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Cardenal Re: «Quien cree en la Eucaristía nunca está solo»

El cardenal Giovanni Battista Re, decano del colegio cardenalicio, ha sido el encargado de presidir la misa in Coena Domini este Jueves Santo en el Vaticano. En su homilía ha reflexionado sobre los dos misterios que Jesús instauró durante la Última Cena con sus discípulos: La institución de la Eucaristía y del sacerdocio. «Quien cree en la Eucaristía nunca está solo», ha dicho Re, que ha invitado a los fieles a rezar esta noche desde sus hogares para acompañar a Jesús, ya que a causa de la pandemia la adoración nocturna no podrá llevarse a cabo.

El cardenal Re ha recordado que esta celebración eucarística, «nos hace revivir la tarde en que Cristo, rodeado de los Apóstoles en el Cenáculo, instituyó la Eucaristía y el sacerdocio, confiándonos también el mandamiento del amor fraterno. Igualmente, el decano del Colegio de Cardenales, ha insistido en el sentido de la expresión evangélica «Los amó hasta el extremo: Esta conmovedora afirmación significa que los amó hasta su muerte en la Cruz al día siguiente, el Viernes Santo, pero también significa un amor hasta el extremo, es decir, hasta el grado supremo e insuperable de la capacidad de amar. Por eso, la noche del Jueves Santo nos recuerda cuánto hemos sido amados; nos dice que el Hijo de Dios, en su afecto por nosotros, no nos dio algo, sino que se entregó a sí mismo —su Cuerpo y su Sangre—, es decir, la totalidad de su persona, y que, por nuestra redención, aceptó sufrir la muerte más ignominiosa ofreciéndose como víctima»

Cuerpo de Cristo: «El don más precioso de la Iglesia»

Por tanto, el purpurado ha subrayado que la existencia de la Eucaristía «solo se explica porque Cristo nos amó y quiso estar cerca de cada uno de nosotros durante todos los siglos, hasta el fin del mundo”. De ahí que la Iglesia siempre ha considerado este sacramento como “el don más precioso con el que ha sido enriquecida». Es una llamada a la apertura a los demás, «al amor fraterno, a saber perdonar y socorrer a los que están en dificultad».

En cuanto al misterio de la institución del sacerdocio católico, que recordamos esta tarde, ha citado las palabras de Cristo, «el verdadero sacerdote», a los apóstoles en la Última Cena: «Haced esto en memoria mía». De este modo, ha añadido, «fue Jesús mismo quien irradió poderes sacerdotales sobre los Apóstoles, para que la Eucaristía y el Sacramento del Perdón siguieran renovándose en la Iglesia; dio a la humanidad un don incomparable».

Acompañar a Jesús orando en nuestros hogares

Por ello, el decano de los cardenales ha invitado a los fieles a seguir rezando esta noche al regresar a sus hogares tras la celebración eucarística, «con el pensamiento y el corazón llenos de gratitud por Jesucristo, que ha querido permanecer presente entre nosotros como nuestro contemporáneo bajo el velo del pan y el vino». Dios se ha acercado tanto a nosotros «que nunca debemos sentirnos abandonados, porque siempre somos buscados por Él, amados e invitados a obtener, mediante el arrepentimiento y el sacramento de la Reconciliación, la alegría de su perdón y a iniciar una renovación espiritual con un corazón más abierto a Dios y a todos nuestros hermanos».



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