Carta del Obispo Iglesia en España

Carta del arzobispo de Mérida-Badajoz, Santiago García Aracil, por el DOMUND

Mons. Santiago García Aracil, Arzobispo de Mérida-Badajoz, recuerda a sus fieles diocesanos en su carta del DOMUND 2012 que hay que llegar al fondo de las cosas, de la fe que profesamos y del sentido de lo que debemos hacer como cristianos. “No puede ser de otro modo” es el título de este mensaje.

“No nos engañemos. No puede ser de otro modo. Con esta afirmación, que abre las líneas siguientes, quiero manifestar, de modo sencillo y claro, que es necesario centrar la atención en la esencia de las cosas. Me explico. El Domund es la Jornada mundial que la Iglesia celebra para ayudar a los cristianos a que tomemos conciencia del deber de anunciar el Evangelio de Jesucristo a todas las gentes y de orar para que así sea. Este fue el mandato del Señor inmediatamente antes de subir a los cielos: ‘Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a cumplir lo que yo os he dicho’.

Al escuchar esta llamada de Jesucristo no podemos quedarnos inactivos pensando que ese mandamiento iba dirigido solamente a los doce Apóstoles y, en todo caso, a los Obispos, a los sacerdotes, y a los religiosos que deciden marchar a tierras de misión. La verdad es que el mandato de Jesucristo va dirigido a todos los que hemos recibido el Bautismo y nos consideramos cristianos. Por tanto, esperar que otros hagan lo que constituye un deber de todos es un grave error. No se trata de que todos hayan de sentirse llamados a partir hacia tierras de misión. Todos tenemos junto a nosotros familiares, amigos, compañeros de trabajo etc. a quienes podemos y debemos hacer llegar el mensaje del Evangelio porque no lo conocen o lo rechazan porque lo conocen mal. En ellos podemos y debemos cumplir el mandato de Jesucristo. Mandato que nos dio con todo amor, con toda autoridad y con toda razón porque no solamente nos había redimido, sino que era y es Dios verdadero, creador y salvador nuestro.

Es muy fácil pensar que cumplimos con este mandato y con lo que supone el Domund dando una limosna para las misiones y rezando por los misioneros. Esto hay que hacerlo, claro que sí. Y hay que hacerlo con generosidad y con plena confianza en el Señor a quien dirigimos nuestras oraciones. Pero esto no nos excusa de nuestra propia responsabilidad bautismal y que se cumple procurando dar a conocer a Jesucristo y su mensaje de salvación con la palabra y con el testimonio. Cuando llegamos aquí, parece que la cosa se pone un poco más difícil, pero no es así. Lo que ocurre es que cuando nos encontramos con el verdadero sentido del mandato de Jesucristo percibimos, quizá, que las dificultades son mayores que nuestra decisión y que nuestros recursos. Esto es explicable. Pero, así como cuando descubrimos una grave necesidad en nosotros mismos o en seres muy queridos o allegados, nos lanzamos a hacer cosas a las que jamás nos prestaríamos en circunstancias ordinarias, así también para lanzarnos a dar testimonio de Jesucristo necesitamos estar plenamente convencidos de que es una verdadera necesidad para los que nos rodean. Pero este convencimiento no puede llegar si no conocemos muy bien al Señor y a su Evangelio, y si no acabamos de entender que su conocimiento puede cambiar para bien la vida de quienes le siguen.

 

Llegados a este punto podemos comenzar a entender el sentido de las palabras que titulan estas líneas. No nos engañemos pensando que para transmitir el mensaje de Jesucristo basta con ir a Misa y tener alguna que otra devoción. La auténtica manifestación de Jesucristo, que estamos todos llamados a dar a nuestro prójimo en los difíciles tiempos que corren y con las formas de pensar y de vivir que están influyendo también en muchísimos cristianos, requiere que nos formemos bien. No basta con tener algunas ideas sin conocer la razón que las apoya. Hay que llegar al fondo de las cosas, de la fe que profesamos y del sentido de lo que debemos hacer como cristianos. Ello, en definitiva, requiere que nos tomemos muy en serio nuestra formación. Obispos, sacerdotes, religiosos y seglares estamos llamados hoy, quizá con más urgencia que en otros tiempos, a formarnos constantemente profundizando en el conocimiento de Jesucristo. Pero no podemos olvidar que el conocimiento del Señor no puede llegar solamente por medio de unos libros, de unas charlas o del mismo Catecismo. Para conocer a alguien es absolutamente necesario tratarle personal y directamente. Por ello, para ser apóstol de Jesucristo es imprescindible tener un trato frecuente y directo con el Señor. Trato que podemos frecuentarlo en la oración, escuchando su palabra contenida en la Sagrada Escritura, y participando en los sacramentos, especialmente en la Penitencia y en la Eucaristía. Por eso decía que ‘no puede ser de otro modo’.

 

La evangelización, que es el fin de las misiones, ha de ayudar a encontrar el sentido auténtico de la vida y de la muerte, de lo que agrada y de lo que produce dolor; y ha de abrir el corazón a la esperanza.

 

Evangelizar es ayudar a las personas a conocer a Jesucristo y a conocerse a sí mismos mirando a Jesucristo que es el verdadero modelo de la humanidad. Evangelizar es, por tanto, ayudar, también, a desarrollar integralmente la realidad humana: lo que somos y tenemos. Por eso tiene pleno sentido en la Iglesia y en las misiones procurar, también, el desarrollo espiritual, profesional, social, económico y cultural de las gentes y de los pueblos. Para ello, entre otras cosas, es necesario disponer de medios; y a ello debemos ayudar generosamente con nuestros donativos. El Domund es una ocasión especial para ello.

 

Antes de terminar debo decir algo que es fundamental. Por más que nos empeñemos en hacer cosas para que las gentes crean en Jesucristo, debemos tener en cuenta que la fe es un regalo de Dios. Nosotros podemos darle noticia del Señor y manifestarles todo lo que supone para nosotros conocerle, sentirle cerca y amarle; pero la capacidad para llegar a seguirle es un don del Espíritu Santo. Consiguientemente, junto a los esfuerzos por conocer mejor a Jesucristo por su palabra y por su acción en los sacramentos, junto a nuestro esfuerzo por dar a conocer al Señor a nuestro prójimo, junto a las ayudas que debemos ofrecer para que la Iglesia se haga presente en todo el mundo a través de los misioneros, es totalmente necesario que recemos para que el Señor conceda la gracia de la fe a quienes escuchan el mensaje de Cristo. Esta oración tiene especialísimo sentido en este Año de la Fe convocado por el Papa Benedicto XVI. Queridos fieles cristianos: está claro: No nos engañemos. ‘No puede ser de otro modo’.

 

OMPRESS-BADAJOZ (17-10-12)

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