Revista Ecclesia » Carta del obispo de Córdoba: «Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo»
Cartas de los obispos

Carta del obispo de Córdoba: «Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo»

La Iglesia fundada por Jesucristo es la Iglesia universal, apoyada en los apóstoles y sus sucesores los obispos, e integrada por todos los discípulos del Señor, al frente de la cual está el Sucesor de Pedro, el Papa Francisco. Esta Iglesia universal se constituye en cada Iglesia particular o diócesis, que preside un obispo en comunión con los demás obispos y con el Sucesor de Pedro, en un territorio geográfico concreto y una porción del Pueblo de Dios, que peregrina hacia el cielo, transformando el mundo en el que vive.

Este domingo 7 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia diocesana. Ocasión propicia para reflexionar sobre nuestra pertenencia a la Iglesia católica en esta diócesis de Córdoba, que remonta sus orígenes casi hasta los tiempos apostólicos. Sobresale en esta diócesis la figura del obispo Osio de Córdoba (257-359), que condujo al emperador Constantino al bautismo, que presidió el concilio de Nicea (325) y que luchó hasta la muerte por la defensa de la fe verdadera. Una larga historia de santidad se ha acumulado sobre esta diócesis a lo largo de los siglos, sobre todo en los mártires de la época romana, de la posterior época islámica e incluso de los recientes mártires del siglo XX, hace poco beatificados.

La misión de la Iglesia hoy se lleva a cabo con la corresponsabilidad de todos. El proceso sinodal en el que estamos inmersos nos recuerda que todos y cada uno tenemos nuestro papel y nuestra misión en la Iglesia diocesana, abierta a la Iglesia universal. El obispo y su presbiterio, que prolongan la sucesión apostólica en el ministerio sacerdotal al servicio del Pueblo de Dios, para que no le falte nunca a este Pueblo la presencia de Cristo el Señor en la Eucaristía, en el perdón sacramental, en la predicación de la Palabra, en la atención a los pobres, en la guía de la comunidad. Los consagrados, religiosos y religiosas, que hacen presente entre nosotros la llamada universal a la santidad y representan para todo el Pueblo de Dios esa profecía del Reino, anticipado en sus vidas y en su testimonio, tanto en la vida apostólica como en la vida contemplativa. Y los fieles laicos, una muchedumbre inmensa, que hacen presente a la Iglesia en la familia, mediante el matrimonio cristiano; en el trabajo, en el taller, en la fábrica, en la oficina, en el campo; en el mundo de la cultura con todas sus expresiones artísticas y culturales; en la vida pública, donde se teje el entramado de la vida social.

La Iglesia es en el mundo como el alma en el cuerpo, como el fermento en la masa. Está llamada a dar vida y fermentar todo lo bueno, para llevarlo a plenitud. Todos somos necesarios en la Iglesia. Y toda persona debe encontrar en la Iglesia su lugar apropiado, porque toda persona humana tiene un lugar en el corazón de Dios. La Iglesia es inclusiva de todo tipo de personas, porque todos estamos llamados a la santidad según el plan de Dios.

Para todo ello necesitamos recursos humanos, iniciativas creativas y recursos económicos. La Iglesia crece en la medida que cada uno de sus hijos crece en santidad de vida, en dinamismo apostólico, en testimonio evangélico. Caminamos hacia la autofinanciación, porque la Iglesia debe ser sostenida por sus fieles, a través de los distintos cauces. Y los fieles laicos deben participar en la gestión de los bienes temporales de la Iglesia para crecer en transparencia y agilidad, concretamente en los Consejos de asuntos económicos, preceptuados para toda institución eclesiástica: parroquias, asociaciones, hermandades, grupos apostólicos, etc. He aquí una expresión muy concreta de sinodalidad, a la que hoy se nos convoca.

El Día de la Iglesia diocesana sea para todos una jornada para dar gracias a Dios por nuestra pertenencia a la Iglesia católica en nuestra diócesis de Córdoba y para asumir cada vez más el compromiso de sostener esta comunidad eclesial llena de vitalidad cristiana.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de  Córdoba



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