Internacional

Cardenal Jean-Claude Hollerich: «Necesitamos cristianos en política al servicio de la Unión Europea»

El cardenal jesuita Jean-Claude Hollerich, presidente de la COMECE desde 2018, habla de las tragedias que ponen en jaque los valores europeos y de la importancia de mantener los consensos alcanzados para que la Unión Europea sea promotora de paz, tanto dentro de sus fronteras como en el concierto de las naciones.

Monseñor Hollerich recibe a ECCLESIA en Roma apenas un par de días después de haber tomado posesión de su sede cardenalicia en la Ciudad Eterna, la parroquia de San Juan Crisóstomo, en el barrio de Monte Sacro Alto, al norte de la capital. El arzobispo de Luxemburgo fue creado cardenal por el Papa Francisco en el consistorio del pasado 5 de octubre. Asegura, con gran sentido del humor, que le asombró esta decisión del Pontífice puesto que él no viene de «un país de periferia». Más bien todo lo contrario, sobre todo, teniendo en cuenta que es el presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), organismo que, además, en este 2020 cumple 40 años tendiendo puentes en Europa.

—¿Cómo ha sido su llegada a «su parroquia romana»?
—Estoy muy contento porque el Papa me ha confiado una parroquia viva llena de niños porque hay una escuela primaria e infantil de la parroquia. También hay un grupo de Scouts de Europa que están presentes en mi diócesis. Estoy muy feliz.

—Le importan mucho los jóvenes, ¿no es cierto? Hasta participó en septiembre en la Marcha por el Clima de Luxemburgo junto a ellos.
—Cada año procuro hacer al menos un viaje con jóvenes. Le voy a contar algo. Durante el consistorio, cuando estaba arrodillado delante del Papa, me dijo: «Tienes que seguir haciendo estos viajes con los jóvenes».
Recuerdo el día de la marcha. Los jóvenes no salían de su asombro por ver a un obispo entre ellos. Estamos hablando de su futuro y hemos de demostrar que, si de verdad valoramos a los jóvenes, —queremos a los jóvenes—, este amor nos debe costar algo; al menos, un cambio en nuestro estilo de vida. Yo tengo la edad de sus abuelos y, si yo puedo hacerlo, sus abuelos y sus padres también pueden. Esa tarde hicimos sonar las campanas de la catedral durante cinco minutos. Los jóvenes guardaron silencio durante esos cinco minutos y eso que la mayor parte de ellos no van a la Iglesia. Creo que están contentos de saber que la Iglesia está con ellos. Este es nuestro compromiso.

—Otro de sus compromisos son los refugiados. Su archidiócesis ha acogido a dos familias.
—Han llegado desde el campo de refugiados de Moria, en Lesbos. Son una familia cristiana que viene de Siria y una musulmana que viene de Kuwait y que pertenece a una minoría que allí es perseguida. La Iglesia corre con sus gastos. El Gobierno luxemburgués ha elegido a estas dos familias porque son las que pueden ser reconocidas con el estatus de refugiadas. Durante tres años en mi casa vivieron dos jóvenes cristianos coptos de Eritrea. Después de tres años han sido reconocidos por el Estado y ahora aprenden una profesión.

—Usted con su actitud y sus gestos desmitifica los prejuicios sobre los migrantes, ¿qué diría a quien tiene miedo al extranjero?
—Creo que si nos ocupamos en serio de los refugiados pueden integrarse perfectamente, pero, si están en los centros de internamiento, será difícil que se integren. A veces pasan por tantos de estos lugares que en ellos mismos aparece la ira o la angustia permanente y la integración no puede basarse en estos sentimientos. Nosotros hemos experimentado la reacción de la familia musulmana que acogimos. Han recibido un mensaje muy potente con nuestro gesto, por el hecho de haber sido acogidos por cristianos. Entiendo que exista el miedo, sobre todo, en los países de la Europa del Este donde tienen una imagen de los musulmanes como el enemigo, pero tenemos que superar esos miedos. Si nos detenemos en los miedos no haremos nunca nada. El mensaje de Cristo Resucitado es también el de no tener miedo. Y si vemos que una persona sufre hemos de atenderla. En el Nuevo Testamento tenemos el ejemplo del Samaritano que ayuda sin preguntar la religión del hombre apaleado. Creo que esa es la actitud que debemos adoptar los cristianos.

—Hace unas semanas visitó al Papa Francisco junto al pastor Christian Krieger, presidente de la Conferencia de las Iglesias Europeas, ¿qué mensaje les transmitió?
—Queremos colaborar entre nosotros en la medida de lo posible porque en muchos sentidos nos guía el mismo Evangelio y debemos presentarnos como cristianos en Europa, hermanos unidos en vez de hermanos separados. Tenemos opiniones distintas en diversos ámbitos, pero es bueno hacer juntos aquello que podamos hacer juntos. Creo que al Papa le gusta esta forma de trabajar. Subrayó cómo Europa es necesaria en el mundo para el mantenimiento de la paz global. Hablamos de valores europeos, pero al ver lo que pasa en el Mediterráneo no estamos viviendo esos valores europeos. Estos valores son algo que nosotros, que las Iglesias, debemos resaltar. Hemos de recordar que estos valores incluyen salvar a la gente de la muerte.

—Esos valores tampoco parecen estar muy presentes en  el campo de refugiados de Moria, ¿qué impacto le causó la visita que hizo en mayo?
—Cuando fui con el cardenal Krajewski la situación no era tan terrible como hoy, pero ya era bastante horrible. Hay dos realidades: el campo de refugiados y «la jungla» alrededor, es decir, el campo no oficial. Yo hablé con jóvenes afganos que me decían que tenían que hacer dos horas de fila para recibir un tomate y una cebolla, su comida diaria. Nos contaban que cuando hay enfermedades graves no hay médicos ni medicinas y que solo aspirinas. Hablamos de un lugar donde hay muchos niños y madres. No somos ilusos tampoco. Sabemos que no todas las personas que están en estos campos son personas de bien. Por eso los niños y las mujeres también tienen miedo en lugares como estos. Para ellos hay centros de acogida diurna dentro de los mismos campos. Visitamos uno y nos dimos cuenta de que, pese a la buena voluntad de las organizaciones humanitarias que los gestionan, las mujeres y niños no tenían nada que hacer. Había solo un pequeño sitio para jugar, pero no cabían todos los pequeños y tenían que hacer turnos. Las mujeres pasaban las horas allí porque se sentían seguras. No entiendo que Europa no pueda por lo menos acoger a los menores no acompañados y dejarlos en estos campos. Es irresponsable, no es cristiano y no es humano. Ver esto me ha hecho daño. Durante días no pude dormir recordando la desesperación en los ojos de las personas. Llevan allí muchos años sin respuesta. Sin nada.

—Europa también tiene otro motivo de sonrojo: la guerra de Ucrania
—Europa no está haciendo nada en Ucrania porque es difícil. Nadie quiere una gran guerra europea, Ucrania ha hecho lo que le ha pedido la UE y esto ha provocado la guerra con Rusia. Tenemos una responsabilidad hacia estas personas. Tener una nueva guerra en Europa duele. Ya tuvimos en suelo europeo la guerra serbo-bosnia que fue de enorme crueldad. Fue una vergüenza para Europa. Y ahora la historia se repite. Hay que trabajar por la paz, que es un bien común de la Humanidad. Sin paz no hay Derechos Humanos. Sabemos que en tiempos de guerra no se respetan los Derechos Humanos. Por eso, es necesario un compromiso por la paz en Europa. No olvidemos que la UE era un proyecto de paz. Si perdemos esa llama de los primeros tiempos, la UE no será de ninguna utilidad.

—¿De qué se necesita ocupar Europa?
—Necesita, en primer lugar, desarrollar la política común exterior porque si no Europa no tendrá voz ni influencia. Tomemos por ejemplo la guerra en Siria donde Europa está ausente porque no tiene una política común. Somos espectadores de esta guerra. En Libia se intentó, pero no se pudo por las posiciones e intereses encontrados de Francia e Italia. Es necesario que se desarrolle una política común europea, —no para forjar un imperio europeo—, sino para que Europa esté realmente al servicio de la paz.
Hace falta más solidaridad en Europa. No puedo decir cómo fomentarla, es una tarea de los políticos encontrar una respuesta. No hacer nada o decir que no sería europeo hacer algo es contrario a las ideas europeas. Schuman sabía que hace falta colaborar para la prosperidad de todos. De lo contrario aumenta el peligro de que estalle nuevamente una guerra.

—¿Esa solidaridad se ha perdido un poco?
—Creo que sí. Nos hemos acomodado. Quizá también porque el cristianismo es más débil en Europa. Piense que casi todos los padres fundadores de Europa eran cristianos convencidos. Idearon una Europa para todos.
Hará falta diálogo para el futuro de la Unión Europea. Debe haber una escucha empática. Creo que es necesario para el futuro de la democracia que los hombres y mujeres políticos desarrollen esta escucha empática. Que escuchen lo que piensa la gente, lo que sufre la gente y hagan política para la gente. Y que los políticos dejen de verse como enemigos entre ellos. Vivimos en una época posmoderna en la que el compromiso no tiene ningún valor. Tenemos opiniones siempre enfrentadas, pero la política tiene que estar por encima. La política debe encontrar compromisos y mostrar a las personas que estos compromisos no son nimiedades, sino que son necesarios para el bienestar de los ciudadanos.

—¿Debemos para ello rezar por nuestros gobernantes?
—Sí. Por los gobernantes y por los obispos. Cada ciudadano tiene una responsabilidad política, y los católicos, según la Doctrina Social de la Iglesia, están llamados a vivir esta responsabilidad política votando, influyendo sobre los hombres políticos. Los jóvenes tienen que implicarse también en el campo de la política. Entrar en política puede ser una auténtica vocación cristiana si no se ve manchada por intereses personales. Se ha de hacer por el bien común y con espíritu de servicio. Y necesitamos cristianos, cristianos en política y al servicio de la Unión Europea, de las Instituciones Europeas. El bien común es más grande que Europa.

—¿Cree que el Papa, latino, es más consciente de la importancia de la UE que los propios europeos?
—Creo que Francisco es un Papa que ama Europa y está pendiente de ese proceso de integración europea. Francisco ve desde fuera el bien que la Unión Europea hace en el concierto de las naciones, tanto en Europa como fuera de Europa.

Por Ángeles Conde (@AngyCnd)

Print Friendly, PDF & Email