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Cartas de los obispos

Carta del obispo auxiliar y administrador diocesano de Tarrasa: «Hacer bien las cosas»

En una ocasión, en los comienzos de mi ministerio sacerdotal, un feligrés de la parroquia me dijo: “Padre, yo sólo sé hacer las cosas de una manera, y es hacerlas bien”.

Sí, es verdad, le dije, pero esto no basta para un cristiano. Porque la única manera de hacer las cosas bien para un cristiano es hacerlas con amor. Si nos falta el amor, la caridad, nos falta lo más importante.

La caridad es la tercera ”clave” que, junto con la fe y la esperanza, nos abre a una relación plena con Dios y con los demás.

San Pablo ESCRIBE en la carta a los romanos: “A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor” (Rm 13,8-10).

Y no podemos olvidar lo que nos dice Jesús como mandamiento suyo: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros” (Jn 13,34).

Pero, ¿por qué esta insistencia de Dios en amar?: “Esto os mando: que os améis unos a otros” (Jn15,17) Y ¿por qué nuestra dificultad y resistencia para vivir el amor? Porque, ¿cómo podemos amar nosotros como Él nos ama? ¿Es que yo puedo amar como El?

Dios mismo nos da la respuesta. En primer lugar porque Él es amor: “Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn 4,7-8).

Y también porque hemos sido creados a su imagen. “”Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…” Y Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó” (Gn 1,26-27).

Ello significa que, si Él es Amor, nosotros que hemos sido creados a imagen suya participamos de lo que es Él. Hemos sido creados para ser amados y para amar como Él.

Y una vez más descubrimos que el problema es que nos falta más fe. No acabamos de creernos que Dios es amor, y que nos ama y no puede dejar de hacerlo.

El Papa Benedicto XVI afirmaba en su primera carta encíclica “Deus caritas est”: “Así, pues, no se trata ya de un “mandamiento” externo que nos impone lo imposible, sino de una experiencia de amor nacida desde dentro, un amor que por su propia naturaleza ha de ser ulteriormente comunicado a otros. El amor crece a través del amor. El amor es “divino” porque proviene de Dios y a Dios nos une y, mediante este proceso unificador, nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea “todo en todos” (cf. 1Co 15,28)

Debemos convencernos, pues, hemos de creer de verdad que Dios es Amor, y dejarnos amar por El, llenarnos primero de su amor. Necesitamos experimentar que nos ama, que me ama a mí tal como soy, con toda mi realidad.

Cuando estemos llenos de su amor, entonces aprenderemos también nosotros a amar. A amarlo a Él y a los hermanos, con el mismo amor que nos ha dado. Entonces, cuando le conozca y le ame, podré hacer el bien que debo hacer.

 

+ Salvador Cristau Coll
Obispo auxiliar y administrador diocesano de Tarrasa



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