria, en la prisión, en la persecución, en la violencia, en la esclavitud, en la opresión, en la indignidad…

Hermoso regalo de Navidad el cuidado de la fragilidad de cada hermano que tenemos al lado, para que nadie se sienta solo ni excluido. Hermoso regalo hacernos responsables de la fragilidad ajena. Hermoso regalo de Navidad que hace que Cristo nazca cada día en el hombre o la mujer que quiera aceptarlo. Hermoso regalo de Navidad ser buenos samaritanos que cuidan con fortaleza, paciencia y ternura.

En medio de nuestros pensamientos y quehaceres cotidianos, como los pastores de Belén, dejémonos sorprender por la claridad del anuncio del ángel del Señor que disipa todo temor y transmite la buena nueva: “Nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor, Niño frágil en pobre portal”.

¡Feliz cuidado de la fragilidad!

Con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel de las Heras, cmf
Obispo de León



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