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Carta del obispo de León, Julián López, ante el Cónclave

Carta del obispo de León, Julián López Martín, ante el Cónclave

Ya está anunciada la fecha de comienzo del Cónclave del que saldrá elegido el sucesor de Benedicto XVI. El martes día 12, en las primeras horas de la tarde, los cardenales de la Santa Iglesia Romana con derecho a participar en la elección, se encerrarán en la Capilla Sixtina con este fin. Cuando sea proclamado el elegido, terminará la actual situación de Sede Vacante.

En efecto, desde el día 28 de febrero, a las 20 horas, momento en que el Papa Ratzinger puso fin a su oficio pastoral mediante renuncia libre y expresa, la Sede Apostólica está sin obispo que la pastoree. Las demás diócesis del mundo que, unidas en la fe y en la caridad, forman con Roma la Iglesia una, santa, católica y apostólica, aunque tienen su pastor propio cada una, están privadas así mismo del ministerio confiado por el Señor a San Pedro cuando le entregó las llaves del Reino de los cielos con el encargo de velar por la totalidad de la grey, pastores y fieles. En efecto, el obispo de Roma es también pastor de la Iglesia universal y cabeza del colegio de los obispos en comunión con él.

Los medios de comunicación social se han venido ocupando estos días de informar acerca de los cardenales electores del nuevo Papa y del Cónclave,  la peculiar reunión en la Capilla Sixtina bajo la impresionante pintura del Juicio Universal para elegir, esta vez, al sucesor de Benedicto XVI. Bien está conocer cómo se desarrolla la gran convocatoria del Cónclave,  representativa de la Iglesia universal, dada la procedencia de los cardenales. Pero más importante aún debe ser el que nos preparemos para acoger al que resulte elegido, rezando por quienes tienen que emitir su voto delante de Dios y de su conciencia, y por aquel cuyo nombre sólo el Señor conoce. Porque en última instancia es Él quien elige sirviéndose, y esto es lo misterioso y sorprendente, del discurrir y reflexionar de unos hombres, los cardenales, que se han de guiar en sus votaciones por el bien espiritual de la Iglesia y de la humanidad. Conocida ya la fecha de comienzo, es necesario intensificar la oración y hacerla más viva y confiada.

En las reuniones de los días pasados los cardenales han perfilado en su interior los rasgos del posible elegido tratando de discernir entre sus hermanos quién los encarnará más plenamente. Confiemos pues. Los cardenales también han rezado y no han dejado de pedir oraciones. El pasado día 6 dedicaron la tarde a la plegaria y a la adoración eucarística en la basílica de San Pedro, acompañados de sacerdotes,  religiosas, estudiantes romanos y fieles laicos que formaron una preciosa corona de plegaria y de apoyo en torno al Colegio cardenalicio. No en vano la mejor actitud que podemos adoptar los fieles católicos en estos momentos es la que manifestó el propio Benedicto XVI al despedirse de los cardenales: “Estaré cerca de  ustedes con la oración para que el Señor les muestre su voluntad. Entre ustedes, en el colegio de cardenales, está el futuro Papa al que ya hoy prometo mi incondicional reverencia y obediencia”.

Con motivo de la apertura del Cónclave, el mismo martes, día 12, a las ocho de la tarde, presidiré la santa Misa “por la elección del Papa” en la Real Colegiata-Basílica de San Isidoro, seguida de un tiempo de adoración eucarística. Invito a participar a todos los sacerdotes, personas consagradas y fieles cristianos. Con mi cordial saludo y bendición:

 

+ Julián, Obispo de León



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