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Carta a los padres de familias del obispo de Sigüenza-Guadalajara sobre la clase de Religión

Carta a los padres de familias del obispo de Sigüenza-Guadalajara sobre la clase de Religión

Queridos padres de familia:

Durante los próximos días tendréis la oportunidad de inscribir a vuestros hijos en los colegios para que puedan cursar la asignatura de religión y moral católica durante el próximo curso. La experiencia de años pasados es un testimonio fehaciente de la alta valoración que esta asignatura tiene para vosotros a la hora de pensar en la formación integral de vuestros hijos.

A pesar de las dificultades, no dejéis de ejercer este derecho, que os corresponde como padres, y que, además, está garantizado por la Constitución española. No os dejéis engañar por nadie y no renunciéis a vuestras responsabilidades educativas, pues como sabéis muy bien para la buena formación y educación de la persona tienen una importancia decisiva las primeras etapas de la vida.

Para lograr esta buena formación no basta que los niños y jóvenes reciban conocimientos e informaciones sobre las distintas materias que han de estudiar. Además de los contenidos teóricos, necesitan certezas sólidas y criterios seguros sobre los que construir su vida. Los jóvenes, al igual que los adultos, esperan respuestas convincentes y verdaderas a los interrogantes sobre Dios y sobre el sentido de la vida humana.

Por lo tanto, una educación que prescinda de Dios no puede transmitir los grandes valores éticos que el testimonio y las enseñanzas de Jesucristo nos han legado. Sólo el Señor es el auténtico transmisor de un mensaje de felicidad, de esperanza y de sentido pleno para la existencia humana y para la convivencia social. El Concilio Vaticano II afirma al respecto: “El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la tarea de la construcción del mundo, ni les impulsa a despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber” (GS 34).

Partiendo de estos presupuestos, pienso que ningún niño, incluso en el caso de que sus padres no fuesen creyentes, debería verse privado de una autentica educación en los principales contenidos de la fe cristiana para ayudarle a dar pasos seguros en el descubrimiento de la verdad. Quien cree en Dios y pone su esperanza en Él actúa siempre desde una actitud de humildad y valentía, al constatar que, a pesar de los fracasos y dificultades, su vida, su actividad y la misma historia están custodiadas por el amor infinito de Dios y, por tanto, no quedan nunca sin fruto ni carecen de sentido.

Pero, aunque sólo fuese por razones culturales, es muy importante que los niños y jóvenes conozcan las verdades fundamentales de la fe cristiana. Nuestra historia y nuestra cultura están cimentadas en las convicciones religiosas y en las manifestaciones artísticas de miles de cristianos, que nos han legado espléndidos testimonios de virtud  y de entrega a los hermanos. Conocer la fe cristiana, además de ayudarnos a descubrir a Jesucristo como modelo de conducta, nos permite adquirir unos principios para no dejarnos arrastrar por los criterios sociales y por las modas del momento.

Queridos padres, contad con mi oración ante el Señor para que podáis afrontar con valentía y con paciencia la formación de vuestros hijos, a pesar de las dificultades.

 

+ Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

 

 

 

 

 



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