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Carta del arzobispo de Barcelona: «Un tiempo de espera confianza»

Adviento es una palabra latina que significa llegada. En el mundo antiguo este término se usaba para designar la visita de un rey o de un funcionario real a alguna provincia. Los cristianos asumieron esa palabra para referirse a la venida de Jesucristo. Para los cristianos, Cristo es el rey de reyes, el Señor de señores, (cf. Ap 17,14) que ha llegado a nuestra vida para llenarla de alegría.

El Adviento nos prepara para recibir la más bella de todas las noticias. Jesús es el enviado del Padre que ha venido a nuestro mundo para entregarnos su vida. Dios se hace pequeño y pobre, y viene a vernos para quedarse con nosotros.

Quisiera proponeros la lectura de una carta de san Pablo que nos puede ayudar a preparar este tiempo de Adviento. Es un fragmento de la primera carta a los Tesalonicenses, en la que el Apóstol nos invita a estar atentos a la venida del Señor con fe, esperanza y amor (cf. 1 Te 5, 8-11).

Este tiempo litúrgico nos prepara interiormente para contemplar cómo la fe cristiana comenzó de la manera más frágil posible. Dios se manifestará como un niño pobre y desvalido en Navidad. Y es precisamente este pequeño niño el que nos invita a poner nuestra vida en manos de Dios. Abramos el corazón al Señor y pidámosle que nos ayude a tener fe, como aquel buen padre del que nos habla el Evangelio: «Creo, pero ayuda mi falta de fe» (Mc 9,24).

Adviento es también un tiempo de esperanza. En algunos momentos de nuestra vida podemos sentirnos inundados por las dudas, la tristeza o el miedo. No temamos. Jesús ha venido para devolvernos la esperanza. Con él siempre volveremos a ponernos en pie. Con Cristo siempre podremos decir al Padre: «Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti» (Sal 15,1).

La Liturgia de Adviento nos recuerda que Jesús es el Emmanuel, el Dios con nosotros. Jesús quiere estar con nosotros porque nos ama y porque quiere compartir nuestras alegrías y tristezas. En el inicio de este tiempo de gracia, pidámosle que nos haga estar atentos para escuchar la voz de los más vulnerables, que están más cerca de nosotros de lo que nos pensamos. Sepamos ponernos al servicio de todos los hombres y mujeres, llevándoles también la Buena Nueva del Evangelio.

El Adviento es, ante todo, un tiempo de alegría. Una verdadera alegría que, como decía el papa Benedicto XVI, viene de «sentir que un gran misterio, el misterio del amor de Dios, visita y colma nuestra existencia personal y comunitaria». Y añade con gran sabiduría: «para alegrarnos, no sólo necesitamos cosas, sino también amor y verdad: necesitamos al Dios cercano que calienta nuestro corazón y responde a nuestros anhelos más profundos. Este Dios se ha manifestado en Jesús, nacido de la Virgen María.» (Angelus, 13-XII-2009).

Queridos hermanos y hermanas, Adviento es un tiempo de espera confiada. Dejemos que, durante estas cuatro semanas, Dios entre en nuestras vidas y las llene de fe, esperanza y amor para poder contemplar con profunda alegría el Misterio de la Navidad.

Os deseo a todos un buen y provechoso tiempo de Adviento.

 

+ Juan José Omella Omella
Cardenal, arzobispo de Barcelona



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