Revista Ecclesia » Carta del arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, ante el Día de la Vida Consagrada
Iglesia en España

Carta del arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, ante el Día de la Vida Consagrada

Carta del arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, ante el Día de la Vida Consagrada (2-2-2014)

Con motivo de la fiesta de la Presentación del Señor en el templo y, con ella, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro Sierra escribe su carta semanal  sobre ‘La Alegría del Evangelio en la Vida Consagrada’.

Monseñor Osoro se dirige a Órdenes e  Institutos religiosos, unos dedicados a la contemplación y otros a obras de apostolado, a Sociedades de Vida Apostólica, a Institutos Seculares, a la Orden de las Vírgenes, otras nuevas formas de Vida Consagrada,

A todos los que están llamados a vivir “esa alegría que no tiene otro manantial, ni otra fuente donde abrevar la sed y poder regalar esa agua a quienes se acerquen a nosotros, más que Dios mismo”.

“Vivid la alegría del Evangelio – dice monseñor Osoro– siendo centinelas que habéis descubierto y anunciáis una vida nueva que ya se hace presente en la historia. Hacedlo con la fuerza que tienen las palabras del anciano Simeón y de la profetisa Ana. Como ellos, los Consagrados, de alguna manera, tenéis que interpretar en esta historia y según vuestro carisma lo más genuino y original de estos personajes que ya aparecen en el Nuevo Testamento. Ellos son muestra de lo que es la consagración”

“¡Ese rostro de Dios, –añade– que se revela en Jesucristo y que ellos pueden acoger, nos hace ver cuál ha sido la dedicación de su vida: ver al Salvador (y ya no importa más, ni vida, ni muerte), contemplar a quien es luz y gozo. Y, por otra parte, alabar a Dios y hablar con obras y palabras del Niño que trae la liberación verdadera. Simeón y Ana han sido dos consagrados hasta ver el rostro mismo de Dios y hablar y cantar su presencia en medio de los hombres.“

“La Vida Consagrada—añade más adelante–  regala la alegría del Evangelio en todas las manifestaciones que tiene. Es como un gran regalo del Señor a la Iglesia y a la humanidad. A través de sus diversas manifestaciones es como una catequesis permanente de lo que llamamos ‘primer anuncio’, pues en todas sus manifestaciones carismáticas quiere acercar la persona de Jesucristo con rostros concretos y con obras, quiere provocar con todos aquellos con los que se encuentra la misma pregunta que el Señor hizo al ciego de Jericó y que en este curso os pedía a todos que meditaseis, “¿qué quieres que haga por ti?” Ahora entendéis por qué siempre me impresionan las figuras de Simeón y Ana. Tanto Simeón como Ana representan a todos aquellos que desean conocer la Verdad, experimentar quien da la Vida y saber qué camino es el que tenemos que tomar para vivir una realización plena, es decir, nada más ni nada menos que ver a Jesucristo, luz que alumbra a las naciones”

Concluye su carta monseñor Osoro con ocho bienaventuranzas, afirmando:

“1) Bienaventurados quienes escuchan la llamada de Dios y descubren que son elegidos por Él, llamados por Él y se dejan guiar por su llamada.

2) Bienaventurados quienes viven con la seguridad y la certeza de que es Dios quien capacita siempre para dar una respuesta a su llamada, con compromiso de totalidad.

3) Bienaventurados los que llegan a descubrir y vivir que esa llamada tiene un contenido y una exigencia, la de que toda su vida gire en torno a Jesucristo.

4) Bienaventurados los que saben experimentar como gracia que Cristo, muerto y resucitado, es quien nos introduce en la vivencia del Reino que Él ha inaugurado.

5) Bienaventurados los que descubren y viven una vida distinta de la que se construye y se realiza con la fuerza, el poder y con las manifestaciones del mundo.

6) Bienaventurados quienes comprenden, junto al Señor, que la Vida Consagrada nos introduce en una nueva comunidad de vida, que es la Iglesia, que tiene su manifestación en vidas concretas que expresan la relación entre Cristo y la Iglesia su esposa.

7) Bienaventurados quienes son llamados a regalar el amor eterno y darlo en la manera de mirar y obrar de Cristo.

8) Bienaventurados los que saben que lo suyo viene de Dios y ello supone una dedicación total y absoluta a la gloria de Dios y al servicio de la Iglesia y para todos.”

  Por Antonio DIAZ TORTAJADA

Sacerdote-periodista



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada mes, en tu casa

Últimas entradas