Diócesis

Carta de Mons. Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia en la Jornada del DOMUND 2012

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Misioneros de la fe

Queridos hermanos:

Es evidente que un lema como el que este año se ha elegido para el día del Domund, además de oportuno, por ser el Año de Fe, es totalmente adecuado. “Misioneros de la fe” lo dice todo al evocar la misión ad gentes. Porque, ¿qué otra cosa es sino la misión en la Iglesia? Poner la fe que cada misionero lleva en su corazón en el corazón de otros hombres y mujeres. Ser misionero siempre supone la fe y su  misión es ofrecer fe. Por eso el Domund ha acertado este año identificando la razón de ser de lo que hacen, en nombre de la Iglesia, muchos miles de hombres y mujeres a lo largo y ancho del mundo, especialmente en los territorios aún considerados de misión.

En efecto, esta Jornada mundial evoca el itinerario espiritual y humano de aquellos que realizan en la Iglesia una precisa vocación: la de ser misioneros. Son hombres y mujeres que han tenido como punto de partida “un amor que se recibe”, que han abierto su corazón el don gratuito de la fe, a la gracia de creer. Son hombres y mujeres que, habiendo sabido vivir de cara a Dios, y precisamente por eso, han sabido mirar hacia los que necesitan del amor de Dios, y los han descubierto repartidos por todos los rincones del mundo. Para los misioneros la vida se ha convertido en una aventura: la de sentirse interpelados por todos aquellos que necesitan el amor de Dios. El misionero es aquel que comunica la fe que lleva en su corazón como una experiencia de gracia y gozo.

El misionero pone amor entre las necesidades del ser humano. Saben los hombres y mujeres que llevan con humildad el ser testigos del Señor que el corazón cristiano es un corazón que ve, como dijo el Papa Benedicto XVI en Deus caritas est. Por eso están muy atentos, y con la sensibilidad evangélica a flor de piel, para descubrir lo que el ser humano anhela y necesita. Es más, justamente porque ve con sensibilidad cristiana, nunca olvida que, entre las muchas necesidades que hay allí donde realiza su misión, la primera y esencial, sin que eso disminuya la urgencia de las otras, esla fe. Deahí que se pueda decir que el mejor y el primer acto de amor que ha de hacer un misionero es llevar la fe, anunciar el amor de Dios, proponer a Jesucristo como “camino, verdad y vida”.

Lo hará, además, consciente de que tanto en él como en aquellos a los que sirve, la fe refuerza la caridad, le da sentido yla estimula. Porque, “la fe y la caridad se necesitan mutuamente, de modo que la una permite a la otra seguir su camino”. De hecho la fe estimulala caridad. Poreso es tan creativa y trabaja tanto por la justicia la acción evangelizadora de nuestros misioneros, porque está anclada en el corazón mismo de Dios, lugar de la fe y del amor. La fe le da credibilidad a los más creíbles, por la verdad de su vida y por la verdad de lo que hacen: a los misioneros.

Eso hace que todos en la Iglesia y tantos hombres y mujeres de buena voluntad, participen en esta jornada del Domund con su ayuda: saben que con los misioneros todo llega a su destino; es más, todo llega a un destino bien elegido, a un destino que ha sido capaz de tocar el corazón de quien es testigo presencial de las necesidades humanas y sociales, sean las que sean, y, por supuesto, también las espirituales.

También nosotros en nuestras diócesis cuidamos mucho de que nada, absolutamente nada, se desvíe de su destino. A través de la mediación de las Obras Misionales Pontificias hacemos llegar, desde cada parroquia, cada céntimo de euro que recibimos para la ingente labor de nuestros misioneros.

Os llamo, pues, a todos a cooperar con la generosidad que siempre lo hemos hecho en una Jornada tan emblemática para la sensibilidad misionera de nuestras comunidades cristianas.

Con mi afecto y bendición.

 

+ Amadeo Rodríguez Magro – Obispo de Plasencia

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