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Carta del Obispo

Carta con motivo de la Cuaresma del obispo de Guadix

Mons.-Gines

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Al llegar el tiempo santo de la Cuaresma, quiero invitaros a emprender juntos este camino de gracia y conversión que nos lleva hasta la Pascua del Señor, lo que celebramos, cada año, en la Semana Santa.

  Cuarenta días que son una oportunidad para experimentar, de un modo especial, el amor de Dios en nuestra vida. Desde el gesto de la imposición de la ceniza, que marca el comienzo de este tiempo, hasta el Aleluya de la noche de Pascua, la Iglesia se pone en camino para hacer memoria de la salvación que Dios ha realizado mediante la entrega de su Hijo en la cruz. Dios nos amó hasta el extremo enseñándonos que también nosotros hemos de amar de la misma manera.

  La cuaresma de este año tiene como horizonte el Año de la Fe que estamos celebrando. Celebramos que Dios sale a nuestro encuentro dándonos así lo prueba de su amor: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1Jn 4,16). Efectivamente, la fe es adhesión total, con todo lo que somos, al Dios que se nos ha dado a conocer en su Hijo Jesucristo. Hemos conocido a Dios y gustado de su amor, por eso no podemos quedar indiferentes, Dios no puede dejar indiferente al hombre. Dios nos transforma y nos abre nuevos horizontes de vida y esperanza. El encuentro constante con el Señor sostiene nuestra vida y nos da fuerzas para responder a la realidad de cada día. Es necesaria la relación habitual con Dios, es bueno confrontar nuestra vida con su Palabra, pedir que nos muestre su voluntad. Debemos recordar que la fe no es un objeto que adorna la vida del hombre, sino que la marca y le proporciona criterios que definen un estilo de vida propio.

  El tiempo de cuaresma es un tiempo de conversión. La conversión no es el resultado de la voluntad del hombre, no nos convertimos a nosotros mismos. Es el Señor quien nos convierte. Un hombre sólo se convierte por amor. Y es difícil que alguien que ha gustado del amor de Dios no se convierta para vivir sólo para ese amor. El amor nos cambia; Dios con su amor nos cambia. Por eso, hemos de pedir a Dios que nos haga gustar su amor, que transforme nuestro corazón endurecido en un corazón de carne capaz de amarlo y amar a los demás. Esta es la tarea a la que estamos convocados en la Cuaresma, una tarea hermosa a la que no debemos renunciar por miedo o comodidad.

 En este camino de la cuaresma no vamos solos, viene el Señor con nosotros, y junto a Él toda la Iglesia, que es el pueblo santo de Dios. Como alimento para el camino llevamos la Palabra de Dios y el don de su Cuerpo.

  “La Cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna” (Benedicto XVI. Carta para la Cuaresma de 2013).

  Os propongo para esta Cuaresma algunos medios que nos ayuden a vivirla con espíritu de conversión y en santidad:

  1. En primer lugar, leer y meditar cada día la Palabra de Dio; y, de un modo especial, la Palabra de Dios que se nos proclama cada domingo en la Santa Misa. Las lecturas de los domingos de Cuaresma nos trazan un verdadero itinerario de fe, que nos ayudará, sin duda, a vivir santamente este tiempo de gracia. La Palabra de Dios no conoce barreras, está escrita para cada uno de nosotros, en cada momento de nuestra historia particular. Si escuchamos lo que Dios nos dice y lo llevamos al corazón podemos dar frutos abundantes.
  2. Rezar cada día, al menos, unos minutos. Hacer silencio en cualquier lugar tranquilo y hablar con Dios como el que habla con su padre o con un amigo. Se puede terminar rezando el Padrenuestro y el Ave María.
  3. Participar en la santa Misa siempre que me sea posible, y no sólo los domingos. Buscar momentos de adoración ante el Santísimo, bien en la vista al Sagrario, bien en las adoraciones eucarísticas que se organizan en las parroquias.
  4. Acercarme al sacramento de la penitencia para confesar mis pecados y recibir el perdón de Dios. Es una experiencia de gracia insustituible que libera el corazón de tantas ataduras que lo oprimen.
  5. Privarme de algo, y que esta privación suponga una verdadera renuncia (comidas, bebidas, descanso, TV, internet, redes sociales, tabaco, etc.).
  6. Realizar obras de caridad (dar una limosna, visitar a un enfermo, ayudar a alguien que lo necesita, tener gesto de cercanía con los otros, etc.).

  Estas son algunas orientaciones, cada uno puede poner nuevos medios para vivir mejor la Cuaresma. Lo importante es hacerlo con un espíritu de conversión.

  Al empezar la Cuaresma, queridos hermanos y hermanas, os invito a mirar a la Pascua; hagamos el camino de la Cuaresma puestos nuestros ojos en Jesús, “todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos” (Flp 3,10-11).

  Ponemos este tiempo de gracia bajo la protección de María, la Virgen, Refugio de los pecadores, para que nos alcance de su Hijo la gracia de poder vivir un día la Pascua eterna.

  Con mi afecto y bendición.

En el miércoles de ceniza, 13 de febrero de 2013.

+ Ginés, Obispo de Guadix

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