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Cartas de los obispos

Carta del arzobispo de Barcelona: «Escucharnos para caminar juntos»

Con motivo de la celebración de la Diada del 11 de septiembre, hoy quería reflexionar sobre la necesidad de escucharnos los unos a los otros, porque en esto consiste el diálogo.

No es lo mismo oír que escuchar. Oír es captar sonidos, palabras, ruidos. Escuchar, en cambio, es una actitud personal e implica estar receptivo para comprender lo que dice el otro. La tecnología mejora la audición. El interés por el otro y la buena voluntad mejora la escucha. Fijaros, Dios nos ha dado dos orejas para escuchar y una sola boca para hablar.

A menudo tenemos la sensación de que hablamos mucho, pero que escuchamos poco. Escuchar, además de atención, requiere tiempo, un bien que cada vez es más escaso. Sin una escucha profunda no hay interacción ni relaciones consistentes ni, mucho menos, un diálogo. En diferentes esferas de la vida, saber escuchar es un valor fundamental, es un paso previo a intervenir, a proponer, a decidir, a actuar.

La primera fase de un proyecto en común es escuchar. La regla de san Benito comienza con la palabra «escucha». La vida cristiana se nutre de la escucha. «Aguza el oído de tu corazón», pide san Benito a quien quiera hacer buenas obras. Se trata de escuchar desde el centro esencial de la persona.

Es conocida la preocupación del papa Francisco para fomentar «la cultura del encuentro», que resume diciendo que es urgente «construir puentes y no muros». En muchos discursos, el Papa remarca que conviene desarrollar una cultura del encuentro, no solo entre personas, sino también entre pueblos y culturas alejadas. El Papa nos recuerda que somos seres relacionales, que necesitamos comunicarnos. Frente a la sociedad individualista, destaca la belleza de la proximidad y de la interacción como vías de construcción de una sociedad alternativa.

Recuerdo un cuento oriental en el que un sabio daba unos valiosos consejos a un esposo preocupado. Decía así:

«En una montaña vivía un ermitaño dedicado a la oración, al ayuno y al sacrificio. Tenía fama de santo.

Un día fue a visitarlo un hombre preocupado porque su matrimonio no pasaba por un buen momento. Acudió a él para escuchar un buen consejo que le permitiera salvar el matrimonio.

Tras un sencillo y profundo diálogo, el ermitaño le dio un consejo: “Vaya a su casa y procure escuchar todo lo que le diga su mujer”.

Después de unos meses, el hombre volvió a visitar al ermitaño, que le preguntó cómo iba su matrimonio. El hombre le dijo que había intentado cumplir diariamente su consejo y que el matrimonio iba mejor. Creía que podría salvarse.

Entonces el ermitaño se atrevió a darle otro consejo. Le dijo: “Me alegro de que su matrimonio vaya mejor. Permítame ahora que le dé otro consejo: vaya a su casa y haga el gran esfuerzo de escuchar lo que no le dice su mujer “».

Este consejo vale tanto para el esposo como para la mujer. Escuchar es uno de los actos de amor más profundos, que implica salir de nosotros mismos para recibir lo que el otro nos quiere comunicar. A pesar de las diferencias que podamos tener con nuestro interlocutor, sabemos que puede haber destellos de verdad en lo que nos dice.

Vivir la escucha respetuosa podría ser la clave para resolver muchos conflictos de nuestra vida privada, social y política.

Queridos hermanos y hermanas, que esta Diada sea una verdadera jornada de encuentro fraternal hacia una comunión que respete la diversidad.

+ Juan José Omella
Cardenal, arzobispo de Barcelona



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