Carta del Obispo Iglesia en España

Carta del DOMUND de Agustí Cortés, obispo de Llobregat: La conversión de un científico japonés gracias a la semilla de los misioneros

El obispo de Sant Feliu de Llobregat, Barcelona, Mons. Agustí Cortés Soriano, en su carta con motivo del DOMUND, que se celebra el próximo día 21 de octubre, habla de la importancia de la transmisión de la fe en la vida de las personas y nos pone algunos ejemplos.

“El testimonio de Blaise Pascal es realmente misionero. Cuando el científico y médico japonés, Tahashi Nagai, afectado por profundos interrogantes acerca de la vida humana, halló su libro de los Pensamientos en la biblioteca de la Facultad de Medicina, no pudo evitar devorarlo, como si fuera un manantial incesante que saciara su sed. Fue un primer paso. El segundo fue el conocimiento ‘casual’ de una sencilla familia católica, que le acogió como huésped.

Le extrañó que esta familia interrumpiera cada día el trabajo a las doce y se pusiera a rezar. La joven Midori Moriyama le explicó que eran católicos y que cada día recordaban el momento del anuncio del ángel a María. Su sorpresa fue comprobar que aquella familia ‘creía lo mismo que Pascal’ y conservaba esa fe desde hacía cuatro siglos, cuando un personaje singular, Francisco Javier, inició allí las primeras comunidades cristianas. El santo no podía imaginar que la fe transmitida entonces por él vendría a fructificar en Tahashi Nagai, en la práctica heroica de la medicina radiológica y, sobre todo, en su muerte en Nagasaki, tras quedar absolutamente agotado, ayudando a las víctimas de la bomba atómica.

 

El día del Domund nos recuerda el compromiso de la Iglesia de anunciar la fe a todas las gentes, allí donde Jesucristo no es conocido o no es creído. ¿Por qué comunicar la fe a quienes no creen, si lo que necesitan, especialmente los más pobres, es apoyo en su desarrollo humano? San Francisco Javier lo tenía muy claro. Él también era un ‘convertido’. Su juventud, incluido el tiempo de estudiante en la universidad de París, fue la típica de ‘una buena persona’, un excelente amigo, sincero, entregado a las mejores causas -hoy quizá colaboraría con una ‘oenegé’- simpático, inteligente… Pero su encuentro con san Ignacio de Loyola fue decisivo: aprendió que nada en el mundo, ni siquiera la satisfacción de hacer el bien a los demás, vale la pena, fuera de entregar la vida totalmente a Cristo y servirle.

Y este Cristo le había susurrado al oído: ‘Ve al mundo entero y predica el Evangelio a toda la creación… Quien crea y sea bautizado se salvará’ (Mc 16,15-16). Desde entonces, servir y amar a Cristo absolutamente, pasaba para san Francisco Javier por el anuncio de la fe y el ofrecimiento del bautismo a las gentes más lejanas. No deja de sorprendernos cómo vivió tan estrictamente el vínculo de la fe y el bautismo con la salvación de todo el mundo, hasta dar por ello la vida. Pero eso es ser misionero, en eso consiste el compromiso misionero de la Iglesia.

La entrega a la investigación, la labor asistencial de Tahashi Nagai hasta la extenuación, no procedían de un sentimiento ético pasajero, sino que constituían un auténtico florecimiento de su fe cristiana. Lo que el misionero Francisco Javier hizo al transmitir la fe en Cristo y bautizar, era la siembra de la nueva humanidad, que ya había resucitado en Cristo. Esta nueva humanidad es salvación para los que creen y son bautizados, pero también para los que a lo largo y ancho del mundo se conectan a la red fecunda y misteriosa de la fe o reciben el beneficio de su amor concreto. Dicen que la tarea misionera de san Francisco Javier consistió en llevar por el mundo el significado de la imagen del Cristo, crucificado y sonriente, que le iluminó desde niño en el Castillo de Javier”.

 

OMPRESS-SANT FELIU DE LLOBREGAT (11-10-12)

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