Revista Ecclesia » Cardenal Juan José Omella: «El amor de Dios siempre rompe nuestros esquemas»
Juan José Omella, cardenal y arzobispo de Barcelona. Foto de Pere Virgili
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Cardenal Juan José Omella: «El amor de Dios siempre rompe nuestros esquemas»

Hoy la Iglesia celebra el Domingo de la Divina Misericordia. El Papa Juan Pablo II instituyó esta fiesta el año 2000 y quiso que tuviera lugar cada segundo domingo de Pascua.

En la carta pastoral del arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Omella,  nos recuerda, como dice san Juan Pablo II que «la misericordia no es un mensaje nuevo, pero nos puede ayudar a vivir intensamente la buena noticia de la Pascua, que podemos ofrecer como un rayo de luz a nuestros hermanos».  «Del corazón de Dios brota una corriente de misericordia que nos llena de alegría, de esperanza y cura todas nuestras heridas. Si leemos con atención la Sagrada Escritura descubriremos que Dios muestra su amor de muchas maneras. Su misericordia llena la tierra (cf. Sal 32, 5)».

Referenciando al Antiguo Testamento, Omella recalca, acudiendo al profeta Oseas, la paternidad de Dios, su ternura y amor incondicional. «Dios nos enseña a caminar, nos toma en sus brazos y se inclina ante nosotros para darnos de comer (cf. Os 11, 3-4). Jesús en el Evangelio le llama Abba, que era la palabra que los niños usaban para dirigirse a sus padres con cariño. Podríamos traducirla en nuestra lengua como papá o padre querido».

El amor de Dios siempre rompe nuestros esquemas.

Un Dios que busca el encuentro personal con cada uno de nosotros

Continua en su misiva a los fieles barceloneses hablando de la fidelidad de Dios y de la relación que Jesús busca con cada uno de nosotros; abriéndole el corazón para compartir con él  «nuestras dudas, esperanzas y sueños. Jesús nos ama tanto que ha dado la vida por nosotros». Y es precisamente aquí cuando el prelado recuerda el Evangelio de Juan: «Nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).

Omella prosigue con el profeta Jeremías, que cuando recibió la llamada de Dios, este le preguntó: «¿Qué ves?», y él le respondió: «una rama de almendro» (Jer 1,11). «El almendro es el primer árbol de la primavera. Cuando todo parece muerto sus flores anuncian que viene un tiempo nuevo», dice el arzobispo metropolitano. «Así es Dios. Cuando todo parece perdido, Él se manifiesta como esperanza y vida nueva. Solo su amor puede sacar vida de donde hay muerte».

Por último, el presidente de la CEE nos alienta a experimentar la ternura de Dios.

«Aunque nosotros nos alejemos de Él, Él continuará amándonos. Él es la luz que ilumina y transforma nuestra vida, elimina las rivalidades y los odios y nos hace cercanos a los más necesitados. Dice el Papa Francisco que estamos llamados a convertirnos en la caricia de Dios para aquellos que han olvidado las primeras caricias, o que tal vez jamás en su vida han recibido un gesto de cariño».

Vivamos, pues, estas enseñanzas de esta nueva primavera pascual con espíritu renovado en medio del dolor y la adversidad. La belleza, a fin de cuentas, sigue siendo el gran consuelo. Y los árboles ya están en flor.



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