Firmas

Carta de las monjas de Buenafuente del Sistal, marzo de 2018

Carta de las monjas de Buenafuente del Sistal, marzo de 2018

Muy queridos hermanos, ¡ya estamos en la tercera semana de Cuaresma! Siempre la Palabra de Dios es guía, bordón en el camino. En nuestro “maratón cuaresmal” los evangelios dominicales son “como un sello en el corazón, como tatuaje en el brazo” (Ct 8, 6).

El domingo pasado, la Iglesia nos propuso la perícopa de los vendedores del Templo, del evangelista san Juan. Como tanto nos dice nuestro profesor de Sagrada Escritura, D. Rafael Pascual, no podemos leerla en sentido literal, porque entonces sería una sencilla anécdota de la vida de Jesús. En este párrafo el propio evangelista nos da una pista importante: “Pero Él hablaba del Templo de su Cuerpo” (Jn 22,21). Por tanto será acertado pensar que también habla de nuestro cuerpo: “¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? (1ª Co 6,19), dice san Pablo. Entonces, a lo mejor en nuestro corazón, templo del Espíritu Santo, hacemos negocios o, al menos lo intentamos, que no están en sintonía con la vida de Jesús. San Agustín lo explica muy bien: “Seremos en aquel templo como los compradores y vendedores, es decir, como los que buscan sus propios intereses”. Y “El Amor no busca su interés” (1ª Co 13, 5). Frente a nuestra pobreza y miseria, está la Misericordia de Dios: “Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios, que sois vosotros, es sagrado” (1ª Co 3, 17).

En la oración con la Palabra de Dios, en la Lectio Divina, nos ayudan mucho los textos de la propia Sagrada Escritura con música, y también los de las poesías de los grandes místicos; desde aquí agradecemos su arte a esos compositores, en particular a nuestro gran amigo Ignacio Yepes. Y los animamos a que sigan componiendo.

La pequeña oración que hemos hecho con el Evangelio del domingo pasado, nos hace volver la mirada al inicio de la Cuaresma, cuando escuchábamos al sacerdote, mientras nos signaba con la ceniza: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15b). Sí, convertirse “Significa mirar, no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser” (K. Ware). Volver a nuestro ser originario, a como lo ha pensado Dios para cada uno de nosotros, a ser imagen y semejanza suya, a vivir ya las Primicias de la Vida Eterna.

¡¡FELIZ PASCUA!!

Unidos en la oración y en la misión, vuestras hermanas de Buenafuente del Sistal

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