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Iglesia en España

Carta del arzobispo de Mérida-Badajoz, Santiago Aracil, a Benedicto XVI

Muchas gracias, es el título de la carta del arzobispo de Mérida-Badajoz, Santiago Aracil, a Benedicto XVI

La grandeza de un Papa está, sobre todo, en su condición de Obispo y sucesor de san Pedro, cabeza visible de la Iglesia.Sin embargo, el juicio humano puede considerar legítimamente otros aspectos de su personalidad con los que ha enriquecido su ministerio y en el servicio a la Iglesia.

Del Papa Benedicto XVI, como de cada Papa en su momento podemos destacar muchas cualidades. Todas ellas, con su desarrollo, han llegado a ser destacadas virtudes con las que ha cumplido brillantemente la misión que se le había encomendado.

Como pastor de la Iglesia en nombre de Jesucristo nuestro Señor, ha sido ejemplo de servicio con sencillez y verdadera competencia. Al presentarse al pueblo de Dios desde el balcón central de la Basílica de san Pedro, ya dijo: “soy un pobre trabajador de la viña del Señor”. Como tal, con el rigor de una laboriosidad callada e incansable, ha ido haciendo presente en el mundo el amor de Dios, único y necesario constructor de la unidad. Su voluntad amorosa y su deseo de servicio como ministro de la mutua comprensión entre pueblos, entre religiones y entre los distintos sectores de la Iglesia, le ha llevado a ser ministro de la Verdad. Solo ella puede ser la referencia desde la que acercarse unos a otros sin que nadie ejerza dominio alguno mediante el abuso de poder o el engaño. Buen testimonio para los políticos, principales responsables de la paz y de la unidad en los pueblos y entre los pueblos. Buen testimonio para los matrimonios de cuya unidad en la verdad están dependiendo la fidelidad mutua, la ayuda recíproca, la correcta educación de los hijos y el ejemplo de apertura a la vida, al progreso, a la trascendencia y a la relación personal con el Creador y el Redentor nuestro. Buen testimonio para los sacerdotes que, como pastores de los hijos de Dios, debemos ser empeñados constructores de la comunidad cristiana fundada sobre la comunión eclesial.

Benedicto XVI ha hecho de estas virtudes la guía de sus acciones pastorales ordinarias y extraordinarias. El amor a la verdad de Dios le ha llevado a escribir esas cartas encíclicas en que nos muestra, con sabia pedagogía, la realidad de Dios amor, verdad, salvador universal y origen, por ello, de la esperanza que no defrauda.

Su firmeza intelectual y su indiscutible competencia como teólogo, como profesor y como pastor nos ha ofrecido esa proverbial claridad con la que hace sencillo lo profundo e inteligible lo complejo. Por ello hemos podido adentrarnos de su mano en la riqueza del Evangelio, de la sagrada Tradición, del conocimiento del mundo, y de la relación que nos corresponde cultivar con todo lo creado y con el desarrollo y el progreso verdaderos, fruto de la tierra y del trabajo del hombre.

Con todo ello, ha destacado como un sabio maestro, siempre dispuesto a vivir, al mismo tiempo, como humilde discípulo. Por eso ha hecho de su pensamiento una preciosa lección para conocer a Jesucristo; y de su trabajo constante, un aplicado ejercicio de aprendizaje y desarrollo integral del que nos ha dejado bellos ejemplos en sus profundos y abundantes escritos.

Aunque debo respetar la brevedad en este escrito, no sería justo silencianr su amor a la sagrada liturgia. En ella nos encontramos con Dios que nos busca, intimamos con Él, y participamos de su vida. La liturgia, fuente y cumbre de la vida cristiana, es el fundamento, el apoyo y el premio de nuestro esfuerzo por vivir y transmitir el amor de Dios a todos los hombres. En la liturgia aprendemos a amar a Dios y a descubrirlo como el principio de nuestro desarrollo integral y de nuestra fraternidad con todos los hijos de Dios.

Ojalá fuéramos capaces de adentrarnos en la riqueza de la acción litúrgica y la descubriéramos como el estímulo y el apoyo de nuestra santificación. En ello debemos mucho al sabio magisterio de Benedicto XVI que ha sido muy buen educador y excelente pastor como humilde trabajador del pueblo de Dios. Ha sido competente liturgista y liturgo ejemplar.

Por todo ello, es de justicia que manifestemos nuestra gratitud a Dios que lo eligió y lo envió para dirigir a la Iglesia. Al mismo tiempo, es necesario que manifestemos al Papa Benedicto XVI nuestro agradecimiento. El, junto al testimonio de las virtudes que hemos considerado, ha sido un testimonio de valentía y firme decisión cuando ha tenido que afrontar difíciles problemas, y cuando el sentido de su deber le ha llevado a tomar decisiones no siempre entendidas.

Gracias, Benedicto XVI

Santiago. Arzobispo de Mérida-Badajoz

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