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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Córdoba: «Inclusión universal»

No hay horizonte más inclusivo que el horizonte católico, pues católico significa todas las personas y en todas sus dimensiones. En el plan de Dios estamos incluidos todos y llamados todos a la plenitud, a la santidad plena. Dios no descarta a nadie, y si por alguno tiene preferencia es por el más pobre, por el que haya tenido menos oportunidades en su vida, por el que la sociedad haya marginado, por el que se queda atrás.

El evangelio de este domingo quiere ensanchar nuestro horizonte siguiendo la enseñanza de Jesús: “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Los discípulos querían excluir a los que no son de los nuestros. Jesús incluye a todos, porque todos son de los nuestros, si elevamos el nivel de pertenencia. Todos son de los nuestros, si tenemos en cuenta que Dios es padre de todos, y por eso nosotros somos hermanos todos.

Algo parecido sucedió con nuestros padres en el desierto, camino de la tierra prometida. También aquellos dos que no acudieron a la asamblea recibieron el Espíritu de Dios, y se pusieron a profetizar. Los demás se quejaron, porque ellos habían venido y los otros dos estaban ausentes, y sin embargo habían recibido también el espíritu de profecía. “¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta”, responde Moisés con actitud inclusiva.

En este domingo celebramos la Jornada del migrante y refugiado con el lema “Hacia un «nosotros» cada vez más grande”. El tema de la movilidad humana es cada vez más global. Vivimos realmente en un mundo interconectado mundialmente, y eso nos asoma a una nueva época en que esa movilidad ayudará a ensanchar los horizontes humanos de cada país, de cada grupo humano, de cada continente.

La exclusión de los residuos contamina el ambiente y el clima, la exclusión de los menos favorecidos contamina y enrarece las relaciones sociales, cuando incluso las materias primas valiosas son explotadas por internacionales que las absorben, dejando a los nativos en la más absoluta miseria. La exclusión de los débiles embrutece las sociedades avanzadas; pensemos en los niños abortados, porque estorban, o en los ancianos eutanasiados, porque molestan. La exclusión del extranjero descabala las sociedades envejecidas del primer mundo. La actitud excluyente hace daño al hombre.

La inclusión a la que nos llama Jesucristo y nos recuerda hoy la Jornada del migrante y refugiado considera al otro como un tú, y la postura católica es caminar hacia un nosotros cada vez más grande, donde el otro también cabe, y pasa a formar parte del “nosotros”. La regulación política de los flujos migratorios corresponde hacerla a los dirigentes de las naciones y de los pueblos. Y es un asunto complicado. Rezamos en esta Jornada por todas esas decisiones que se toman a distintos niveles, y en las que están en juego millones de personas. Pero la actitud primera ante este fenómeno, la actitud que nos inspira la Palabra de Dios es la actitud de acogida, y en caso de duda la balanza debe inclinarse siempre a la inclusión.

Está en juego una fraternidad universal, que el Papa Francisco nos ha vuelto a recordar en Fratelli tutti(3.10.2020), la encíclica de la fraternidad universal, que marca pautas para esta visión global en la que todos somos hermanos, porque hijos del mismo Padre del cielo. Formamos todos una única familia humana, en la que nadie debe ser excluido, si queremos contribuir al equilibrio y la paz universal.

 

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba



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