Carta del obispo de León ante la Jornada Mundial de la Vida Consagrada
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Carta del obispo de León ante la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

 

Carta del obispo de León ante la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

Hermanas y hermanos: Este año, en la Jornada de la “Vida Consagrada”, no voy a estar en la Diócesis. Por tanto no podré presidir la celebración propia de La Presentación del Señor en la que tenéis una significativa y especial participación. De todos modos os tendré presentes y me uniré en espíritu a la eucaristía que presidirá en mi nombre el Sr. Vicario General D. Florentino Alonso.

Vaya por delante el testimonio de mi afecto y gratitud, en nombre de la Diócesis y en el mío como pastor diocesano, a cada consagrado/a por lo que es y por lo que representa y hace en León dentro del Instituto de Vida Consagrada al que pertenece. Pienso especialmente en nuestros Monasterios Contemplativos, recordando del mismo modo a los consagrados/as en Institutos seculares, Sociedades de Vida Apostólica y Asociaciones similares. Un ¡gracias! grande y cordial como expresión de reconocimiento de vuestra vocación y misión en la Iglesia, de estima ante vuestro testimonio de oración y de trabajo pastoral, educativo, humanitario, social, apostólico… que beneficia a la comunidad diocesana y se vuelca, según la riqueza y diversidad de carismas y dedicaciones, en toda clase de personas y campos de actividad.

Expreso también mi agradecimiento al P. Alonso Gutiérrez OSA, Delegado diocesano para la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica y a todas las personas que colaboran con él en este hermoso servicio eclesial, así como a la CONFER diocesana.

La Jornada de este año tiene como lema esta frase: Testigos de la esperanza y la alegría”. Esperanza y alegría, dos actitudes que se nutren mutuamente y que difícilmente pueden existir separadas. La esperanza, cuando es fuerte, se traduce en gozo interior y en alegría que se manifiesta hacia fuera. La alegría se convierte en referencia de lo que se espera y contribuye a que se comparta la esperanza. Ambas virtudes son necesarias hoy más que en otras épocas porque el panorama del presente y sobre todo del futuro contrasta fuertemente con la realidad a la que estábamos acostumbrados. Me refiero no tanto al número de miembros de las comunidades, en descenso en muchos casos, y a la media de edad de quienes las integran, cada día más alta, como a la resignación y a cierta falsa conformidad que nos atrapa sin darnos cuenta, privándonos del entusiasmo y de otras actitudes estimulantes.

Sé de quién me he fiado”, decía San Pablo (2 Tim 1,12). Y como él los consagrados/as y los que hemos secundado una vocación, sabemos muy bien en quién hemos puesto nuestra esperanza. Cuando consideramos esto y lo asumimos, somos capaces de superar cualquier dificultad o padecimiento que traiga consigo el estilo de vida, la vocación y la misión o trabajo pastoral que realizamos. Toda vocación tiene su fundamento y su fuerza en la fe y en el amor de Cristo con la ayuda del Espíritu Santo que habita en cada uno/a (cf. 1,13-14). No lo olvidéis. Gracias de nuevo y que el Señor os bendiga:

León, a 25-I-2017

+Julián, obispo de León

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