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Carta de las Monjas Cistercienses de Buenafuente del Sistal para la Cuaresma 2014

Carta de las Monjas Cistercienses de Buenafuente del Sistal para la Cuaresma 2014 

Queridos amigos, esta tarde de manera particular, nos hemos unido a la acción de gracias por todos nuestros Amigos, que sois nuestro mayor patrimonio. Hoy, especialmente, nuestra gratitud al Señor por Javier Goicolea.

Ciertamente es una bendición iniciar juntos el camino de la Cuaresma. Nos  dice san Benito en la Regla al respecto: Aunque la vida del monje deba ser en todo tiempo una Cuaresma continua, por cuanto hay muy pocos capaces de este rigor, exhortamos que, estos Santos días de Cuaresma, tengan una pureza de vida tan exacta, que puedan borrar en este santo tiempo las negligencias de todo el año”.

A quienes nos visitan y a muchos de vosotros os podemos parecer valientes por nuestra vida; nada más alejado de la realidad. “Te basta mi gracia” (2ª Co 12,9), este es el único secreto. Cuando Dios llama  y da una misión, no nos lanza solos, Él siempre nos acompaña. Más aún, va delante de nosotros, abriendo el camino.

La liturgia de la Palabra del domingo pasado ha sido el umbral perfecto, una guía para avanzar por la senda de la pureza de vida, a la que nos exhorta san Benito, en este tiempo que iniciamos mañana con el rito de  la imposición de la ceniza. En el diccionario, la primera acepción de puro es:”Libre y exento de toda mezcla de otra cosa”. San Benito nos invita sencillamente a vivir como lo que somos, nosotras como monjas y cada uno según su vocación y en el lugar donde lo ha colocado el Señor.

La ayuda de la Palabra para esta tarea comenzó el domingo con el profeta Isaías: “Aunque una madre se olvide de su criatura, yo no te olvidaré” (cf Is 49,14s). En la segunda lectura, san Pablo nos decía: “No juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor” (1ª Co 4,4). Y como colofón, el Evangelio: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 25). Por si nos turba escuchar el Evangelio, la Iglesia ha hecho que lo precedan las palabras de Isaías. Todos tenemos la experiencia del amor de nuestra madre, ¿quién nos ha querido como ella? El amor de Dios por cada uno de nosotros es más, es infinito. Esta garantía nos estimula a desear ser hijos, Hijos de Dios, no a querer ocupar su lugar. Tras estos incentivos, hemos de decidir: servimos a Dios o servimos al dinero. No es un eufemismo, se refiere a nuestros bienes. Además del dinero, tenemos otros bienes, pero no olvidemos que el evangelio menciona el dinero.  

Tal vez muchos de vosotros hayáis leído el mensaje del Papa para esta Cuaresma. Si no lo habéis hecho, hacedlo. “No podemos caminar con hambre bajo el sol”. No podemos seguir a Cristo sin alimentarnos de los medios que la Iglesia pone a nuestra disposición. Aunque todavía estamos en invierno, el sol de las dificultades y de las tentaciones arrecia. A la sombra de las palabras del Papa Francisco, encontramos un alimento que nutre y fortalece, que colabora  con la gracia de Dios y nos llevará por la ruta cuaresmal a la Pascua.

Monasterio Cisterciense Madre de Dios

Buenafuente del Sistal, 4 de marzo de 2014

 

Desde el Sistal, unidos a Cristo que se hizo pobre para enriquecernos

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