Iglesia en España

Carta de monseñor Atilano Rodríguez ante el DOMUND 2016

Carta de monseñor Atilano Rodríguez ante el DOMUND 2016

SAL DE TU TIERRA

El papa Juan Pablo II, al meditar sobre la misión evangelizadora de la Iglesia, nos decía a todos los cristianos: “Veo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos”. (Redemptoris missio, 3).

A pesar de este recordatorio del Papa, constatamos que muchos bautizados no acaban de asumir con gozo la responsabilidad de evangelizar. Tienen miedo a que les señalen con el dedo o piensan que el mandato misionero no es para ellos. Consciente de esta realidad, el papa Francisco no cesa de invitar a todos los cristianos a vivir y actuar siempre como discípulos misioneros. La Iglesia se juega su identidad en la salida hasta los confines de la tierra para hacer discípulos de Jesucristo, pues el cristiano y la Iglesia o son misioneros no son nada. Quien ama la propia fe no la guarda para sí. Se preocupa de testimoniarla y ofrecerla a sus semejantes.

En virtud del bautismo, los cristianos somos invitados por el Señor a salir de nosotros mismos y de nuestras comodidades para llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. Y hemos de hacerlo, no sólo porque el Señor nos confía este encargo, sino porque todos los pueblos y todas las culturas tienen derecho a recibir el mensaje de la salvación, que es regalo de Dios para la humanidad.

Los misioneros son el mejor ejemplo de lo que ha de ser la respuesta a la llamada de Dios. Cada uno de ellos, acogiendo con fe la Palabra de Dios en su corazón, ha dejado de mirarse a sí mismo y se ha confiado totalmente al Señor, sabiendo que Él cumple siempre la promesa de estar con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos.

Por fidelidad a Cristo, miles de misioneros –algunos de nuestra diócesis- anuncian hoy el Evangelio con alegría, curan las dolencias de sus hermanos y ponen los medios para su promoción integral. En ocasiones, no dudan en arriesgar la salud y la propia vida para mostrar y ofrecer el amor misericordioso de Dios a sus semejantes y para poner al servicio de ellos los propios talentos.

Como todos sabemos muy bien, para llevar a cabo los proyectos de evangelización y para dar pasos en el desarrollo humano integral de los miembros de sus comunidades, los misioneros solicitan nuestra oración y esperan nuestra colaboración económica. Aunque siempre hemos de tener presentes las necesidades de estos hermanos, que lo han dejado todo para servir a sus semejantes, la Iglesia nos invita a prestarles esta ayuda de un modo especial el día del DOMUND.

Los donativos que se recojan este día en las parroquias, comunidades religiosas, asociaciones de fieles y movimientos apostólicos serán entregados íntegramente para que los misioneros puedan experimentar la comunión y la solidaridad de nuestra Iglesia diocesana. De este modo, podrán contar con los medios espirituales y materiales para seguir evangelizando y haciendo posible el desarrollo humano integral de los hombres y mujeres de sus comunidades.

Que María, modelo misionero de la Iglesia, muestre a todos los hombres el rostro de la misericordia de su Hijo y acompañe con su protección maternal la generosa labor de los misioneros al servicio del Evangelio y de la promoción espiritual, humana y material de tantos hombres y mujeres, a los que aman y se saben enviados.

Con mi sincero afecto, feliz día del DOMUND.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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