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Cartas de los obispos

Carta del arzobispo de Barcelona: «El Evangelio a Teófilo»

Hace ya unas semanas que en la celebración de la Eucaristía dominical hemos empezado a leer el Evangelio de Lucas. Durante este año litúrgico nos acompañará este escrito, uno de los más bellos y atractivos del Nuevo Testamento.

Dice la tradición que Lucas era médico de profesión y colaborador de san Pablo en sus viajes. Escribió su obra en dos volúmenes. El primer volumen es el Evangelio, que recoge la vida, palabras y gestos de Jesús. El segundo es el libro de los Hechos de los Apóstoles, que explica la vida de las primeras comunidades cristianas.

En las primeras líneas del Evangelio, Lucas se dirige a Teófilo, quizás se trate de un nombre simbólico para dirigirse a todos los cristianos, ya que este nombre griego significa «amigo o amado de Dios». En este Evangelio precisamente se pone de relieve el amor de Dios hacia todos los hombres y mujeres de nuestro mundo.

La ternura de Dios se expresa profundamente en el Evangelio de Lucas. Así, por ejemplo, en la parábola del hijo pródigo, Dios es un padre bueno que respeta nuestra libertad y que siempre nos espera (v. Lc 15,11-32). Dios es un pastor que busca a las ovejas perdidas y, cuando las encuentra, celebra una fiesta con sus amigos (cf. Lc 15,3-7). Animo a todos a leer con fe estos textos y a acoger el perdón y la bondad del Padre.

Lucas es también el evangelista de los pobres. Describe a Jesús como un pobre que no tiene donde reclinar la cabeza. En el inicio de su misión, Jesús anuncia que ha venido a traer la Buena Nueva a los pobres y a liberar a los oprimidos (cf. Lc 4,18). En la parábola del buen samaritano (v. Lc 10, 30-37), Jesús nos invita a acoger a los más vulnerables. Dicen los Padres de la Iglesia que, en esta bella parábola, Jesús es el buen samaritano, el herido es la humanidad y la posada, la Iglesia.

Este Evangelio da una importancia especial a la oración. Jesús reza en los momentos más importantes de su vida, y también nos invita a «orar siempre y sin desfallecer» (Lc 18,1). El Evangelio de Lucas nos ayudará a cuidar la oración y a orar con textos tan impresionantes como el Magnificat, el cántico de Zacarías o el cántico de Simeón.

Me gustaría invitaros a que leyerais un texto muy especial. Es el de los discípulos de Emaús (v. Lc 24,13-35). Este texto, tal como dice el papa Francisco, es una verdadera terapia para la esperanza. Nos explica que, en los momentos más duros y difíciles de nuestra vida, Jesús camina a nuestro lado. Él quiere ser nuestro compañero de camino y nos invita a encontrarlo en su Palabra, en la Eucaristía y en el hermano que sufre.

Queridos hermanos y hermanas, os animo a leer y meditar el Evangelio de san Lucas y los Hechos de los Apóstoles. Que dicha lectura os inspire a ser, con vuestra vida, Buena Nueva para los demás. Atrevámonos a ser una carta de Cristo, escrita, no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo (cf. 2Cor 3, 3).

† Juan José Omella
Cardenal arzobispo de Barcelona



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