Firmas Navidad

Carta de Buenafuente: Navidad 2018

Carta de Buenafuente: Navidad 2018

Personaje: El hombre

En los días previos a la Navidad, hemos considerado los distintos protagonistas del acontecimiento que da origen al cristianismo. Las figuras del Precursor, de María, la madre de Jesús, de su esposo san José, de los ángeles y los pastores, y de manera especial la acción del Espíritu Santo, la voluntad de Dios Padre y su Hijo Jesucristo han sido nuestros motivos de contemplación. Hoy, el día Navidad, nos sorprendemos como el salmista: “Señor, Dios nuestro, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él?” (Sal 8).

Consideración

San Pablo nos asegura: “Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial” (Gal 4, 3-5). Y desde los primeros siglos, la Iglesia confiesa: “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios…; que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre” (Credo).

San Juan Pablo II, en su primera encíclica, nos sorprendió con su humanismo: “A través de la Encarnación, Dios ha dado a la vida humana la dimensión que quería dar al hombre desde sus comienzos y se la ha dado de manera definitiva” (Juan Pablo II, RH 1).

Amigo, no te felicito en esta Navidad con palabras protocolarias, ni con colores de espumillón barato. No deseo cantarte, a manera de romance, cuentos entrañables, ni compartir contigo un rato de amistad pasajero. Con la fuerza de la Palabra, en comunión con todos los que comparten la misma fe y con la firmeza de la voz autorizada de la Iglesia, te felicito porque por el nacimiento de Jesús, tú y yo nos hemos convertido en hijos de Dios, en hermanos, en realidad sagrada, en don para los demás.

Te puede parecer excesivo que te asegure la transformación esencial que nos ha acontecido por el hecho de la Encarnación de Dios en nuestra naturaleza, revelada en el Hijo de María. Tu rostro refleja la mirada de Dios en ti, llevas en tu semblante la semejanza del Hijo de Dios, te has convertido en sacramento del Hijo de María, tengo en ti la posibilidad de obsequiar, amar y tratar a la Sacratísima Humanidad del Verbo hecho carne.

Propuesta

Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios” (San León Magno, Sermón de Navidad 1).

Feliz Pascua de Navidad, porque más allá de los que podamos sentir es lo que somos, por la misericordia divina, manifestada en Belén.

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