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Cardenal Osoro ante el Pacto Educativo Global: «No podemos tolerar que al hombre se le arrebate el alma»

«El Papa Francisco nos reúne por la importancia que tiene renovar la pasión por una educación mas humanista». Con estas palabras del cardenal Carlos Osoro, comenzaba la presentación virtual sobre el Pacto Global por la Educación promovido por el Papa Francisco y organizada por la archidiócesis de Madrid. En el encuentro, Osoro ha reivindicado que «no podemos tolerar que al hombre se le arrebate el alma», ya que en este mundo que vive cambio de época, «una metamorfosis no solo cultural sino también antropológica, genera nuevos lenguajes y descarta, sin discernimiento, los paradigmas que la historia nos ha dado». Así lo ha expresado citando al Santo Padre y señalando que en no pocas ocasiones, como la educación afronta la llamada «rapidación», que encarcela la existencia «en el vértice de la velocidad tecnológica y digital, cambiando continuamente los puntos de referencia».

Ante esta situación, este Pacto Global Educativo propone construir una «aldea de la educación» donde se comparta en la diversidad el compromiso por generar una red de relaciones humanas y abiertas. En cualquier circunstancia, ha dicho el arzobispo de Madrid, «debemos plantearnos el cuidado del mundo sin manosear palabras como democracia, unidad, justicia, verdad o vida».

De esta manera, ha proseguido, «el pueblo no debe perder su fisonomía espiritual ni moral. Hay que reactivar el compromiso de los más jóvenes, que a veces entienden la vida “cerrada” y sobreviven entre agresiones, marcadas por las ideologías y egoísmo que pierden el sentido de lo común dejando a un lado los intereses verdaderos y la solidaridad desde la que se construye un pueblo». Por todo ello, Osoro ha invitado a trabajar la cultura del cuidado día tras día, «como trayecto esencial en nuestra vida para conseguir ese camino de esperanza en el dialogo, en la reconciliación y en la conversión ecológica». Es más necesario que nunca, ha concluido, «convertirnos en samaritanos, salir a los caminos reales como Iglesia en la tarea educativa para vencer la indiferencia y conquistar la realidad plena del ser humano y convivir como hermanos. Necesitamos hombres y mujeres que “curen”, que se involucren en el desarrollo integral de todos. Tenemos una gran responsabilidad».

El compromiso de Escuelas Católicas

Al cardenal de Madrid le ha acompañado en el coloquio el presidente de Escuelas Católicas de Madrid, Manuel de Castro, que ha manifestado el compromiso de Escuelas Católicas con la diversas formas de cultivar el cuidado en la actual cultura del descarte, «que proviene del rechazo» y establecer la fraternidad como «elemento constitutivo de la sociedad». La humanidad, ha profundizado, «necesita cambiar, esa pertenencia mutua y futuro compartido comporta el desafío de educar desde la y para la fraternidad». De Castro ha asegurado que «hay que educar para acoger y tomar conciencia a la hora de trabajar en las periferias, donde la pobreza juvenil generalizada es fruto de la cultura del descarte». Por eso, desde la institución, ha invitado a salir al encuentro de fenómenos «como el acoso escolar, un asunto ante el que no se puede permanecer indiferente». Por eso, las escuelas que tejen vínculos es un retrato real de la escuela católica que, en este momento, «obliga a repensar la practica educativa».En este punto, ha animado «a realizar un discernimiento sobre su actuación en todos los ámbitos como instrumento fundamental para transformar el mundo».

«No hay objetivo más noble que todos los niños puedan acceder a una educación de calidad»

El coloquio, que ha sido moderado por la delegada de enseñanza de la archidiócesis, Inmaculada Florido, ha implicado a los oyentes a ese estilo de humanidad en la que «la educación es la herramienta más eficaz para garantizarla», ha asegurado el decano del Colegio Profesional de Docentes, Roberto Salmerón. «No hay objetivo más noble que todos los niños puedan acceder a una educación de calidad, para construir entre todos una sociedad mas justa y solidaria», ha explicado.

Además, se ha unido a las principales líneas del Pacto de Francisco, para conseguir «una educación integradora, rechazando los estilos de vida que favorecen la cultura del descarte». En esta misma línea, se ha sumado a «esa igualdad de oportunidades en una enseñanza de calidad» porque según ha insistido «educar es apostar por buscar una cultura integral y participativa, capaz de cambiar el futuro». El decano ha alabado la propuesta de «poner en el centro a la persona y su dignidad y recrear el tejido de la fraternidad, para educar y educarnos junto a los más vulnerables, protegiendo además los recursos y respetando el entorno humano». Ha resaltado además, que «la educación es un bien común que nos permite reavivar el deseo de humanidad, condición para que una sociedad sea solidaria e integradora».

La asignatura de Religión

Carlos Esteban, director del Observatorio Sobre la Religión en la Escuela, y autor de La clase de Religión en salida, ha cerrado la charla refiriéndose al papel de los profesores de Religión, que a juicio del Informe 2020, «tiene mucha mejor salud en las aulas que algunos medios se empeñan en transmitir». La enseñanza de la Religión responde a la llamada a ese pacto educativo del Papa Francisco, sumándose a esa mejora de la sociedad, a través de la vocación de los docentes de religión.  El aprendizaje de esta asignatura «es una formación humana que con aprendizajes esenciales, con su apuesta por la dignidad de cada uno a la vez que por la del mundo que les rodea». Es un aprendizaje «invisible», porque pasa desapercibido, «pero que están en el fondo» y que constituye la raíz de la vida «y que acaba convirtiéndose en los cimientos de la sociedad como casa común de la humanidad». Los alumnos que están en las aulas «protagonizarán un cambio de mundo, en los que estamos llamados a dialogar, a abrir un espacio de encuentro». Por eso, «ojala estos aprendizajes invisibles, pero esenciales, nos puedan impulsar para hacer que nuestra escuela sea un lugar mejor que se abra a toda la sociedad». Las creencias y los valores tienen que ser los ejes en la educación del futuro, que coinciden con la Agenda 2030, por eso, el compromiso de la asignatura de Religión es ese compromiso para llegar a la cultura del encuentro con todos».



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