Carta del Obispo Iglesia en España

Carta ante el Día de la Iglesia Diocesana 2018, por Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo

DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA 2018

Considero cada día más importante que los que formamos la Iglesia Católica en Toledo seamos conscientes de cuál es nuestro papel en la sociedad toledana en el futuro inmediato. Somos un grupo enorme dentro del territorio de la Archidiócesis, que alberga en su tierra en tres provincias (Toledo, Cáceres y Badajoz) unos 730.000 habitantes.

Quiero decir, somos una mayoría grande de católicos en esa cifra de hombres y mujeres que viven en la Diócesis. Hay entre nosotros personas de todo tipo: católicos practicantes, menos practicantes, practicantes esporádicos, practicantes sociológicamente católicos. De todas las tendencias políticas, con más o menos formación, partidarios de la piedad popular, pero bien formados o menos, con más deseos de compromiso en la vida pública. Hay católicos alejados o alejándose, y los hay indiferentes que en sus problemas acuden a su fe o se pierden en soluciones complicadas.

Seguro que hay también católicos un poco anticlericales o los que separan las tareas del sacerdote absolutamente del ámbito civil, o los que quieren que el sacerdote sea todo en la parroquia; también nostálgicos de otros tiempos y con poca decisión para afrontar las complicaciones de la transmisión de la fe a las nuevas generaciones; hay gente buenísima que sufre en silencio las dificultades por las que pasa la Iglesia y las comunidades cristianas, o la falta de respeto a cosas sagradas como son la familia, la vida y el sentido de ella, el respeto y cuidado de los mayores. Somos un grupo variadísimo y lleno de riquezas y matices.

Pero es fundamental que sepamos que somos una gran familia, no una reliquia del pasado ni creyentes cada uno a lo nuestro sin sentido de ser miembros de algo muy grande: el Pueblo de Dios, la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, su Esposa, en la que acontece la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Que podemos ser resto, pero no “residuo”. Que la Iglesia se diferencia de otros grupos, pero que ama a todos, incluso a los que no nos comprenden o no quieren bien; que queremos contribuir al bien común. Porque creer en Dios Padre, que envió a su Hijo a ser uno como nosotros en todo, menos en el pecado, ayudados por el Espíritu Santo, hace bien a nuestra sociedad y le hace ser más democrática y no de pensamiento único, que olvide la libertad religiosa, precisamente porque cree en ese Dios cercano y Padre, que nos salva de nuestras exclusividades. Y vivir el mandamiento nuevo de Cristo (“Amaos los unos a los otros como Yo os he amado)” puede salvar del individualismo feroz que llevamos todos dentro.

También es fundamental que no creamos que nuestra fe se vive sólo interiormente, sin que nadie se entere en una sociedad llena de personas anónimas, que parecen ser más un número que una persona. La Iglesia es visible y está en medio de este mundo mostrando su fe y su identidad. Por ello contribuimos a que pueda ser también viable económicamente, como otras instituciones de nuestra sociedad, porque pagamos nuestros impuestos y contribuimos al bien común de pueblos, barrios y ciudades, elegimos a nuestras autoridades cuando hay que elegir. Pero que también queremos mostrar que tenemos unos derechos, pues la Iglesia no es únicamente el Obispo, los sacerdotes y unos pocos más, sino el grupo sociológicamente mayoritario. En la medida en que somos más conscientemente católicos aportaremos económicamente para su sustento, porque la Iglesia es nuestra, porque somos la Iglesia.

Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, Primado de España

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