Carta del Obispo Diócesis Iglesia en España

Carta del nuevo obispo de Ávila, José María Gil Tamayo, a su nueva diócesis

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SALUDO DEL NUEVO OBISPO JOSÉ MARÍA GIL TAMAYO

A LA DIÓCESIS DE ÁVILA

Carta del nuevo obispo de Ávila, José María Gil Tamayo, a su nueva diócesis

Queridos hermanos y hermanas de la Diócesis de Ávila:

Hoy, día 6 de noviembre de 2018, a las pocas semanas de concluido el fructífero Jubileo Teresiano, el Papa Francisco me ha nombrado vuestro obispo. A la par que agradezco al Santo Padre esta muestra de confianza en mi persona y le expreso mi plena comunión con él y su magisterio, soy consciente también de mis limitaciones y de la magnitud del ministerio episcopal que la Iglesia me asigna a vuestro servicio. Me da confianza para llevarlo a cabo la seguridad de vuestra ayuda y oración, así como la intercesión ante Dios de santa Teresa de Jesús y la protección de Nuestra Señora de Sonsoles.

Desde el día 22 de octubre, memoria litúrgica de San Juan Pablo II, en que Mons. Renzo Fratini, Nuncio en España, me comunicó la decisión del Papa, no he dejado de rezar por vosotros y pedir a Nuestro Señor Jesucristo, el Buen Pastor, que me conceda un amor grande a todos, especialmente a los más necesitados y desvalidos, a los pobres y a los enfermos. Vosotros sois ya desde ahora, queridos diocesanos, mi prioridad y la razón de ser de mi vida a la que dedicaré todo mi tiempo.

Voy a Ávila como servidor en nombre del Señor y por eso he escogido como recordatorio permanente y lema de mi ministerio episcopal: “Non ministrari sed ministrare ” (‘No he venido a ser servido, sino a servir’), tomado de las palabras de Jesús a sus apóstoles con la que les advierte que “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20, 28). Os suplico me ayudéis a llevarlo a cabo.

Soy plenamente consciente de que Nuestro Señor me envía a una diócesis llena de grandes realidades eclesiales y humanas, con una gran tradición y vitalidad cristiana, con sacerdotes, religiosos y religiosas entregados plenamente a su vocación y con seglares, que fieles a su compromiso bautismal, están trabajando con entusiasmo en la misión de la Iglesia. A esta vida y tarea quiero unirme con todas mis fuerzas y disponibilidad como el nuevo pastor que Dios os da para fomentar, como señala el Papa Francisco, la comunión misionera o evangelizadora, “siguiendo el ideal de las primeras comunidades cristianas, donde los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32). Para eso, a veces [el obispo] estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos” (EG, 31).

Pido a Dios llevar a cabo mi misión entre vosotros con la misma entrega y acierto con que lo ha hecho Mons. Jesús García Burillo, el que hasta ahora ha sido vuestro Obispo. Considero un don de Dios sucederle en su servicio pastoral; estoy convencido de que me incorporo a un camino bien dispuesto por su abnegada, fiel y cercana entrega a la Diócesis de Ávila, de la que espero también ser beneficiario directo. Querido Don Jesús, le saludo con especial afecto y gratitud, del mismo modo que saludo también a los obispos con sede en la Comunidad de Castilla y León, en especial a los de la Provincia Eclesiástica de Valladolid, presidida por su Arzobispo Metropolitano el cardenal Ricardo Blázquez Pérez, de quien he sentido siempre su amistad y cercanía fraterna en el servicio compartido en la Conferencia Episcopal Española.

A mis hermanos sacerdotes del Presbiterio de Ávila os dirijo un saludo y os expreso mi especial cariño y admiración. Llevo 38 años de sacerdote, incardinado en mi querida Diócesis de Mérida-Badajoz, y soy consciente que sin vosotros, sin vuestra cercanía y comunión no podré realizar mi ministeriopastoral. Cuento con vuestra ayuda fraterna que tanto necesito.

Saludo también a los muchos carismas que enriquecen a la Iglesia diocesana a través de la Vida Consagrada y de la que es tan fecunda la Diócesis de Ávila. Me encomiendo de modo especial a sus variadas comunidades monásticas, que ofrecen su oración constante al Señor en nuestra diócesis. Ellas son depositarias de una vocación especial de vida religiosa, como es la contemplativa, con la que Dios ha bendecido a toda la Iglesia Universal en la figura cumbre de La Santa, nuestra Teresa de Jesús, primera Doctora de la Iglesia y fundadora del Carmelo Descalzo.

Un recuerdo agradecido en la distancia también a nuestros misioneros y misioneras abulenses repartidos por el mundo anunciando a Cristo y sirviéndole en los más pobres.

Mi saludo y afecto se dirige igualmente a los todos los fieles laicos comprometidos en la vida parroquial, en las asociaciones y movimientos apostólicos, a todos cuantos en la Iglesia sirven o militan en cualquiera de las tareas pastorales: a los catequistas, a los animadores de la liturgia, a los grupos de formación y oración, a los voluntarios de Cáritas y Manos Unidas, a los animadores de la acción evangelizadora, visitadores de enfermos, a las hermandades y cofradías y a cuantos cuidan la piedad popular, etc. A todos, sea cual sea vuestro servicio en las parroquias y comunidades, os quiero enviar mi cercanía y aprecio.

Asimismo deseo hacerlo, por su especial importancia, a los padres y madres de familia, y a todos los miembros de la comunidad educativa diocesana en todos sus niveles, empeñados en la formación de nuestros niños y jóvenes a los que queremos plenamente integrados en la vida social y eclesial. De ellos saldrán, si Dios quiere, las vocaciones sacerdotales que tanto necesitamos y por las que todos hemos de orar y que ahora representan nuestros seminaristas a los que envío un particular saludo y aliento.

Quiero finalmente saludar con todo respeto a las autoridades civiles, políticas, policiales, militares, judiciales y académicas de Ávila, así como de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. En el servicio público que todos ellos realizan en favor del bien común de los ciudadanos, y que tanto aprecio y agradezco, quisiera que contasen con mi leal colaboración, como ha sido siempre la de esta diócesis.

Me encomiendo a la poderosa intercesión de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, del obispo san Segundo, de los santos hermanos mártires Vicente, Sabina y Cristeta, de san Pedro de Alcántara y san Pedro Bautista y, sobre todo, a la de Nuestra Señora de Sonsoles, tan querida y venerada por vosotros.

Trabajemos juntos en la misión evangelizadora de la Iglesia y pedid al Señor por mí y por mi ministerio que inauguraré, Dios mediante, con mi ordenación episcopal el día 15 de diciembre en nuestra catedral de Ávila.

Con mi afecto y mi bendición,

José María Gil Tamayo

Obispo electo de Ávila 

Badajoz, 6 de noviembre de 2018

Memoria litúrgica de los Mártires del Siglo XX en España

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