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Carta de comienzo de curso del arzobispo de Valencia, Carlos Osoro

Carta de comienzo de curso del arzobispo de Valencia, Carlos Osoro

El arzobispo de Valencia, Carlos Osoro Sierra, ha publicado la primera carta del nuevo curso expresando su alegría por la oportunidad que todos tenemos de anunciar el Evangelio. “Un nuevo curso, para crecer en la “transparencia de Cristo” y en construir la nueva ciudad de los hombres”

Comienza afirmando monseñor Osoro que “doy gracias a Dios por poder deciros al comenzar el nuevo curso que pongáis en el centro de vuestra vida a Dios, que la pregunta sobre Dios ocupe un lugar central. Sin Jesucristo no hay esperanza de felicidad. Sin embargo, con Él se pueden lograr los más altos ideales de servicio y de compromiso”

“A todos los cristianos os convoco –añade– a comenzar este nuevo curso, asumiendo un compromiso decidido por dar un testimonio valiente y lleno de amor a los demás, a quienes tengo a mi lado, sin ocultar la identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia con otras opciones, pero pidiendo el mismo respeto a las propias. Dejemos que Jesucristo ilumine la vida desde dentro. Es la pasión que tiene que estar en todos nosotros. Y, para ello, dejemos que entre dentro de nosotros: que entre su palabra, su perdón, su gracia, su amor, su alimento, todo lo encontramos en los sacramentos, ¡vividlos! Cambiemos este mundo y esta historia.

“Para ello, –añade–demos al cuadro que pintamos los hombres unos colores atractivos, que nos hagan llegar a lo profundo de nosotros mismos: una fe inquebrantable en el Señor; un amor, el de Él, que llene nuestra vida y que lo regalemos a los demás; una esperanza, la que nos hace mantener la mirada siempre en Dios y así ofrecer el presente y el futuro que nos regala Dios mismo; un servicio a la Verdad, que es el Señor mismo y que nos hace ver la verdad de nosotros mismos y de los demás.

Mas adelante señala que”este momento de la historia necesita que habiten esta tierra hombres nuevos, que se dejan hacer por Dios mismo y que manifiestan con su vida que son imágenes de Dios. No seamos hombres y mujeres de oscuridad sino de claridad, es decir, no nos quedemos en lo negativo. Esforcémonos por mostrar lo positivo de tantas realidades personales y sociales que existen, esforcémonos por mostrar lo vivo y lo grande del Evangelio que está ya presente entre nosotros. No hagamos de la historia de los hombres y de su vida una versión enfermiza, con una existencia dividida que siempre se da cuando se mete en nosotros una visión secularista, marginada de Dios y a veces incluso en contra de Él. Hay un desafío para los cristianos que deseo compartir con vosotros al iniciar el curso, que es mostrar en nuestro tiempo la necesidad de Dios, con obras y con palabras”.

“¡Qué belleza tiene la vida cuando se la puede explicar desde la Belleza misma que es Dios! Cuando no se explica así, la belleza de la vida desaparece. Recuerdo como desde que Jaspers publicara en 1931 su obra clásica “La situación espiritual de nuestro tiempo”, los europeos no hemos cejado en la indagación de nuestra crisis espiritual. Se han dado muchas explicaciones a esta crisis. En la medida que la ciencia y la técnica han ido poniendo el mundo material, la organización de la sociedad y el propio destino en manos de los hombres, nos ha sobrevenido un susto profundo. Sobre todo, tras la euforia decimonónica de un progreso indefinido y de un mundo cada vez más a la medida del hombre.”

Más adelante el arzobispo valenciano indica que “ la característica esencial de nuestro momento es estar justamente en el borde de un mundo, por el que hemos transitado durante siglos”, “y la verdad  es que avanzar así es entrar en el abismo. Retroceder en el tiempo no es posible”

“Hay que andar y buscar –añade–una nueva dirección. Jesucristo nos ofrece esa nueva dirección. Ante una situación de muerte para la que no tenemos palabras, Él nos da la suya: “Yo soy la resurrección y la vida”. Ante el abismo, nos dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. El Papa Francisco nos lo está diciendo: es un cambio de época el que estamos viviendo, es una nueva época la que está surgiendo. Los cristianos tenemos el imperativo que nos dio el Señor de derribar los muros del miedo y ponernos a construir puentes. Nada de escepticismo, ni de indiferencia. Sí de comunión con Cristo y de creatividad nacida de la misma comunión con Él, que es novedad absoluta”

Concluye monseñor Osoro Sierra afirmando que “sacado Dios de la vida del hombre, retirado Jesucristo de la vida y de la existencia humana, se resquebrajan tres puentes fundamentales: racionalidad, trascendencia y ciudadanía. Son tres puentes por los que el ser humano pasó en nuestra cultura hasta la verdad de sí mismo. Hoy hemos de decir que se han resquebrajado. Pues la razón ha pasado de ser la actitud contemplativa y admirativa ante una realidad llena de sentido y belleza, a transformarse en razón analítica, matemática, experimental y política. Y no es malo incorporar esto, pero sin abandonar aquello. Porque el abandono postula la soberanía del instinto, de la inmediatez sobre la reflexión, de la naturaleza sobre la cultura. La trascendencia dejó de ser sentida como cercana y amorosa para el mundo. El mundo dejó de ser sentido como transparencia hacia el Misterio. Y éste dejó de ser percibido como amor para el hombre”.

Por Antonio Díaz Tortajada, sacerdote-periodista

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