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Cardenal József Mindszenty, venerable

Cardenal József Mindszenty, venerable, una excelente noticia para la Iglesia y para Hungría, por José Alberto Rugeles Martínez
La semana pasada tuve una gran alegría al leer la noticia que relataba que junto con la próxima canonización del Cardenal John Henry Newman, el Santo Padre el Papa Francisco había aprobado  el decreto sobre el ejercicio heroico de las virtudes cristianas por parte del Siervo de Dios, Emmo. Cardenal József Mindszenty, gloria del episcopado húngaro y del colegio cardenalicio.
Sin duda una excelente noticia. Le conocí personalmente siendo yo un adolescente en Caracas en 1975 y me causó una honda impresión. Tuve, en aquél entonces, la certeza de haber conversado con un mártir -vivo- de la defensa de la Fe, lleno de amor por la Iglesia y por Hungría.

Cuando el joven Arzobispo József Minsdzenty tomaba posición del Arzobispado de Esztergom, convirtiéndose en Primado de Hungría, en la Catedral de Budapest -en medio del esplendor de la liturgia, los bellos cantos, el incienso, rodeado del numeroso clero y de otros prelados, con un santo pueblo de Dios que vibraba de entusiasmo por su nuevo Pastor-, seguramente Mons. József Mindszenty ofreció al Señor su Ministerio de una manera total, completa y para siempre. Era un momento de consolación, de alegría, de esperanza.
Los acontecimientos políticos cambiarían el curso de su vida. Primero los nazis, después los comunistas -al fín y al cabo no es que sean muy diferentes- volcaron su odio contra el virtuoso prelado. Dio vuelta al mundo la fotografía del Cardenal en medio de sus verdugos, escuchando las alegaciones en su contra, después de haber sido torturado y de haber sufrido toda especie de humillaciones y vejámenes.
Mons. Mindszenty narra en sus Memorias que un determinado día, alguna alma generosa dejó en su celda una pequeña cantidad de vino y un mínimo pedazo de pan. Su Eminencia comprendió de que se trataba y de inmediato consagró y comulgó. En medio de la humedad de su celda, en medio de toda especie de sufrimientos e incertezas, tal vez el Prelado magiar recordó aquél día de su Toma de Posesión enla histórica sede de Eszrergom y de su determinación de aceptar todo, luego y para siempre. La misma fortaleza, la misma entereza, la misma voluntad, pero no ya en la cátedra arzobispal sino en el trono del dolor, de la ignominia, del sufrimiento aceptado por amor de Dios y de su patria.
Vendrían después los días de la Revolución Húngara en 1956 contra los sicarios de Moscú y la vergonzosa indiferencia de Occidente frente al heroísmo de los húngaros. Se refugia entonces en la Embajada de los Estados Unidos. Sobre su tiempo de refugiado en la Delegación americana, comentaba así el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira: “Pero, como columna solitaria en medio de las ruinas de su patria, Mons. Mindszenty permanecía de pie continuando en su conducta las grandezas religiosas y nacionales del reino de San Esteban, y preparando, por su ejemplo, la resurrección de su pueblo”. Fueron años de soledad y de sufrimiento, pero le aliviaba el estar cerca de sus ovejas.
Una nueva probación tocaría a las puertas de su alma. Debe abandonar la Embajada y  salir de Hungría. Va a Roma y luego a Viena. Desde allí realiza viajes a USA, Canadá, Portugal, Venezuela, Colombia, siempre pendiente de su rebaño en el exilio. No le faltarán decepciones y sufrimientos, pero siempre aquella determinación de sufrir unido a su Maestro, siendo uno con Jesucristo. Fallece en Viena en  mayo de 1975 . Posteriormente,  sus restos fueron trasladados a Budapest. En 1991 su cuerpo fue exhumado y encontrado incorrupto. Habían pasado diez y seis años de su fallecimiento. La documentación necesaria para su proceso de Beatificación y Canonización fue presentada en la Congregación para la Causa de los Santos y el Papa Francisco reconoció la heroicidad de sus virtudes el miércoles pasado.
Los enemigos de la Iglesia a lo largo de los siglos se parecen. Es curioso, pero les mueven los mismos sentimientos, el mismo odio inspirado siempre por el Espíritu del Mal. Los torturadores del Cardenal Mindszenty y los asesinos del sacerdote salesiano español P. Antonio César Fernandez, vilmente asesinado el sábado pasado en Burkina Faso, tenían en común el odio al bien.
El Cardenal húngaro y el hijo de Don Bosco, tenían en común el amor a Dios y el amor a sus hermanos por amor de Dios.
Todo, luego y para siempre…
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