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Cartas de los obispos

Carta del obispo auxiliar y administrador diocesano de Tarrasa: «Bienaventurados los pobres»

Hoy celebramos la quinta «Jornada mundial de los pobres». Tal vez alguien se preguntará: ¿una nueva jornada?, ¿una nueva colecta?, ¿tal vez no es Cáritas quien se encarga de los pobres?

Pero esta Jornada, que el Papa Francisco instituyó hace cinco años, no pretende ocupar el lugar de otras jornadas e instituciones que trabajan el tema de la pobreza. Esta fue una iniciativa del Papa con el fin de tener, al menos un día al año, para reflexionar sobre la presencia de los pobres en la Iglesia y también en nuestra vida.

En su mensaje con motivo de dicha jornada de este año el Papa afirma: «A los pobres los tenéis siempre con vosotros» (Mc 14, 7). Y añade: «Jesús pronunció estas palabras en el contexto de una comida en Betania, en casa de un tal Simón, llamado “el leproso”, unos días antes de la Pascua. Según narra el evangelista, una mujer entró con un frasco de alabastro lleno de un perfume de un gran valor y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Este gesto suscitó una gran sorpresa y dio lugar a diversas interpretaciones entre los presentes.»

Jesús sabía que su muerte estaba cerca y vio en este gesto la anticipación de la unción de su cuerpo sin vida antes de ser colocado en el sepulcro. «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra buena ha hecho conmigo» (Mc 14, 6). Jesús nos recuerda que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos. Aquella mujer, con su sensibilidad femenina, demostró que era la única que comprendió el estado de ánimo del Señor.

Jesús no solo está de parte de los pobre, sino que comparte con ellos la misma suerte. Esta es una lección importante también para los discípulos de todos los tiempos. Sus palabras nos indican que su presencia entre nosotros es constante, duradera, pero que ello no debe llevarnos a acostumbrarnos sino a involucrarnos en un compartir la vida que no admite excusas.

La limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero. La primera corre el riesgo de gratificar a quien la hace y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad y establece las bases necesarias para alcanzar la justicia. En definitiva, los creyentes cuando queremos ver y palpar a Jesús en persona, sabemos a dónde dirigirnos, los pobres son sacramento de Cristo, representan su persona y nos remiten a él.

En nuestros tiempos se está imponiendo en muchos la idea de que los pobres son los responsables de su situación y constituyen una carga intolerable para un sistema económico que coloca en el centro los intereses de algunas categorías privilegiadas.

Hoy, pues, se nos invita a reflexionar sobre la presencia de los pobres, y por tanto de Cristo, en el mundo y también muy cerca nuestro. Y más allá de aquello que los estados y las instituciones de caridad pueden hacer, deberemos plantearnos cómo hemos de acoger a nuestros hermanos más pobres, también en nuestras comunidades y en nuestras celebraciones.

 

+ Salvador Cristau Coll
Obispo auxiliar y administrador diocesano de Tarrasa



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