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Carta del director: «Cuando hayáis hecho lo que teníais que hacer…»

El 23 de septiembre de 2004 la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) me nombró director de la revista ECCLESIA, servicio que pasé a prestar de modo efectivo el 18 de diciembre de aquel mismo año. Han pasado cerca de quince años y, en concreto, 760 semanas, 760 números de nuestra revista. Ha llegado ya el momento del relevo. Y en esta hora quiero compartir con vosotros, queridos amigos de ECCLESIA, los siguientes sentimientos y actitudes.

El primero de ellos es la acción de gracias. Acción de gracias, sobre todo, a Dios, quien siempre guía con sabiduría y amor nuestras vidas y el tiempo y la historia, y que me ha concedido permanecer durante un periodo tan largo al frente de esta benemérita publicación. Un tiempo que ha coincidido, al menos cronológicamente, con mis años de mayor madurez y que tanto me ha servido para entender, amar e intentar servir mejor a la Iglesia y hacerlo como ella ha de ser servida.

Acción de gracias asimismo hacia los profesionales con quienes a lo largo de estos tres lustros he compartido la responsabilidad semanal en la revista —y diaria y al minuto en la web— de transmitir la actualidad, la verdad, y la misión de la Iglesia. Gracias a todos, al equipo que recibí de mi antecesor José Antonio Carro Celada y a las personas que se han ido incorporando al mismo con el paso de los años. Sería injusto por mi parte hacer ahora un elenco selectivo de nombres propios al respecto. Tan injusto como si obviara el de mi querida Patricia Basterrechea Millán.

Gracias, muchas gracias, por supuesto, a los presidentes y secretarios generales de la CEE y a los presidentes y miembros de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social de estos quince años y que me confiaron este ministerio eclesial. También muchas gracias a la gran familia de ECCLESIA: lectores, suscriptores, impresores, anunciantes, colaboradores, distribuidores,… Gracias de corazón.

En segundo lugar, deseo y necesito pedir perdón por mis errores, negligencias, omisiones, excesos y defectos. Creo en conciencia que le he dado a ECCLESIA lo mejor de mí mismo y creo que lo hecho siempre pensando en su bien y desde su identidad, historia, idiosincrasia y singularidad. Con todo, quiero pedir perdón. Y necesito hacerlo para también experimentar mejor el don de la verdad íntegra del perdón y, de este modo, poder testimoniar y servir humildemente el Evangelio de la reconciliación.

Por último, desde que, meses atrás, solicité a mis superiores el relevo, la conocida y hermosa frase de la despedida terrena de santa Teresa de Jesús, «Es tiempo de caminar», se han convertido para mí en un reto, que ahora hay ya que hacer realidad y gracia. Es tiempo de caminar, de seguir caminando, para nuestra querida ECCLESIA, con Silvia Rozas al frente y con el equipo profesional que todos conocéis y a quienes, como a ECCLESIA, les deseo, de todo corazón, lo mejor.

Y es tiempo de caminar también para un servidor. Y su qué, cuándo, cómo y dónde lo confío, como he hecho durante mi toda vida sacerdotal (ya casi 37 años), a la Iglesia y a la Providencia.

«Todo tiene su tiempo» (Eclesiastés 3, 2). Y el mío en ECCLESIA concluye. Me marcho tras casi quince años. Me marcho agradecido, en paz y esperanzado. Y me marcho muy consciente de aquella máxima del evangelio de Lucas 17, 10: «Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

Gracias, muchas gracias y hasta siempre.

Jesús de las Heras Muela

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