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Carta del arzobispo de Barcelona, cardenal Martínez Sistach: Defender a Dios y defender al hombre (03/02/2013)

“La familia es fuerte y está viva también hoy”, dijo el Santo Padre el pasado 21 de diciembre, en un importante discurso dirigido a los cardenales y a los miembros de la Curia romana que le felicitaban con ocasión dela Navidad. No obstante, también reconoció que es innegable la crisis que la amenaza en sus fundamentos, especialmente en el mundo occidental.

            Para explicar esta crisis, Benedicto XVI citó a un pensador judío contemporáneo, el gran rabino de Francia Gilles Bernheim, el cual, en un libro que el Papa calificó como “cuidadosamente documentado y  profundamente conmovedor”, ha mostrado que el atentado –al que hoy estamos expuestos- contra la auténtica forma de familia, compuesta por padre, madre e hijo, tiene una dimensión todavía más profunda. Si hasta ahora habíamos visto como la causa de la crisis de la familia un malentendido sobre la esencia de la libertad humana, ahora vemos claramente que aquí está en juego la visión de la persona misma, de lo que significa realmente ser hombre o mujer. Y el Papa citó un pensamiento de Simone de Beauvoir que se ha hecho famoso: “Mujer no se nace, se hace” (“On ne naît pas femme, on le devient”). En estas palabras se expresa la base de lo que hoy se presenta bajo el nombre de gender –o, entre nosotros, la llamada ideología de género– como una nueva filosofía dela sexualidad. Según esta filosofía, el sexo de la persona ya no es un dato originario de la naturaleza, que la persona tiene que aceptar y llenar personalmente de sentido, sino que es una función social sobre la que puede decidir de forma autónoma, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decidía.

La profunda falacia de esta teoría y de la revolución antropológica que comporta resulta evidente –dijo Benedicto XVI. El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega su propia naturaleza y decide que ésta no le ha sido dada como un hecho preestablecido, sino que es él mismo quien la ha de crear.

Ahora bien, subrayó el Santo Padre, si no existe la dualidad hombre-mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad preestablecida. Esta es la amplitud y la gravedad de la revolución antropológica que Benedicto XVI ha tenido la valentía de plantear claramente. En la lucha a favor de la familia está en juego el hombre mismo. “Y es evidente que cuando se niega a Dios, queda disuelta también  la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre”, concluyó el Santo Padre en este discurso, muy bien articulado y muy valiente.

 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona   



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