Carta del arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, Cuaresma
Carta del Obispo Iglesia en España

Carta del arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, en el comienzo de la Cuaresma

Manuel-Ureña-Pastor
Mons. Manuel Ureña Pastor

El día 26 de noviembre del año pasado, el Emmo. Y Rvdmo. Sr. Cardenal Robert Sarah, Presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, se dirigía a todos los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo con el fin de enviarles el texto del Mensaje del Santo Padre para la cuaresma del presente año.

Su título es Creer en la caridad suscita caridad. Siempre en la línea marcada por la carta apostólica Porta fidei, el mensaje cuaresmal del Papa se inserta en el marco del Año de la fe que estamos celebrando. ¿Cuál es el núcleo de este documento pontificio? En su Mensaje, el Santo Padre nos invita a meditar sobre la relación existente entre las virtudes teologales de la fe y de la caridad; entre creer en Dios, en el Dios verdadero de Nuestro Señor Jesucristo, y la caridad como entrega y servicio a Dios y a los hombres, particularmente a los más pobres y necesitados.

 

Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él (1Jn 4, 16), el Papa nos recuerda lo que ya nos dijo en la carta encíclica, Deus caritas est, a saber, que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva a nuestro ser.

 

Pues bien, el acontecimiento con el que todo hombre está llamado a encontrarse consiste en el hecho histórico de que Dios nos ha amado primero enviándonos a su Hijo como víctima de propiciación de nuestros pecados y como fuente de la vida verdadera (cf 1 Jn 4, 10).

 

Esto supuesto, la fe constituye la adhesión personal a la revelación del amor gratuito y “apasionado” que Dios tiene por nosotros y que se ha manifestado plenamente en el acontecimiento Jesucristo. Y esta fe no comprende sólo el corazón, sino también el entendimiento y toda la persona. La fe nos muestra, así, a Dios dándonos a su Hijo y, como consecuencia, suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor. Pero, a su vez, la fe, que tiene por objeto el amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita el amor, que está fundado siempre en la fe y que es plasmado por ésta.

 

Por consiguiente, si la fe es conocer la verdad y adherirse a ésta (cf 1 Tim 2, 4), la caridad consiste en caminar en la verdad (cf Ef 4, 15). Con la fe se entra – dice el Papa – en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf Jn 15, 14 ss). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad, nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf Jn 13, 13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf Jn 1, 12 ss); la caridad hace que perseveremos concretamente en este vínculo divino y demos el fruto del Espíritu Santo (cf Ga 5, 12). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que estos dones fructifiquen (cf Mt 25, 14-30).

No podemos, pues, oponer ni separar la fe y la caridad. Una y otra, aun siendo formalmente distintas, están íntimamente unidas. Dicho en síntesis, todo parte del amor y todo tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios por medio del anuncio del Evangelio. Y, si acogemos éste con la fe, entonces recibimos el primer contacto con lo divino, un contacto capaz de hacer que nos enamoremos el Amor, para, después, vivir y crecer en este amor, y comunicarlo con alegría a los demás.

Con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, la cuaresma, que comenzamos el pasado miércoles, día 13, con la liturgia de la imposición de la ceniza, nos invita a alimentar la fe mediante una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y por medio de la participación en los sacramentos, así como también a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, fin al que sirven, como es obvio, las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.

 

Domingo, 17 de febrero de 2013

I DOMINGO DE CUARESMA

† Manuel Ureña Pastor, Arzobispo de Zaragoza

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