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Carta de Semana Santa del obispo de Plasencia, Amadeo Rodríguez Magro

 Un nuevo santo extremeño, carta de Semana Santa del obispo de Plasencia, Amadeo Rodríguez Magro

Queridos diocesanos: En esta carta, además de desearos una feliz Pascua de Resurrección, quiero evocar la experiencia de fe de los santos, guías nuestros y compañeros en el Año de la fe. Hago esta referencia a los santos con ocasión de un acontecimiento, del que probablemente no estéis muy informados, pero que nos afecta muy de lleno.

El día 7 de abril, en la catedral de Córdoba, va a tener lugar la ceremonia de beatificación del Padre Cristóbal de Santa Catalina. Este nombre quizás tampoco os diga mucho; pero insisto en que es muy importante para nosotros. Por eso quiero, además de daros la noticia de su beatificación, hacer también en esta carta un breve semblanza para que lo conozcáis y para que lo situéis como un miembro importante de la familia que los católicos extremeños tenemos en el cielo.

El Padre Cristóbal tiene merecimientos para ser tenido en cuenta en nuestras oraciones, en nuestra veneración y en nuestra imitación. Con él, estoy seguro, nos acercaremos un poco más al seguimiento sincero y radical de Jesucristo.

Cristóbal Fernández Valladolid nace en Mérida el 25 de julio de 1638 y en esta ciudad pasa su niñez, su juventud y comienza el camino de su madurez humana y espiritual, hasta que a los treinta años se marcha a Córdoba a iniciar una experiencia espiritual que le va a llevar de un modo definitivo a la santidad. De sus años en Mérida sabemos de su infancia, que transcurre en una familia modesta y cristiana, que cuida de la formación espiritual y humana de Cristóbal. Su cercanía a las Congregaciones religiosas presentes en la capital extremeña son determinantes en su maduración cristiana y también en su orientación vocacional. Su camino de entrega al Señor no transcurre sin titubeos; pero se manifiesta siempre como un corazón inquieto en la búsqueda de la perfección, que en su caso pasa por el estudio, la oración y, de un modo especial, por el ejercicio de la caridad, algo que luego va a ser decisivo en su vida hasta la hora de su muerte.

Recibe el bautismo en la parroquia de Santa Eulalia de Mérida y a lo largo de su estancia en esta ciudad mantiene un contacto cercano con los Franciscanos descalzos, los Hermanos de San Juan de Dios y las Concepcionistas Franciscanas. Se puede decir que estas experiencias fueron fundamentales en el proceso de su orientación y formación al sacerdocio. El 10 de marzo de 1663, con 24 años, recibe la ordenación sacerdotal de manos de Fr. Jerónimo Rodríguez de Valderas, obispo de Badajoz, con dimisorias del prior de San Marcos de León.

A los dos años fue designado capellán de las tropas españolas en la guerra contra Portugal y vive, junto a los jóvenes soldados, la crueldad de la guerra y sus terribles consecuencias para su salud física y espiritual. Al volver a Mérida sufre una grave enfermedad y entra en un difícil e incluso dramático proceso de reorientación de su vida que le lleva a la búsqueda de Dios en la soledad y el retiro. Esto último es lo que le orienta hacia Córdoba para iniciar una nueva vida en el desierto cordobés, donde inicia una experiencia de ermitaño. El cambio supone también dejar atrás su vida anterior, incluso adoptando un nuevo nombre. Desde ahora se llamará Cristóbal de Santa Catalina, quizás evocando una ermita cercana a su casa en Mérida.

En los primeros pasos en el desierto del Bañuelo oculta su condición de sacerdote, porque considera que ahora lo que importa en su dedicación radical a la oración y a la penitencia. No obstante, su conciencia llama permanentemente su atención y pronto se lo comunica a su superior, al que le entrega la documentación que muestra que ha recibido la ordenación sacerdotal. Esto, sin embargo, no merma en modo alguno la radicalidad de su modo de vida. Dice de él su biógrafo, el beato Posadas, que siempre se manifestó “alegremente pobre”. Su aventura espiritual en estos años es bellísima y está carga de anécdotas de santidad dignas de los grandes santos.

Su vida, no obstante, va a dar un giro en su encuentro con los pobres. Poco a poco se va produciendo en él una transformación que lo lleva de la contemplación a los pobres. Pronto va a vivir su experiencia espiritual de un modo nuevo: “Amar a Dios sustentando pobres”. Se traslada a Córdoba con el propósito de “buscar remedio a las necesidades tan extremas que había en la ciudad califal”. Todo va a suceder en la pequeña ermita de San Bartolomé con su, más pequeño aún, hospitalito. Allí se encuentra con la imagen de Jesús Nazareno, que no sólo va a ser muy querida por él sino también decisiva para la obra que va a desarrollar. Lo que tantos santos han hecho a lo largo de la historia, lo hizo Cristóbal en la Córdoba de entonces. Acogió a todos los enfermos e indigentes, hombres y mujeres, que sufrían todas las carencias imaginables, en el Hospital de Jesús Nazareno.

Naturalmente no lo hace sólo, porque pronto se le asocian algunos franciscanos que han bajado con él desde su retiro y también se asocian algunas mujeres que serán el embrión y después la realidad de las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno. Tras la muerte del Padre Cristóbal, que tiene lugar el 24 de julio de 1690, éstas le darán continuidad hasta nuestros días a la obra del Padre Cristóbal. En España tienen 18 casas en 10 diócesis y en América Latina están en 3 países con ocho casas.

Con esta sencilla semblanza considero, queridos diocesanos, que cumplo una obligación como vuestro obispo: la de dar a conocer a un santo de nuestra tierra. No os oculto que lo hago con sumo gusto; pues en mi ministerio pastoral, en mis años de joven sacerdote en Mérida, tuve la oportunidad no sólo de conocerlo y de andar por sus huellas, sino también de encomendarme a él y de tenerle como ejemplo. A todos os propongo el hermoso lema de su vida, que nos puede ayudar también a nosotros: el de escuchar  estas permanentemente estas palabras del Señor: “Mi providencia y tu fe tendrán esta casa en pie” (inscripción a la entrada de la enfermería del hospital).

De nuevo os deseo una feliz Pascua de resurrección.



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