Editorial Revista Ecclesia
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Opinión

Cáritas, la crisis y el deber de la caridad – editorial Ecclesia

En las páginas 8 y 9 de este mismo número publicamos los principales datos y valoraciones de la Memoria 2012 de Cáritas Española. La gravedad y la hondura de la crisis económica que asola a España en los cinco últimos años aparecen reflejadas con claridad y crudeza en el informe.  

Y es que, aun cuando los indicadores macroeconómicos señalan que ya se puede empezar a ver luz en medio de túnel, el drama del paro –sobre todo, juvenil y de trabajadores  a partir de los 50 años- y las consecuencias de las políticas económicas –quizás inevitables- siguen oscureciendo y quebrando la vida de nuestra sociedad, que, además, quizás tampoco esté aprovechando lo que la crisis tiene de oportunidad. Salir de la crisis –cuando se salga- sin haber aprendido y extirpando sus causas, podría abocarnos no solo a volver a caer en una nueva, sino a dejar nuestros corazones con los mismos sentimientos y actitudes que nos llevaron a la crisis. Y esto sería un error, una lástima, una ocasión lamentablemente perdida.

La Memoria 2012 de Cáritas certifica que tres millones de personas malviven en España con menos de 307 euros al mes. Se incrementa la desigualdad en España, con el valor más elevado de toda Europa. Se cronifica el paro en personas mayores de 50 años. Desde que se inició la crisis, Cáritas ha triplicado el número de personas atendidas, hasta alcanzar la cifra de 1.300.914 personas en el año 2012, más de un millón en asistencia básica. Y mujeres e inmigrantes siguen siendo el rostro más visible de la pobreza y  la exclusión.

Por otro lado, Cáritas Española crece en voluntarios (70.229 son la cifra total de 2012) y en recursos invertidos (más de 276 millones). Casi 194 millones (el 70,20% del total de recursos) proceden de aportaciones privadas. Cáritas destina a gastos de gestión y administración sólo 6,7 céntimos de cada euro invertido y el resto, va directamente a los necesitados. Cáritas atendió en 2012 a 4.929.361 personas en situación de mayor exclusión social: de ellas, 1.904.737 fueron acompañadas en España y 3.024.624 en los países del Sur.

Ambas realidades, son la “cruz” y la “cara” –por decirlo de modo gráfico y coloquial-, las sombras y las luces de una situación que sigue urgiendo y priorizando el trabajo de nuestras Cáritas y nuestra colaboración generosa y entusiasta con ella. Porque no solo Cáritas somos todos, es toda la Iglesia, sino, sobre todo, porque la caridad no puede esperar. Y porque la caridad siempre ha de ser objeto de exigencia y de fidelidad a su verdadera identidad por parte de la  entera comunidad eclesial y de todos y cada de sus integrantes. Porque con crisis o saliendo de ella, la caridad es el modo de ser de Dios y el mandamiento principal de los cristianos.

“La caridad –afirmó el Papa Francisco en Cerdeña (ECCLESIA, número 3.696, páginas 24 y 25)- no es un simple asistencialismo, y menos un asistencialismo para tranquilizar las conciencias… La caridad, el amor, es una opción de vida, es un modo de ser, de vivir, es el camino de la humildad y de la solidaridad”.

De ahí, la necesidad de no caer en autocomplacencias ni en autorreferencialidades, sino examinarnos en la caridad. Nada menos oportuno y contraproducente ahora y siempre, pues, que la caridad a la carta, que la caridad a cuentagotas, la caridad por tramos o por tiempos y la “soberbia” de la caridad.

Señalaba el Papa en su encuentro con pobres y presos en Cágliari que “debemos hacer las obras de misericordia, pero con misericordia. Con el corazón ahí. Las obras de caridad con caridad, con ternura, y siempre con humildad. ¿Sabéis? A veces se encuentra también la arrogancia en el servicio a los pobres. Estoy seguro –prosiguió- de que vosotros lo habéis visto. Esa arrogancia en el servicio a los que necesitan de nuestro servicio. Algunos presumen, se llenan la boca con los pobres. Algunos instrumentalizan a los pobres por intereses personales o del propio grupo”. Y esto no es caridad, esto –habla de nuevo el Papa- “es pecado”.

¡Claro que tenemos motivos para estar agradecidos y satisfechos del trabajo de nuestras Cáritas e instituciones eclesiales de caridad! Precisamente por ello, hemos todos de contribuir a que sigan prestando el mejor servicio posible y a dejarnos moldear por el deber de la caridad: gozoso, humilde, fiel, desinteresado e inexcusable deber.

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