Revista Ecclesia » Cardenal Omella: «Un derecho que no sirve al ser humano no sirve para nada»
Monseñor Vito Pio Tinto, decano de la Rota Romana / Foto Universidad San Dámaso
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Cardenal Omella: «Un derecho que no sirve al ser humano no sirve para nada»

Esta mañana el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española, aseguraba en la Universidad San Dámaso que el Derecho Canónico es un servicio que debe ser evangelizador y para ello ha citado una serie de puntos que pueden ayudar: «El Derecho Canónico es para el hombre y no el hombre para el Derecho; dedicar tiempo a escuchar, a prestar atención; que sea un instrumento no un fin en sí mismo; Jesús es nuestro mejor abogado, mírale siempre tú que trabajas en el mundo del derecho; trabaja para que no se corrompa el sujeto; y si fueras tú el que está delante, ¿como te gustaría ser atendido?; la misericordia no es el todo vale, eso es un engaño; que tu despacho no sea nunca una sala de tortura; guarda el secreto debido; y un derecho que no sirve al ser humano no sirve para nada». Durante la presentación del libro «Los procesos en el Código de Derecho Canónico. Comentario sistemático al libro VII después de la reforma del Papa Francisco con el M.p. ‘Mitis Iudex Dominus Iesus’», el cardenal ha indicado que la reforma del proceso matrimonial canónico para las causas de nulidades mediante el motu proprio al que se refiere el libro presentado y la exhortación apostólica Amoris laetitia invitan a toda la Iglesia a hacer un «proceso de conversión pastoral» con un «deseo de integración, discernimiento y acompañamiento de todas las familias».

Vito Pio Pinto, decano de la Rota Romana, es el autor de esta publicación que fue presentada por el cardenal Omella, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid y vicepresidente de la CEE, y Bernardito Auza, nuncio de Su Santidad en España. En su presentación, el nuncio ha destacado la trayectoria del autor, que «ha consagrado su vida al servicio del sacramento del matrimonio como fundamento de la familia y, por consiguiente, de la sociedad». Una tarea «ardua» por la necesidad de adecuarse a la «verdad del matrimonio» revelada por Dios, en la que ha trabajado «con tenacidad» y siempre fiel a la perspectiva jurídica. Todo ello, guiado por una «fe solida», un «amor vivo a la Iglesia» y una «devoción al sucesor de Pedro».

La conversión pastoral

Por su parte, el decano de la Rota trasladó el saludo directo del Papa y puso sobre la mesa la necesidad de la «conversión pastoral» a una «cercanía a los que se recibe de Dios», a todos los hombres, a los pobres. «Creo que los fieles desean ver en los obispos esta conversión», ha indicado, detacando que esta conversión pastoral debe etar en la parroquia. Los movimientos, bienvenidos, «pero la parroquia es la estructura sustancial de la Iglesia». «Es el lugar del Espíritu», y ha reconocido que la experiencias más importantes de su vida fue haber sido párroco, «gracias a Dios», durante 15 años. Sobre el matrimonio y la familia, ha recordado que, para la Iglesia, «están a la cabeza de todos los elementos de la vida» e igualmente son un pilar en el pontificado de Francisco, que ha convocado «no uno, sino dos sínodos» sobre las cuestiones que le afectan, en los que, además, ha mostrado esa sinodalidad. El decano de la Rota Romana, que fue padre sinodal, ha dado fe de que el Papa no ha caminado solo en este discernimiento «sino en la unidad a sus obispos». Y ha concluido señalando que «un jurista no lo puede ser verdaderamente si no es primeramente eclesiólogo, si no ama a al iglesia», y que ésta no puede ser Iglesia «si no es Iglesia encarnada». De ahí la atención pastoral a las necesidades concretas en situaciones de dificultad pastoral y familiar.

Atender el sufrimiento de la gente

Por último, el cardenal Osoro, clausurando el acto, ha indicado que el libro de monseñor Vito Pio Tinto está «tremendamente impregnado de un sentido pastoral profundo», y atendiendo a cada caso concreto con esos criterios de justicia y de verdad que conducen a la auténtica caridad. Qué importante es, ha dicho, ayudar a las familias que «viven un fracaso matrimonial». Los tribunales deben garantizar la verdad del vínculo y a su vez, como dice el Papa Francisco, ser «tribunales de la misericordia» en los que «mostrar la cercanía humana y donde se ofrezca el testimonio de la gratuidad con que la Iglesia sirve al bien de todos», desde ese «servicio sincero a la verdad de cada situación y del vínculo conyugal». Y aquí hay que hacer un «esfuerzo muy grande» porque «hay mucha gente sufriendo», ha concluido.



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