Iglesia en España

Carta de monseñor Julián Barrio Barrio ante la Jornada por la Vida

Carta pastoral en la Jornada por la Vida. Marzo 2015

“Hay mucha Vida en cada vida”

Queridos diocesanos:

El día 25 de marzo es litúrgicamente la solemnidad de la Anunciación del Señor. En este contexto la Iglesia en España celebra la Jornada por la Vida con el lema: “Hay mucha Vida en cada vida”. Jesús nos dijo que había venido para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia (cf. Jn 10,10) en nuestra condición de hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza (cf. Gen 1,27) y llamados a la vida eterna. La definición de esta vida eterna nos la da Él mismo quien dice: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. » (Jn 17,3). El conocimiento de Dios es la clave para una vida verdaderamente abundante. “Lo sublime de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal. En efecto, la vida en el tiempo es condición básica, momento inicial y parte integrante de todo el proceso unitario de la vida humana. Un proceso que, inesperada e inmerecidamente, es iluminado por la promesa y renovado por el don de la vida divina, que alcanzará su plena realización en la eternidad”[1].

En este Jornada se nos llama a avivar nuestra sensibilidad y compromiso en el cuidado y en la defensa de la vida humana, realidad «sagrada» que ha sido confiada a nuestra responsabilidad, y “valor innegociable”, en cualquier circunstancia o condición, y que no se puede considerar como una mercancía “con la que se comercia y se manipula al propio gusto”. También el no nacido es aquel por quien se nos va a preguntar: “¿Que has hecho de tu hermano?”(cf. Gen 4,9). El papa Francisco menciona entre otros “horrores” de la «cultura del descarte» el hecho de que muchos niños no lleguen nunca a ver la luz, víctimas del aborto. El aborto no es un asunto sujeto a supuestas reformas o modernizaciones, porque no es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana[2]. “No se puede construir una sociedad democrática, libre, justa y pacífica, si no se defienden y respetan los derechos de todos los seres humanos fundamentados en su dignidad inalienable y, especialmente, el derecho a la vida, que es el principal de todos”[3]. El aborto nunca puede ser considerado como un derecho.

Esta Jornada es una ocasión providencial para agradecer la dedicación de muchas personas que, tanto en instituciones eclesiales como civiles, trabajan incansablemente, apoyando y acompañando a las personas en dificultades, y en particular a las madres gestantes. Proteger y defender la vida humana desde el instante de su concepción hasta la muerte natural es tarea de todos. A todos incumbe responder pronta y adecuadamente por el camino de la solidaridad y la vida, y no por el de la muerte de un ser inocente. La vida humana aunque se vea afectada por la vulnerabilidad o discapacidad siempre merece respeto. La dignidad humana no puede depender del poseer o no una discapacidad. “Las personas discapacitadas nos muestran la grandeza de su corazón y de su existencia. Son los campeones de la vida por su coraje, un ejemplo para todos y un verdadero testimonio de la grandeza de su existencia. Reflejan los valores más genuinos del ser humano, que posee un valor infinito con independencia de cualquier condicionamiento físico, psíquico, social o de cualquier otra índole. Son personas grandes, capaces de darlo todo, capaces de enriquecer a los demás y capaces de acoger a todos”[4].

La Iglesia es consciente de los sufrimientos y carencias de muchas personas a las que se esfuerza en ayudar en todo el mundo con el ejercicio de la caridad, que es el distintivo de los discípulos de Jesús (cf. Jn 13, 35), del que dan testimonio tantas personas e instituciones eclesiales y civiles, pidiendo también a las Administraciones públicas un esfuerzo más generoso en políticas eficaces de ayuda a la mujer gestante y a las familias. “Este compromiso comunitario requiere la participación social y política en vistas al bien común. Por eso, cada uno de nosotros, las familias como sujetos de la vida social, asociaciones civiles e instituciones debemos trabajar con audacia, constancia y creatividad para que las leyes e instituciones civiles defiendan y promuevan el derecho a la vida desde su concepción hasta su muerte natural, reformando o derogando aquellas legislaciones injustas, como las actualmente vigentes, y promoviendo iniciativas que defiendan, tutelen y promuevan el derecho a la vida de todo ser humano como fundamento de una sociedad verdaderamente humana”[5].

Orar por la vida

En este sentido es necesario que cada comunidad cristiana, cada grupo o asociación, cada familia, y cada creyente, eleve una súplica a Dios, Creador, defendiendo la vida en unión con otras personas que sin ser creyentes consideran “el derecho a la vida de todo ser humano como patrimonio común de la razón humana”. Que el Señor por la intercesión maternal de María santísima, nos conceda la gracia de que vaya creciendo el respeto por el carácter sagrado de la vida y aumente cada vez más el número de quienes contribuyen a favorecer en el mundo la cultura de la vida.

 

 

 

+ Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela

[1] JUAN PANLO II, Evangelium vitae, 2.

[2] Cf. FRANCISCO, Evangelii gaudium, 213-214.

[3] Nota de la CCXXXIII Comisión Permanente de la CEE, 2.

[4] Nota de los Obispos de la Subcomisión de la Familia en la Jornada por la Vida 2015. 4.

[5] Ibid., 6.

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