Firmas

Carmen y Álvaro: “Creando y creyendo”, por José Moreno Losada

carmen-y-alvaro

Carmen y Álvaro: “Creando y creyendo”, por José Moreno Losada

Llegué ayer de los Ejercicios Espirituales en Ávila. Allí, el corazón se ha puesto a punto con la clave de estudio del Evangelio –servido ministerialmente por Pedro Sandi, de Santander, a un grupo de cincuenta sacerdotes de distintas diócesis españolas-, sintetizada en el versículo de Pablo: “Hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en Él”.

Hoy, me siento en la mesa de trabajo del hogar –en soledad habitada- para recobrar la normalidad propia de lo diario y rutinario de la vida, que tan necesarios son. Pero no me vale de mucho porque, en medio de un trabajo comprometido para Cáritas -donde, junto a otros compañeros de la diócesis, queremos ayudar a vivir los tiempos litúrgicos del próximo año-, estoy intercambiando mensajes de cara a un viaje que mañana realizaré a Madrid, que será de ida y vuelta para mí, aunque no para Álvaro y Carmen. Ellos, tras la Asamblea celebrada en Valladolid, se mostraron disponibles para servir al mundo estudiantil, de los institutos y universidades, desde el movimiento de la Juventud Estudiante Católica (JEC). Para ello, dedicarán tres años de su vida joven, con exclusividad, al anuncio del Evangelio en este ambiente específico estudiantil: coordinando y animando este movimiento de Acción Católica especializada.

Para mí, se trata de un viaje realmente sacramental, significativo, que me exige lectura creyente. Una lectura que puede ir cifrada por dos frases simbólicas y realmente litúrgicas que me han ocupado este verano. La primera, la que brotó en mí de una manera especial en los Ejercicios Espirituales, porque no hay duda de que Álvaro y Carmen, con esta disponibilidad y entrega, nos muestran un signo palpable de que “han conocido el amor de Dios en Cristo y han creído en Él”; la segunda, la que representaba nuestro eslogan en la Asamblea de la JEC y que, también, se hace pan en este gesto de vida entregada: “Creamos lo que creemos”.

Es una misma clave en dos versiones: “Cogió el pan –de su vida-, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: tomad y comed porque esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”. Esta es la misión por la que Álvaro y Carmen entregan tres cruciales años de sus vidas, al acabar sus carreras de música y magisterio-psicopedagogía: han cogido su pan y lo van a partir para repartirlo entre aquellos que buscan con inquietud sentido y luz para sus vidas. Quieren salir a las calles, ser anuncio y despertar para que todos tengan vida y, especialmente, los que más muerte y dolor sufren en la historia: los pobres, los preferidos de Jesús.

Y esto lo siento y lo rezo cuando sostengo en mis manos una pequeña introducción para el día de Jueves Santo, entre los apuntes del cuaderno de Cáritas que estamos elaborando para el próximo año. Ahí lanzo esta reflexión que mañana, en ese viaje a Madrid, con estos dos jóvenes, se hará comida y bebida en la mesa de este Cristo que está realmente presente en el corazón de ellos y de muchos otros a los que va a llegar a través de su entrega generosa. Desde ellos y por ellos –en su entrega arriesgada y gratuita-, en el pan de la Eucaristía de los que saben perder para ganar la vida, lo celebro con todos vosotros en este anuncio de Jueves Santo regalado y divino que irrumpe en el último día vacacional de Agosto:

“La mesa está preparada, el miedo y la incertidumbre de lo que pueda pasar no han podido parar la fuerza del amor que amasa el pan de la vida y que se entrega para que la esperanza no se agote en la humanidad. Humanidad  que, desesperada, busca la fuente de la verdad y de la justicia que dignifican a cada ser humano en lo anónimo de cada historia personal. Nadie está excluido de la invitación amorosa, ni siquiera el que entrega la inocencia y la bondad de un mártir justo por un comercio corrupto, que paga a quien traiciona. Nadie está excluido porque la mesa es universal, como el corazón del Padre, y la última palabra no la tiene la condena, sino la libertad de la gracia que salva por encima de todo mal y que siempre llama al amor para curar y sanar todo lo destrozado y herido en la humanidad y su historia. Todo lo humano está en este pan y en el corazón de quien lo toma en sus manos, Jesús de Nazaret –y todos los que han conocido su amor y han creído en Él-, para partirlo y darse en cada pedazo que busca el corazón del otro para alegrarle la vida con el vino de la Buena Noticia. La que proclama que el amor es más fuerte que la muerte y que se enfrenta a ella de una vez para siempre, para vencerla y abrir las puertas que llevan a la alegría que no tiene vuelta atrás, que no le concede ni un palmo al luto, ni al dolor, ni a las lágrimas. Le hemos conocido al partir el pan y ya nadie podrá quitarnos el gozo de brindar en vasos de vida eterna: con Aquél que sólo es amor y con los pobres que Él prefiere en lo universal de su fraternidad».

Por Carmen Ledesma y Álvaro Mota vuelvo a reafirmarme en que «hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en Él», y en que su gesto de disponibilidad para servir, dando estos tres años de su vida, muestran que “crean lo que creen”.

Hoy y siempre, ¡que Dios os bendiga por ser pan bendito que Él nos regala!

José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

Print Friendly, PDF & Email

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.