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Iglesia en España

Carta del arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, ante la Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas

El próximo domingo, 10 de febrero, V del Tiempo Ordinario, celebraremos en todas las Iglesias particulares de España la Jornada nacional de Manos Unidas, conocida también como Día de la colecta de la Campaña contra el hambre en el mundo.El sujeto agente de la campaña, de la jornada y de la colecta es, como todos sabemos, Manos Unidas, la Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los pueblos más necesitados. Y ésta, Manos Unidas, es, a su vez, una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (=ONGD), de voluntarios, católica y seglar.

Como cada año repetimos, Manos Unidas centra todo su trabajo en dos actividades complementarias: la sensibilización de la población española, para que ésta conozca y sea consciente de la realidad de los países en vías de desarrollo; y el apoyo y la financiación de proyectos en Africa, América, Asia y Oceanía para colaborar con el desarrollo de los pueblos del Sur.

 

La campaña de este año de 2013 asume el tercer “Objetivo de Desarrollo del Milenio”, se centra en el firme reconocimiento de la existencia de la misma dignidad en el hombre y en la mujer, y lleva el lema: “No hay justicia sin igualdad”.

En efecto, en virtud de su idéntica naturaleza, el hombre y la mujer gozan de la misma dignidad. Y esta dignidad deriva de que su naturaleza común tiene su núcleo en la imagen y la semejanza con Dios esculpidas por éste en aquélla en el acto mismo de la creación. Este salto cualitativo del ser de la naturaleza humana respecto del ser de la naturaleza de los restantes seres del mundo visible es evidenciado por la misma razón humana cuando ésta no se encuentra ideologizada y, por tanto, cuando es capaz de descubrir que el acto de la naturaleza humana es la persona.

Esto supuesto, la dignidad del ser humano, hombre y mujer, es la misma en ambos, en aquél y en ésta. Y la razón de ello estriba en que uno y otra tienen la misma naturaleza, pero una naturaleza ontológica y cualitativamente superior a la de los otros seres de la creación visible. Porque, si la naturaleza humana fuera la misma en el hombre y en la mujer, pero esta naturaleza no supusiera un salto ontológico respecto de la naturaleza de los demás seres, entonces no se podría hablar con propiedad de dignidad humana.

Ahora bien, que tengan la misma naturaleza, y ésta “racional”, como decía el gran Boecio, no significa que hombre y mujer sean iguales en todo, pues hombre y mujer representan, ciertamente, las dos formas posibles de realización de la misma naturaleza humana, pero cada una de estas formas está dotada por el Creador de unos significantes distintos en el hombre y en la mujer, lo que hace que la mujer encuentre su complemento en los significantes del varón y que éste encuentre su complemento en los significantes genuinos de aquélla. Sin embargo, aun contando con la diferencia de las significaciones existentes en la masculinidad y en la feminidad por razón de las diferencias psicosomáticas, una cosa es clara: el hombre y la mujer son iguales por tener una misma naturaleza; una naturaleza ontológicamente superior a la de los demás seres del mundo visible.

 

De este modo, la naturaleza superior existente en el hombre y en la mujer es el fundamento de la dignidad humana, y de una dignidad común al varón y a la mujer. De ahí se desprende que la verdad del ser humano exige se le haga justicia. Y la justicia con el ser humano pasa necesariamente por el respeto total de la igualdad ontológica del hombre y de la mujer, y por el cuidado exquisito de esta igualdad. Consecuentemente, “no hay justicia sin igualdad”, pues aquélla presupone ésta.

 

Pero ¿qué ocurre en la realidad? Sencillamente ocurre que en la realidad las cosas no siempre se comportan como son y como exige su verdad descubierta por la razón y por la Revelación. En lo que se refiere a nuestro tema, son muchísimas las mujeres víctimas de la violencia física, sexual y psíquica. La mujer es también objeto de explotación económica. Se le limita e incluso se le impide no pocas veces la capacidad de tomar las mismas decisiones que el varón. Y se le niega el derecho de poder ser titular de los mismos bienes.

 

Así las cosas, mediante la educación para el desarrollo de la mujer y mediante proyectos concretos de desarrollo, Manos Unidas aborda, especialmente este año, el hecho empírico del diferente trato que se sigue dando todavía hoy en algunos lugares del mundo al hombre y a la mujer y de los actos intrínsecamente perversos que se llevan a cabo contra la dignidad de ésta.

Por consiguiente, Manos Unidas, un año más, seguirá anclada en hacer realidad su incansable acción educativa y continuará apoyando la financiación de proyectos concretos de desarrollo centrados, sin duda, en las cinco prioridades conocidas: agrícola, sanitaria, educativa, social y de promoción de la mujer, pero privilegiando sobre todo esta última prioridad.

Para este año de 2013 se han elegido tres zonas geográficas preferentes de acción y de atención: Honduras, Sudán del Sur y el estado indio de Karnataka.

Colaboremos con Manos Unidas, con sus programas de educación para el desarrollo y con sus proyectos de desarrollo. Hagámoslo con la oración y con la acción, ofreciendo nuestro trabajo y presentando también nuestra generosa ofrenda económica en la colecta de la misa del próximo domingo, 10 de febrero.

 

Domingo, 3 de febrero de 2013

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

† Manuel Ureña Pastor, Arzobispo de Zaragoza



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