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Carta del arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, para el domingo 14 de tiempo ordinario (6-7-2014)

Domingo, 6 de julio de 2014

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO PEREGRINACIÓN ANUAL DE NUESTRA HOSPITALIDAD DIOCESANA A LOURDES

Todos los años, en los primeros días de julio, la Hospitalidad diocesana “Nuestra Señora de Lourdes” de Zaragoza emprende la peregrinación, atravesando los Pirineos aragoneses, hacia los santos lugares de la diócesis de Lourdes-Tarbes en donde la Santísima Virgen María se nos mostró a los hombres a mediados del siglo XIX.

En efecto, el 11 de febrero de 1858, tres niñas del pueblo de Lourdes, Bernardita, su hermana y una amiga, iban a recoger leña en unos prados situados en las inmediaciones del pueblo y se acercaron a la gruta de Massabielle. Por delante de aquella gruta pasaba un arroyo y el agua estaba muy fría. Las dos niñas más pequeñas, aunque llorando por el frío, cruzaron el arroyo. Pero Bernardita no se atrevió a causa del asma que sufría. De pronto, sintió una fuerte ráfaga de viento, observó que los árboles no se movían y acusó la presencia de un vivo resplandor en un hueco de la gruta. Entre aquel resplandor se divisaba a una jovencita muy hermosa, de su misma edad, que le sonreía. Era María Inmaculada. Pues bien, desde el 11 de febrero al 16 de julio de aquel año de 1858, se produjeron dieciocho apariciones de la Virgen Purísima.

 

Y los gestos y las palabras que intercambiaron la Virgen y Bernardita durante aquellas apariciones en la gruta de Massabielle constituyen lo que se ha venido en llamar “Mensaje de Lourdes”.

 

La esencia de este mensaje puede sintetizarse así: Todos los hombres aspiramos a la felicidad. La felicidad es el fin de la vida humana. El logro de la felicidad es la plenitud del hombre. El no llegar a la posesión de la felicidad supone la muerte, la pérdida del ser humano.

 

Pero el logro de la felicidad pasa necesariamente por el encuentro de la Verdad y del Amor, por el encuentro, en suma, con Dios. Y Dios, el Dios verdadero, es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, cuya palabra última y definitiva encontramos

en el Evangelio y cuya persona divina encarnada en la naturaleza humana se nos hizo visible en Jesús de Nazareth.

 

La presencia mística de éste hasta la consumación de su segunda venida en gloria se nos ofrece en los sacramentos de la Iglesia. De ahí que, como tan bien nos acaba de decir el papa Francisco, la fe en el Evangelio y el anuncio del Evangelio

sean el mayor gozo que puede experimentar el alma humana.

 

Este gozo, esta gran alegría, son el umbral mismo de la felicidad, pues son el gozo y la alegría del amor y de la verdad, dimensiones esenciales del ser de Cristo.

¿Qué hay, pues, que hacer? Sólo una cosa: convertir nuestras personas a Cristo, cambiar radicalmente de vida. Cargar cada uno con la cruz que Dios le ha dado y seguir al Señor, pues éste, que abraza y asume en su cruz las cruces de todos los hombres, es el único capaz de convertir la muerte en vida y de tornar cielo lo que era infierno. ¿No constituye esto, ya en este mundo, una anticipación de la felicidad? Poco importa, pues, el estado concreto de nuestra vida. Porque, tanto si gozamos de buena salud como si sufrimos enfermedades del cuerpo o del espíritu, en el fondo todos estamos necesitados de la conversión a Cristo. Y tal conversión es lo único que traerá verdad, amor y paz a nuestros huesos quebrantados, a nuestra vida presa del miedo y de la angustia.

 

No otro es el mensaje que la Virgen concebida sin pecado dio a Bernadette en 1858. Y no otro es el mensaje que María Inmaculada da hoy a toda la peregrinación de la Hospitalidad diocesana de Nuestra Señora de Lourdes de Zaragoza, presente ya en los santos lugares de Francia desde el viernes, 4 de julio, por la tarde.

 

Resumiendo lo ya vivido, la peregrinación comenzó el viernes por la mañana con la ya tradicional misa en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar o misa de partida. Por la tarde, ya en Lourdes, celebramos el acto de bienvenida en la Basílica de la Inmaculada, edificada sobre la Cripta, mientras que los enfermos y los voluntarios realizaban este acto en el hospital para poder descansar tras el viaje.

 

Y, a partir de ayer sábado, día 5 de julio, se han venido celebrando la misa y unción, el paso por la gruta, el vía crucis en el Calvario y, hoy, domingo, celebraremos la misa internacional, que tiene lugar en la basílica subterránea de San Pio X. En esta liturgia eucarística vamos a participar todas las hospitalidades y personas de los diferentes países del mundo que estamos hoy en Lourdes. Emocionantes son también la procesión eucarística y la procesión de las antorchas.

Mañana, lunes, 7 de julio, concluiremos la peregrinación a Lourdes con la misa en la gruta, esto es, en la Gruta de Massabielle, lugar de las apariciones de la Virgen.

Oremos por los frutos espirituales de la peregrinación de Zaragoza a Lourdes. Pidamos por la Iglesia y por el mundo. Y, de un modo especial, pidamos por los pecadores y por los enfermos, para que en el encuentro con Cristo y con María, su madre, sean curados en Lourdes los primeros mediante su encuentro con el Señor en el sacramento de la confesión, y sanen los segundos con el alivio de la salud herida por la enfermedad.

¡Escucha, María, el clamor de los pecadores y de los enfermos!

Domingo, 6 de julio de 2014

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

† Manuel Ureña Pastor, arzobispo de Zaragoza



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