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Iglesia en España

Carta del arzobispo de Santiago ante el Día de Manos Unidas

Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?

 Queridos diocesanos:

El término pobreza nos evoca la situación en la que las personas carecen materialmente de derechos y bienes imprescindibles para poder vivir dignamente. También hemos de referirnos a la pobreza moral, espiritual y relacional que está generando una sociedad deshumanizada y excluyente. Las personas que padecen esas circunstancias, podríamos ser cada uno de nosotros, y pediríamos que se actuara en solidaridad, justicia y paz. Nadie ni ninguna institución pueden sentirse al margen de esta lucha contra la pobreza. El desarrollo integral de los más abandonados ha de ser una preocupación de toda la sociedad. Como acaba de decir el Papa, “una sociedad que no se preocupa de los pobres, es una sociedad enferma”. Es necesario escuchar el clamor del pobre y socorrerlo.

“No hablamos sólo de asegurar a todos la comida o un decoroso sustento, sino de que tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno. Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo, porque en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida. El salario justo permite el acceso adecuado a los demás bienes que están destinados al uso común”[1].

El hambre y la desnutrición matan y esto es siempre un escándalo y si cabe, más en el siglo XXI. El mensaje del papa Francisco a la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en el 2013 con ocasión de la Jornada mundial de la Alimentación es clarividente. Señala que “el desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la cultura del descarte que a menudo lleva a sacrificar hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo; un triste signo de la globalización de la indiferencia, que nos va acostumbrando lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal”. Sigue manifestando que “educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad: edificar una sociedad que sea verdaderamente humana significa poner siempre en el centro a la persona y su dignidad, y nunca malvenderla a la lógica de la ganancia”. Es necesario afirmar una cultura del encuentro y de la solidaridad para no resignarnos a la situación del hambre en el mundo.

Hoy tenemos que seguir hablando de muchas personas que pasan hambre o no están bien alimentadas, entre las que cabe destacar un grupo muy numeroso de niños. Esto contrasta fehacientemente con una sociedad caracterizada por el progreso y hiere nuestra conciencia personal y social que hace que nos preguntemos qué es lo que estamos haciendo mal para que el hambre siga siendo una realidad lacerante.

Seguro que la respuesta es nuestro individualismo y nuestra falta de solidaridad. El Papa nos indica que es necesario “educarnos en la solidaridad, redescubrir el valor y el significado de esta palabra tan incómoda, y muy frecuentemente dejada de lado, y hacer que se convierta en actitud de fondo en las decisiones en el plano político, económico y financiero, en las relaciones entre las personas, entre los pueblos y entre las naciones”.

Las lámparas de la fe, la esperanza y la caridad han de estar encendidas porque es tarea del cristiano “tener abierto el corazón al bien, a la belleza y a la verdad; tiempo de vivir de acuerdo a Dios, porque no sabemos ni el día ni la hora del regreso de Cristo”, sabiendo que “la vida de los cristianos dormidos es una vida triste, no es una vida feliz”. Jesús nos dijo que en el juicio final, serán benditos “los que han actuado de acuerdo a la voluntad de Dios, socorriendo a quien estaba hambriento y sediento, al extranjero, al desnudo, al enfermo, a quien estaba en prisión”. Éste es el compromiso que hemos de asumir en nuestro peregrinar hacia Dios, siendo conscientes de que antes de mejorar algo en el mundo, hay mucho que mejorar dentro de nosotros mismos.

Para Manos Unidas, “es inexcusable y urgente que organizaciones sociales y ciudadanos nos comprometamos solidariamente en la lucha para que prevalezca el derecho a la alimentación en las políticas agrícolas y comerciales, y para que las prácticas productivas sostenibles nos permitan dejar a las generaciones futuras una tierra habitable”. Es necesario defender posiciones en esa línea o aproximarse cada vez más a ellas.

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 + Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela

[1] Francisco, “Evangelii Gaudium”, 192

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