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Carta del obispo de León, Julián López para el tiempo pascual

Pascua, tiempo de iniciación cristiana, título de la Carta del obispo de León, Julián López para el tiempo pascual

Los cincuenta días que transcurren desde el domingo de Resurrección, inaugurado en la vigilia pascual, hasta el domingo de Pentecostés constituyen un periodo unitario y muy significativo para la vida cristiana, denominado cincuentena pascual. Este tiempo simbólico, llamado pascual también, recuerda a Cristo resucitado presente en su Iglesia, a la que hace donación del Espíritu Santo, y se celebra con alegría y exultación, como si se tratase de un mismo y único día festivo, a modo de un gran domingo ininterrumpido. Por eso, en este tiempo, resuena una y otra vez el canto del Aleluya y se usa el color blanco en las celebraciones.

 

Pero el tiempo pascual es también el tiempo preferido en la Iglesia, aunque no de manera exclusiva, para la celebración de los sacramentos denominados de la Iniciación cristiana: el Bautismo, la Confirmación y la Primera Comunión. En la vigilia pascual de este año han recibido estos tres sacramentos cuatro jóvenes, dos varones y dos mujeres, que se venían preparando en un itinerario comenzado por algunos en mayo del año pasado bajo la responsabilidad del Servicio diocesano para el Catecumenado. Y en la mañana del domingo de Pascua siete niños y niñas en edad escolar recibieron el Bautismo y la Primera Comunión después de un catecumenado semejante al de los adultos pero adaptado a su condición. Corresponde al obispo, desde la antigüedad, administrar estos sacramentos para expresar la incorporación de los nuevos fieles a la Iglesia diocesana, realizándose la celebración en la catedral, en el caso de los adultos y en una parroquia en el de los niños. En cambio, cuando se trata solamente del Bautismo de los niños recién nacidos, tanto la preparación de los padres y padrinos, aspecto muy importante que no puede descuidarse, como la celebración deben hacerse en la propia parroquia y sólo razones de peso motivan la autorización para que se haga en otra, no en santuarios o iglesias no parroquiales.

 

Algo semejante sucede con las Primeras Comuniones: en el curso del itinerario catequético es el párroco el que debe administrarla en la parroquia donde transcurre la iniciación a la vida cristiana y a la que se van incorporando poco a poco los miembros más pequeños de la comunidad parroquial. A veces se confunden las cosas, por ejemplo, creyendo que una cofradía es el espacio para celebrar estos sacramentos como si estas asociaciones fueran la Madre Iglesia. Esta cualidad sólo la tiene la Iglesia local o diocesana que se prolonga en las parroquias. Pascua es también el tiempo más adecuado para celebrar el sacramento de la Confirmación que de suyo administra el Obispo y así se hace por toda la diócesis.

 

¿Qué hay detrás de todo esto? No una moda ni una ruptura con un pasado no muy lejano y del que quedan algunas costumbres que desconocen los motivos de fondo de la práctica de la Iglesia, relacionados con el nacimiento en la fe y con el desarrollo de la vida cristiana. El esfuerzo pastoral que se está haciendo no ha sido suficientemente explicado o comprendido, acerca de lo que es y significa el acceso del hombre a la vida nueva que Dios ofrece en el misterio pascual de Jesucristo por mediación de la Iglesia. Por eso, copio de nuestro Directorio diocesano de la Iniciación cristiana (2006): “Este acceso lleva consigo y exige, a medida que el hombre es consciente de ello, la adhesión personal a Jesucristo y la pertenencia a la comunidad eclesial. Incluso los que han sido bautizados en la infancia, deben asumir después el don que han recibido y participar en el desarrollo de su fe. Por eso la Iniciación cristiana se presenta como un proceso de crecimiento, análogo al que se da en la vida humana. Se trata, por tanto, de contemplar la Iniciación como una verdadera introducción progresiva en los misterios de la salvación o  “mistagogia”, no sólo por la vía del conocimiento sino también mediante la percepción del significado de los ritos y símbolos usados por la Iglesia en las celebraciones litúrgicas y la vivencia de los sentimientos y actitudes que configuran la vida cristiana” (n. 4).

+ Julián, Obispo de León

 



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