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Cardenal Porras: El miedo y la represión en Venezuela son enormes

«La Iglesia es la institución más creíble y confiable de Venezuela, no porque seamos los mejores, sino porque no hay otra. Y esa confianza nace de su cercanía a la gente en sus necesidades». El autor de esta afirmación es el arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas, cardenal Baltazar Porras, quien este martes 11 de febrero ha comparecido antes los medios para invitar a los españoles a seguir colaborando en la segunda fase de la campaña «Yo contigo, Venezuela», lanzada por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) la pasada Navidad y que se ha sido prolongada hasta marzo. Según el secretario general de ACN-España, Javier Menéndez-Ros, la «entusiasta y generosa» respuesta de los españoles ha permitido recaudar más de 1.400.000 euros. «Una respuesta muy similar a la campaña del año pasado para los cristianos de Siria», ha dicho.

Monseñor Porras, que venía de Italia de participar en un encuentro con la Acción Católica Italiana y la Federación Internacional de Acción Católica, ha descrito en su intervención un panorama ciertamente desolador: falta de alimentos, de medicinas, cortes de luz, madres y niños que pasan hambre, aumento del número de suicidios y enfermedades mentales, violaciones de los derechos humanos, desapariciones, control de los medios de comunicación… «¿Por qué la gente no protesta, por qué no se levanta?”, se ha preguntado. «Porque el miedo es libre. Y el miedo y la represión que hay son enormes. Desaparecen jóvenes, pasan meses sin saber de ellos y luego aparecen sus cadáveres tirados… Hay una militarización muy notable». Viendo el stand de Venezuela en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) celebrada hace unas semanas en Madrid —ha añadido—«uno se pregunta de qué país están hablando».

El «termómetro» de esta «dramática crisis» son los 4-5 millones de venezolanos («algunos hablan de más») que se han marchado al extranjero. Solo en Colombia han recalado 1,5 millones. «Hay gente que sale con lo puesto para irse a Chile o a Argentina, sobreviviendo de lo que les puedan dar por el camino», afirma. Ahora bien, «no todo el que sale es trigo limpio»: al otro lado de la frontera algunos están explotando laboralmente y para la trata a los connacionales que llegan. «Hay muchachas y mujeres a las que les quitan los papeles y quedan como esclavas para lo que sea. Y también está el tema del negocio de órganos de niños y jóvenes. Todo esto clama al cielo».

Remesas

Los 30, 40 ó 50 dólares que envían los migrantes cada mes, prosigue el cardenal, son los que posibilitan la supervivencia de los familiares que se han quedado en Venezuela. «Las remesas son la segunda fuente de ingresos, después del petróleo. Se está hablando de que en concepto de remesas están entrando 3.000 millones de dólares», indica.

«Las políticas erradas han acabado con la economía», dice. Si hace unos años la nación era casi autosuficiente en alimentos y medicinas, ahora casi todo viene del exterior. «La entrega de medicamentos, además, se hace complicada, y depende muchas veces de que el funcionario de turno los deje pasar o no». No obstante, quiere precisar que todo este sufrimiento «no es un castigo de Dios». «Ha sido nuestro propio egoísmo el que nos ha llevado a esto; y también la falta de una preparación ciudadana mayor ante tanto populismo y tanto mesianismo».

El purpurado, presidente también de la Cáritas Nacional, ha explicado que la Iglesia trabaja codo con codo con las ONG en el tema de los derechos humanos, si bien los medios con los que cuenta son limitados. «En estos últimos años —señala— la represión interna ha crecido mucho, enormemente. (…) Las violaciones de los derechos humanos son crecientes, sobre todo en lo que respecta a las desapariciones y muertes». Preguntado por la repercusión interna del «Informe Bachelet», señala que las denuncias de este no han llegado a los venezolanos debido al control de los medios. El informe, hecho público en julio de 2019, «denuncia lo que no se puede negar». Actualmente se trabaja para que el gobierno autorice la instalación en el país de una oficina permanente de la ONU y se está a la espera de un nuevo pronunciamiento del Alto Comisionado que dirige la expresidenta chilena.

Encuentro Ábalos-Delcy Rodríguez

Respecto al encuentro, en la madrugada del pasado 20 de enero, en el aeropuerto de Madrid, del ministro de Trabajo del gobierno español José Luis Ábalos con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, sobre la que pesan sanciones de la Unión Europea, monseñor Porras ha dicho que la de la vicepresidenta fue «una visita un tanto intempestiva» y ha pedido que se exija siempre «verdad y transparencia» a los dirigentes políticos. «No puede ser que se diga una cosa, que se desmienta, que se diga una tercera, y una cuarta… porque eso no ayuda ni apoya. Para nosotros, en estos momentos es un interrogante de qué manera el cambio de gobierno en España afectará a la relación con Venezuela». En este sentido, ha pedido también que se aplique una «política transparente», por ejemplo en lo referente a la venta de armas, que rechaza. «Esas armas que se venden a Venezuela no son para disparar al Imperio, sino a la población». Con respecto a la búsqueda de una solución política a la crisis, ha dicho: «Queremos una salida a esta situación que sea pacífica y democrática, sin lenguaje bélico. Nos necesitamos todos».

Monseñor Porras denuncia asimismo la «enorme falta de credibilidad y de confianza» de sus compatriotas acerca de la información que reciben, hecho este derivado de la falta de libertad de expresión. «Es muy difícil saber exactamente qué es lo que pasa. Muchas veces se conoce mejor lo que pasa desde afuera. Más del 85% de los medios de comunicación están mediatizados por las políticas del gobierno y la prensa libre está muy amenazada. Hay cosas que no se pueden decir ni denunciar, y llamadas y amenazas muy sutiles a personas».

El administrador apostólico de Caracas ha elogiado, por último, la generosidad y el ejemplo de la gente sencilla y humilde que, como en el Evangelio, da y comparte desde su pobreza. Esa generosidad, por ejemplo, es la que ha permitido las ollas solidarias. «Las aprendimos de otros países de América Latina, nacieron hace tres o cuatro años para la campaña de Cuaresma y hoy son algo prácticamente habitual en todas las parroquias con una periodicidad semanal o quincenal».

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