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Cáritas acompaña a casi 3 millones de personas en riesgo de exclusión social

La solidaridad tiene un rostro concreto: el de los 2,7 millones de personas acompañadas dentro y fuera de España por la 70 Cáritas Diocesanas que integran la Confederación Cáritas en nuestro país, que invirtieron en el último año un total de 353 millones de euros. Así se extrae de los datos de la Memoria 2018 de Cáritas Española presentados hoy en Madrid . Unas cifras que confirman, un año más, la fortaleza de la base social de los voluntarios y donantes que sostienen el compromiso de lucha contra la exclusión social.
Los datos han sido presentados en la sede de Cáritas Española por el obispo auxiliar de Santiago de Compostela y responsable de Cáritas en la Comisión de Pastoral Social, Jesús Fernández; y por el presidente y la secretaria general de la institución, Manuel Bretón y Natalia Peiro.
Fernández ha comenzado su intervención refiriéndose a las sesiones del Sínodo para la Amazonía que se celebra en Roma, para que «esta Memoria confederal de Cáritas sea prueba palpable de esa preocupación por el cuidado de la Casa común y el compromiso de toda la Confederación en un modelo de desarrollo sostenible e integral, puesto al servicio de las personas y la defensa de sus derechos y su dignidad». Además, ha querido agradecer la entrega de todos «los cientos de miles de manos generosas al servicio de la caridad que dedican su tiempo y entregan su persona al servicio de los necesitados en Cáritas y en otras instituciones de la Iglesia». Con estas páginas, ha explicado el obispo, se dibujan «esos andamios de esperanza en un futuro mejor al que nos convoca el Evangelio, cuando nos urge a acompañar a los pobres y construirles unas condiciones de vida más humanas».
«Estar cerca que quienes más lo necesitan». Así lo ha expresado Natalia Peiro que ha realizado un exhaustivo repaso a las cifras de Cáritas que arrojan evidencias «sobre algunos rasgos de la realidad social de nuestro país que, analizados a la luz de los datos, merecen especial atención: se han recuperado los niveles de integración social y han mejorado las condiciones de vida de los que se encontraban bien o regular tirando a bien». No obstante, la secretaria general de Cáritas ha subrayado que «esta mejoría no ha alcanzado a muchas familias de las que peor se encontraban, ni esta recuperación se ha producido con la intensidad adecuada para mejorar sustancialmente sus condiciones de vida».
De hecho, ha señalado, «la exclusión social se ha enquistado en la estructura social de nuestro país». La situación más precaria «es la que afecta a esos 1,8 millones de personas que se malviven en el extremo de la exclusión más severa y a los que podemos definir como la sociedad expulsada, que son el 3,8% de la población y que ha seguido creciendo en los últimos años, hasta incrementarse en más de 200.000 personas». Sobre ellos se ha cebado la desigualdad y la precariedad en sus diferentes formas: la vivienda insegura e inadecuada, el desempleo persistente, la precariedad laboral extrema, la falta de políticas públicas eficaces y la invisibilidad para los partidos políticos.
«Estas familias –recuerda Natalia Peiro— viven en la supervivencia pura y dura como objetivo cotidiano, han roto sus vínculos con el resto de la sociedad porque sienten no se les tiene en cuenta y se enfrentan a un sistema de protección social que no está orientado ni diseñado para acompañarles en esta situación de máxima exclusión».
Por su parte, un año más y aunque existe una gran variedad de perfiles, una persona que se acerca a Cáritas en busca de apoyo suele ser una mujer (60% de los participantes), española (55%), de 30 a 54 años (55%), con hijos a su cargo, con un tiempo de acompañamiento por parte de Cáritas superior a los 4 años (40%) y que alterna periodos de trabajo con búsqueda activa de empleo.
«Son las mujeres quienes sufren mayores problemas para acceder a un empleo y tienen que trabajar más para ingresar lo mismo, sintiendo la sobrecarga de los cuidados de pequeños y mayores, teniendo más dificultades para acceder y mantener una vivienda. En definitiva, acumulan mayor riesgo de exclusión social, especialmente en los hogares donde las mujeres son sustentadoras principales». En esta línea, Peiro ha sido tajante al desmentir el estereotipo «últimamente tan repetido» de que «las personas extranjeras copan los recursos de Cáritas y otras entidades sociales: Nuestro propios datos de intervención confirman que la mayoría de las personas acompañadas por Cáritas son españolas o de la UE (60%). Conviene destacar, en este sentido, que Cáritas, como expresión de una Iglesia samaritana, no hace acepción de personas a la hora de prestar ayuda a quien lo solicita».

Natalia Peiro ha concluido con una petición personal: «Nos necesitamos y tenemos que fortalecer los vínculos unos con otros para hacer posible una sociedad en la que los más vulnerables dejen de perder para ganar. Cada gesto cuenta».
Según Cáritas, en las cifras presentadas se ha constatado un doble aumento, tanto en el número de voluntarios, que pasan de los 83.951 de 2017 a 84.551 en 2018, como en el volumen de recursos aportados por donantes privados y empresas colaboradoras, que suben del 72,7% en 2017 (256.561.971 euros) al 73,1% en 2018 (257.922.476 euros). Es decir, de cada 100 euros invertidos por Cáritas en acciones sociales, 73 proceden de fondos privados.
Manuel Bretón, por su parte, ha querido agradecer a todos ellos «que hacen posible toda la actividad recogida en estas páginas, sin los cuales Cáritas no existiría, como tampoco podría mantener su ingente actividad social sin el apoyo generoso y amplio de colaboradores, donantes y empresas convencidas del valor de la dimensión social de su actividad». Gracias a estos gestos fraternos «Cáritas puede estar cerca de quien más lo necesita en cada momento, defendiendo sus derechos en las tres áreas fundamentales del desarrollo: necesidades básicas, sentido de la vida y participación social», ha indicado.

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