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Opinión

Carta de Buenafuente del Sistal para el mes de mayo

Carta de Buenafuente del Sistal para el mes de mayo

Con flores a María, en tiempo de Pascua

has formas su devoción a la Madre de Jesús en el mes de mayo, como tiempo especial de invocación y obsequio. A ella nos la dejó Jesucristo, estando en la Cruz, como mejor testamento: “Ahí tienes a tu Madre”.

Una representación de los Amigos de Buenafuente, peregrinamos a Lourdes los primeros días de Mayo, con la intención de honrar a Nuestra Señora, y pedirle por tantas intenciones que nos llegan, especialmente de personas enfermas, y de quienes pasan por situaciones graves, tanto las que viven solas, como en familia y comunidad.

Imagino que cada uno de los discípulos del Señor, cuando fueron teniendo las distintas experiencias de Jesucristo resucitado, correrían no solo a compartirlas con los otros compañeros, sino de manera especial se las contarían a María, la madre de Jesús.

Si ella quedó como testigo de la Cruz, y reunió a los discípulos en el cenáculo después de la ascensión de su Hijo a los cielos, en el trascurso de los días, quizá al atardecer de cada jornada, muchos de los primeros amigos del Señor acudirían a la casa del discípulo predilecto a contar, repasar, sumar los distintos detalles que iban percibiendo como efecto de la resurrección de Jesús.

Cada tarde del mes de Mayo, se puede convertir en cita entrañable, para repasar junto a María los textos pascuales, los relatos más luminosos, los que más necesitamos en el camino de la existencia.

María, hemos visto el sepulcro vacío.

María, hemos visto las sábanas desinfladas en el sepulcro.

María, han venido las mujeres diciendo que han visto a ángeles, que les aseguraban que Jesús ha resucitado.

María, los que se marcharon esta mañana, desanimados, han vuelto y dicen que han sentido a Jesús, de nuevo, en la fracción del Pan, y a lo largo del camino.

María, -¿te has enterado?-, Tomás, el que se resistía, ha tenido una experiencia muy fuerte, y ha tocado las llagas del Señor, y lo ha  reconocido como Señor y Dios.

Señora, en el cenáculo, Pedro y los once han sido testigos de la presencia de tu Hijo, que se les ha mostrado allí y los ha saludado muy cariñoso con un gesto de paz, de cercanía. Tanta, que hasta les ha pedido algo de comer.

Señora, ya es el comentario de todos, ninguno duda, hasta los que se fueron a Galilea han sentido el paso del Señor, han almorzado con Él, después de recoger las redes repletas de peces.

¡Alégrate, María! ¡Es verdad, tu Hijo ha resucitado!



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