Carta del Obispo Iglesia en España

Carta del arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, sobre el gozo de la fe

ureña

Carta del arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, sobre el gozo de la fe

Desafíos del mundo actual al acto evangelizador, y algunas tentaciones de los agentes pastorales (II)

¿Cuáles son los signos de los tiempos en cuyo horizonte hemos de evangelizar hoy? Urge la respuesta a esta pregunta, pues los signos de los tiempos que propician y favorecen el Reino son aliados de los testigos del Evangelio, mientras que los signos de los tiempos que desencadenan procesos de deshumanización y atentan contra el proyecto de Dios en el mundo deben ser sometidos a una fuerte crítica interna por medio de la razón iluminada por la fe para que se abran a la “receptio Evangelii”.

Como ya sabemos, el papa Francisco trata ampliamente de este tema, pórtico necesario para acceder al estudio de la evangelización, en el cap. II de EG.1. Signos de los tiempos más preocupantes.

No todo es malo en el giro histórico que estamos viviendo. Son de alabar, por ejemplo, los avances registrados en los ámbitos de la salud, de la educación y de la comunicación, avances que tanto contribuyen al bienestar de las personas (cf EG 52). Sin embargo, hay otros signos alarmantes, como es el caso de la emergencia de patologías funestas. ¿Acaso el miedo y la desesperación no se están apoderando del corazón de muchísimas personas, incluso en los así llamados países ricos? (cf EG 52). Y nadie puede negar que la alegría de vivir se apaga frecuentemente y que crecen sin cesar la falta de respeto y la violencia.

Si contemplamos desde la razón y desde la fe las realidades económicas, asistimos a la vigencia de una economía de la exclusión y de la inequidad (cf EG 53). Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, a tenor de la cual el poderoso se come al más débil (cf EG 53). Este se ve no sólo explotado, sino también desechado, excluido de la sociedad, reducido a la penosa condición de individuo “sobrante” (EG 53). Y lo peor es que tal estado de cosas parece no alterar ya nuestra conciencia y da la sensación de que, casi sin advertirlo, damos aquél por bueno y miramos a otra parte (cf EG 54). Ahora bien, la causa de la economía de la exclusión y de la inequidad se encuentra en la nueva idolatría del dinero. Según Francisco, la adoración del antiguo becerro de oro (cf Ex 32, 1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humanos (EG 55). Elevado a la categoría de Dios, el dinero es absolutizado y, en vez de servir, gobierna, lo que implica el rechazo de la ley moral y de la ley divina como instancias dirimentes del ser de la justicia, así como también el triunfo de las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera (cf EG 54, 55, 56, 57, 58 y 59). Y a todo esto se añaden una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta que han asumido dimensiones mundiales (cf EG 56).

Si pasamos del ámbito económico al ámbito de la cultura, encontramos ésta presa del cáncer del olvido de la verdad y anclada en el relativismo nihilista, tan combatido ya por Benedicto XVI (cf EG 61). Según esta visión, el acceso al conocimiento de la verdad, en el caso de que ésta existiera, le estaría vedado a priori a la razón humana, la cual, viéndose acorralada por la autocontradicción apenas intenta el menor avance, optaría, al final, por descomponerse en una infinidad de discursos distintos y paralelos, todos ellos subjetivos y, por lo tanto, ayunos de verdad objetiva.

En el ámbito de la religión, la fe católica se enfrenta hoy con el desafío de la proliferación de los nuevos movimientos religiosos, algunos tendentes al fundamentalismo y otros que parecen proponer una espiritualidad sin Dios. Tanto aquéllos como éstos vienen a llenar, dentro del individualismo imperante, el vacío interior dejado por el racionalismo secularista (cf EG 63).

¡Cuántos estragos crea el individualismo postmoderno y globalizado en la interpretación y en la vivencia del matrimonio y de la familia! Porque, contemplado desde la hermenéutica subjetivista, el matrimonio tiende a ser visto como una mera gratificación afectiva, que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno (cf EG 66). Y, en lo que se refiere a la familia, el individualismo postmoderno favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los lazos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares (cf EG 67).

 

Por último, grandes son los desafíos que nos lanza el mundo actual en lo que concierne a la inculturación de la fe. Es cierto que, aun con sus deficiencias, la fe de Cristo sigue inculturada en los países de tradición católica, lo que no se da en los países de otras tradiciones religiosas o de secularismo hondamente enraizado. En estos últimos urge incoar nuevos procesos de evangelización de la cultura, con proyectos, naturalmente, a largo plazo (cf EG 69).

 

Particular importancia revisten los desafíos que nos vienen de las culturas urbanas. Una cultura inédita late y se elabora en la ciudad (cf EG 73). Y de esta cultura no está ausente Dios, quien habita en los hogares, en las calles y en las plazas de la gran urbe (cf EG 71). Pues Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con corazón sincero, aun cuando lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa (cf Hch 17, 22-29). Por consiguiente, es necesario llegar allí en donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, para alcanzar con la Palabra de Jesús los núcleos más profundos del alma de las ciudades (cf EG 74). 2. Algunas tentaciones de los agentes pastorales.

 

Tentados siempre por el maligno, divididos interiormente por la concupiscencia e inmersos en la atmósfera tóxica que constantemente crean semejantes signos de los tiempos, todos en la Iglesia, también los agentes pastorales, sufrimos los embates de tentaciones muy fuertes, entre las que descuellan la ausencia de una espiritualidad misionera (cf EG 78, 79, 80); la acedia egoísta (cf 81, 82, 83); el pesimismo estéril (cf EG 84, 85, 86); el amargo veneno del aislamiento, fruto de la reclusión del espíritu en la inmanencia más letal (cf EG 87, 88, 89, 90, 91); la mundanidad espiritual (cf EG 93, 94, 95, 96); la guerra entre nosotros (cf EG 98, 99, 100, 101); y otras cuestiones sobre las que habrá que volver siempre, como son la relación entre sacerdotes y laicos, el papel de la mujer en la Iglesia y la pastoral juvenil (cf EG 102, 103, 104, 105, 106, 107, 108 y 109).

(…continuará el 23 de marzo)

Print Friendly, PDF & Email

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.