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Carta de las monjas de Buenafuente del Sistal, junio 2014

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Carta de las monjas de Buenafuente del Sistal, junio 2014

Queridísimos hermanos,  en esta tarde del octavario del Espíritu Santo, ensanchemos nuestro corazón, hagamos sitio a quien estamos esperando. Hemos cantado en las vigilias del día de la Ascensión: “¡Puertas, alzad los dinteles, levantaos antiguos portones, y que entre el rey de la gloria!” (sal 24, 7). Es probable que el Señor nos considere antiguos portones, a nosotros que disfrutamos del privilegio de vivir en Su casa. En esta semana, trabajemos como buenos albañiles y alcemos el dintel de nuestra puerta, quitemos lo que nos dificulta para acoger al Espíritu. Porque ya dice el libro de los salmos: “Mejor es un día en tus atrios que mil en mis mansiones, pisar el umbral de la casa de mi Dios que habitar en la tienda del malvado.” (sal 84, 10). No sea que por nuestra necedad, perdamos el don de vivir como Hijos de Dios que somos.

Nosotras, que en este mes de mayo hemos celebrado el aniversario de la consagración de nuestra iglesia, dedicada a Nuestra Madre la Virgen, escuchamos a Jesús que nos dice: “¡He ahí tu madre! Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su propia casa” (Jn 19, 27). Recibamos a la Virgen María en lo más íntimo de nuestro ser, a la llena de gracia, llena del Espíritu Santo. Ella prepara con nosotros Pentecostés de 2014.

Nos despedimos hasta después del verano de la mano de Gedeón, juez de Israel. Gedeón fue elegido por Dios para derrotar a los madianitas, que habían sometido y atemorizado a los israelitas. Cuando se disponía a la batalla con treinta y dos mil hombres, Yahvé le dijo: “Hay demasiada gente”. Yahvé fue reduciendo su ejército hasta decir a Gedeón: “Con estos trescientos hombres os salvaré y entregaré a Madián en tus manos” (Cf Jc 7).  Nosotras, igual que Gedeón, pensamos que la misión que nos encomienda el Señor supera nuestras fuerzas. Le pedimos que crezcamos en santidad y número, y sin embargo, cada vez somos menos. Las justas para llevar adelante la tarea y no enorgullecernos a su costa diciendo: “¡Mi propia mano me ha salvado!” (Jc 7, 2)

Unidos en la oración y en la misión, vuestras hermanas de Buenafuente del Sistal

Monasterio Cisterciense Madre de Dios

Buenafuente del Sistal, 3 de junio de 2014

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1 comentario

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  • me interesa conocer escritos de Benedicto xvi sobre las parçábolas en los evangelios
    ¡bendiciones!
    rosita.
    chile.

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