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Carta del arzobispo de Tarragona: «Confiemos en Jesús de Nazaret»

Estimados y estimadas. Con el tiempo de Adviento que estrenamos la semana pasada, podemos decir que la vida cristiana recomienza. Y recomienza dando un voto de confianza a Jesús de Nazaret.

La civilización sigue adelante. Se está gestando una nueva época. La cultura rural ha quedado lejos. La revolución industrial es ya de ayer. Ahora tienen la palabra la tecnología, la informática y los medios digitales. Pero, ¿vamos hacia una civilización mejor? La pandemia nos ha sacudido en serio, pero algunas de sus lecciones, ¿las hemos acabado de aprender o considerar? ¿Hacia dónde caminamos? Y yo, ¿hacia dónde camino?

Esa pregunta no la responden los ordenadores. Simplemente, la sociedad va evolucionando con sus luces y sus sombras. Lo que muere es el individuo. Toca, pues, al individuo preocuparse de responder adecuadamente a esta pregunta primordial. Y resulta que el individuo somos nosotros: yo que os escribo y os hablo, y tú que me leerás o escucharás… Pienso que no es sensato esquivar el tema como solemos hacer ante situaciones comprometedoras. Ante preguntas de vida o muerte, el hombre prudente busca a quien le puede dar una respuesta satisfactoria. Le va la propia suerte.

Jesús de Nazaret que, como afirma San Lucas, «era un hombre que Dios acreditó… obrando… por medio de él, milagros, prodigios y señales» (Hch 2,22), ha revelado que Dios es Padre y que en su casa guarda estancias para nosotros una vez pasado el trabajo de aquí. Y que él mismo va «a prepararnos estancia» (Jn 14,2). Es una forma de hablar para que los sencillos entendamos que estamos hechos para vivir con Dios. Por eso, inmediatamente antes, Jesús mismo había dicho a sus discípulos: «Que vuestros corazones se serenen. Creed en Dios, creed también en mí» (Jn 14,1). ¿Confiamos en Jesús de Nazaret o no lo hacemos? Aquí está el meollo de la cuestión.

Ésta es la clave del Adviento: la confianza que merece la persona de Jesús. Éste es el primer paso para llegar a la Navidad. «¡Todos los caminos van a Roma, pero no van a Belén!», lo recordábamos del poeta el pasado domingo. Cada hoja de calendario nos acerca al veinticinco de diciembre, pero no todos los pasos nos acercan a la Navidad.

Con el Adviento podemos decir que la vida cristiana recomienza, y se reviene confiando en Jesús de Nazaret. Para allanar el camino, ya en la entrada encontramos a una mujer que creyó en serio: María, su madre. Una mujer sin ningún título que le diera una confianza calificada en la junta de vecinos en el pueblo. Sencillamente, fue la madre de Jesús y se lo creyó hasta el final. Por eso, se nos presenta como el modelo más sublime del Adviento, es decir, de la espera de Jesús. Ahora Ella está con Dios y nos acompaña en nuestro andar por el mundo. Escuchando a Jesús nos encontraremos con María; contemplando a María no perderemos de vista a Jesús.

Hagamos pues el camino de Adviento. Este camino sí llega a Belén.

Vuestro,

+ Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo de Tarragona



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