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Cardenal Gracias: Una Iglesia colegial para vencer la plaga de los abusos

El Cardenal Oswald Gracias, Arzobispo de Bombay, India  (Vatican Media)

Cardenal Gracias: Una Iglesia colegial para vencer la plaga de los abusos

En la apertura de la segunda jornada del Encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”, que se celebra en el Vaticano, el Cardenal indio Oswald Gracias centró la atención sobre los discernimientos rigurosos y las diversas acciones que impidan los abusos en el futuro, trabajando “juntos”, porque “tenemos mucho por delante”

Giada Aquilino – Ciudad del Vaticano, Vatican News, 22 de febrero de 2019

Una “Iglesia colegial que se asume la responsabilidad para el futuro”. Es la imagen que traza el Cardenal Oswald Gracias, Arzobispo de Bombay, ex Presidente de la Conferencia Episcopal de la India y miembro del Comité organizador del Encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”, que se celebra en la Ciudad del Vaticano del 21 al 24 de febrero. En su relación, tras la oración inicial, con la que comenzó la segunda jornada de estos trabajos, dedicada al tema de la obligación de rendir cuentas, el Purpurado hizo hincapié en una Iglesia colegial y sinodal, que – dijo – se enfrenta a una “crisis polifacética”, provocada por los abusos sexuales contra menores y adultos vulnerables “en la Iglesia Católica” y por la “sucesiva incapacidad de afrontarlos de manera abierta, responsable y eficaz”.

También relató haberse reunido, hace apenas dos semanas, con un grupo de víctimas, doce personas, algunas de las cuales afirmaron que habían perdido la fe en Dios y en la Iglesia, y hay muchas otras – afirmó – que aún no han sido escuchadas. Por lo tanto, el reto es: “Cómo ayudarlas”.

Un punto de vista honesto

Asimismo aclaró que toda la Iglesia “debe adoptar una postura honesta, emprender discernimientos rigurosos y actuar con decisión para impedir que en el futuro se verifiquen más abusos, haciendo todo lo posible para favorecer la curación de las víctimas”. Y recordó que el Papa, al invitar a los Presidentes de las Conferencias Episcopales nacionales, “está poniendo de manifiesto de qué manera la Iglesia debe afrontar” esta crisis, precisamente, a través de la vía de la “colegialidad y del carácter sinodal”. A la vez que añadió que con la “ayuda de Dios”, será posible “modelar y definir” el modo con el que la entera Iglesia, a nivel “regional, nacional, diocesano local e incluso parroquial”, asumirá el “deber” de afrontar los abusos sexuales en su propio interior.

Toda la Iglesia

El Cardenal Gracias reiteró que la colegialidad es un “contexto esencial” para afrontar las heridas causadas por el abuso infligido “a las víctimas y a la Iglesia en general”. Y reflexionó acerca del hecho de que ningún obispo debería decirse a sí mismo: “Afronto solo estos problemas y desafíos”, porque él pertenece “al colegio de los Obispos, en unión con el Santo Padre”, compartiendo “el deber de rendir cuentas y la responsabilidad”. Además, dijo que ningún Obispo puede decirse a sí mismo: “Este problema de abuso en la Iglesia no me concierne, porque las cosas son diferentes en mi lugar del mundo.

No se ha hecho lo suficiente en los puestos de liderazgo

No es un problema que sólo afecte a Estados Unidos, Europa o Australia: hay casos en todo el mundo – continuó – incluso en Asia, incluso en África. E hizo un llamado a la corresponsabilidad a la hora de afrontar el problema de los abusos sexuales contra los menores por parte de los clérigos en todo el mundo, admitiendo y reconociendo la inadecuación de las medidas preventivas, pidiendo perdón y comprometiéndose resueltamente a tomar medidas para que esto no vuelva a suceder nunca más en la Iglesia, para tener una Iglesia libre del abuso sexual de los niños. Por lo tanto, reconociendo también que no se ha hecho lo suficiente en las funciones de liderazgo.

Diversidad de personas y situaciones

“Cada uno de nosotros – explicó el Cardenal Arzobispo de Bombay – es responsable de toda la Iglesia”, con una preocupación que vaya “más allá de la Iglesia local para abrazar a todas las Iglesias con las que estamos en comunión”. Al afrontar “juntos el flagelo del abuso sexual, es decir, colegialmente”, el Purpurado manifiesta su deseo de “una visión singular y unitaria”, “con la flexibilidad y adaptabilidad que deriva de la diversidad de las personas y de las situaciones de nuestra atención universal”.

Conversación abierta

“No podemos ignorar – continuó diciendo –  que en la Iglesia hemos tenido dificultades para afrontar la cuestión del abuso de modo correcto” y que también los obispos tienen “tal responsabilidad”. Por esta razón se preguntó si los obispos se empeñan “realmente” en mantener una “conversación abierta”, señalando “honestamente” a sus hermanos “obispos o sacerdotes” frente a un “comportamiento problemático”. La exhortación es a “cultivar la cultura de la correctio fraterna” y, al mismo tiempo, considerar “las críticas de un hermano como una oportunidad para realizar mejor nuestros deberes”, admitiendo “personalmente los errores unos con otros” y pidiendo ayuda “sin querer pretender ser perfectos”: manteniendo “verdaderamente una relación fraterna”, en estos casos – explicó – “no debemos preocuparnos por dañarnos a nosotros mismos”, aunque “demostremos debilidad”, sino tener la humildad de hacerlo.

Descentralizar el trabajo

Cada Obispo – recordó el Cardenal Gracias – obedece “directamente al Santo Padre”. En esta perspectiva el Purpurado insta a preguntarse “honestamente” si “a veces” no se piensa que la relación con los demás Obispos “no es tan importante, sobre todo si los hermanos tienen una opinión diferente y o sienten la necesidad de corregirnos”. El camino es el de “una confrontación entre la Curia Romana y nuestras Conferencias Episcopales”. El Cardenal Arzobispo de Bombay lanza la idea de descentralizar, llevando a cabo la mayor parte del trabajo a nivel episcopal nacional en el estudio e investigación de los casos.

“ Es una forma de daño espiritual directo que sacude la fe e interrumpe drásticamente el camino espiritual de quienes sufren abusos, sumergiéndolos, a veces, en la desesperación ”

El reto

Los abusos revelan “una compleja red de factores interconectados”, entre los cuales  “psicopatología, decisiones morales pecaminosas, entornos sociales que permiten el abuso” mismo, “respuestas institucionales y pastorales a menudo inadecuadas o claramente dañinas o falta de respuesta”. El abuso perpetrado por “clérigos”, Obispos, sacerdotes, diáconos y por “otros que sirven en la Iglesia”, como por ejemplo maestros, catequistas o entrenadores, se traduce – dijo el Cardenal – en “daños incalculables” tanto “directos” como “indirectos”. “Sobre todo” el abuso inflige daños a los supervivientes: un daño “físico” e “inevitablemente psicológico”, con todas las consecuencias “a largo plazo” de cualquier “trauma emocional grave ligado a una profunda traición a la confianza”. Con mucha frecuencia – subrayó – es una forma de “daño espiritual directo que sacude la fe e interrumpe drásticamente el camino espiritual de quienes sufren abusos, sumergiéndolos, a veces, en la desesperación”.

Respuesta inadecuada

También existe el daño indirecto del abuso, que resulta “a menudo de una respuesta institucional fallida o inadecuada”. Sus causas podrían ser: la “falta de escucha de las víctimas”, no tomar “en serio” sus reclamaciones; la falta de “asistencia y apoyo a las víctimas y a sus familias”, dando en cambio “prioridad a las cuestiones institucionales en lugar de atender a las víctimas”; no “apartar” a los acosadores de situaciones que podrían permitirles “abusar de otras víctimas”; y no ofrecer “programas de formación y detección” para quienes trabajan con niños y adultos vulnerables.

“ Tener la humildad de admitir haber cometido errores y de esto hay que aprender para el futuro ”

El encuentro con las víctimas: jamás minimizar

Recuerda su reciente reunión con un grupo de víctimas. Hubo quien le ha confesado que ha perdido la fe en Dios y en la Iglesia. Y también experiencias de hace algunos años: cuenta que conoció a una persona con una posición muy elevada de responsabilidad en el mundo secular, que no podía perdonar. Admitió que discutió el asunto con su interlocutor de manera racional, pero sin haber logrado progresos. El Cardenal refirió que se ha dado cuenta con el tiempo del daño duradero, a veces permanente, que el abuso implica en la persona y en su psiquis. Jamás hay que minimizar tal daño, subrayó. También refirió que conoció a algunos jóvenes cuya personalidad había cambiado a causa de los abusos: ni siquiera lograban estudiar, y tener relaciones normales; estaban destruidos. De ahí que haya exhortado, una vez más, a tener la humildad de admitir haber cometido errores y de esto hay que aprender para el futuro.

Un reto sin precedentes

En este desafío “sin precedentes” – señaló el Purpurado – hay que tener en cuenta las comunicaciones actuales y las conexiones globales: por lo tanto, la colegialidad se hace aún más decisiva en la situación actual. Para mirar y afrontar la crisis, aunque esto no signifique una solución rápida y definitiva. Pero es un camino que recorrer juntos, mejorando continuamente, con ayuda mutua, aprendiendo de los errores.

Justicia

El Cardenal Gracias abordó tres temas en su reflexión: justicia, sanación y peregrinación. Si bien el abuso sexual “es muchas cosas, entre las cuales la violación y la traición de la confianza”, en su raíz es “un acto de grave injusticia”. Las víctimas supervivientes hablan de su sentimiento de ser violadas injustamente. Y explicó que “un deber fundamental” es “volver a hacerles” justicia: por lo tanto, “defender y promover la justicia de Dios” e implementar “las normas de justicia que pertenecen a nuestra comunidad eclesial”, implementando “de manera ecuánime y eficaz” la ley y el proceso eclesiástico. El abuso sexual de menores y personas vulnerables “no sólo infringe la ley divina y eclesiástica”, sino que es también un “comportamiento criminal público”. La Iglesia “vive en el mundo y con el mundo”, “reconoce la autoridad legítima del derecho civil y del Estado” y “colabora con las autoridades civiles en estos contextos para hacer justicia a los supervivientes y al orden civil”. De manera que “quienes se han vuelto culpables de un comportamiento criminal – reafirmó – son justamente responsables ante la autoridad civil por lo que han hecho”.

Red de relaciones fuertes

El Cardenal Gracias recordó también las complicaciones que surgen “cuando hay relaciones antagónicas entre la Iglesia y el Estado” o cuando el Estado “persigue o está dispuesto a perseguir a la Iglesia”. Y señaló que “sólo en una red de fuertes relaciones entre los Obispos y las Iglesias locales que trabajan juntos, la Iglesia puede navegar por las aguas turbulentas del conflicto con el Estado y, al mismo tiempo, tratar adecuadamente el crimen de los abusos sexuales”.

Debe haber una comunicación clara, transparente y coherente con las víctimas, con los miembros de la Iglesia y con la sociedad en general

Sanación

“Además de defender la justicia – prosiguió – una Iglesia colegial representa la sanación”, llegando a las víctimas de abusos y a las comunidades cuya confianza ha sido “traicionada o severamente puesta a prueba”. Por lo tanto, debe haber una “comunicación clara, transparente y coherente” con las víctimas, con los miembros de la Iglesia y con la sociedad en general. Diversos serán los mensajes. El dirigido en especial a las víctimas, con “una solidaridad respetuosa y el reconocimiento honesto de su dolor y sufrimiento”. El que contenga una propuesta de sanación, “desde el asesoramiento profesional hasta el apoyo a grupos de coetáneos, y otros medios”, desarrollando tales vías de sanación “para señalarlos también a aquellos que están haciendo el mal”. El camino que conduzca a  “identificar y aplicar medidas para proteger a los jóvenes y a las personas vulnerables de futuros abusos”. “Una vez más – dice el Cardenal – necesitamos una sabiduría colectiva y un pensamiento compartido para desarrollar la manera de proteger a los jóvenes y evitar la tragedia de los abusos”. El dirigido a la sociedad en general, desarrollando “recursos de gran utilidad para un mundo más vasto”. Y añadió que “la gracia de este momento  puede ser, efectivamente, nuestra capacidad de prestar servicio a una gran urgencia en el mundo, desde el punto de vista de nuestra experiencia en la Iglesia”.

“ Debemos arrepentirnos y hacerlo juntos colegialmente, porque a lo largo del camino hemos fracasado ”

Peregrinación

El hecho mismo de afrontar “la tragedia de los abusos sexuales en la Iglesia”, de encontrarnos con “el sufrimiento de las víctimas”, nos hace tomar conciencia – nota el Purpurado indio – de que somos “el pueblo peregrino de Dios”, de que aún no hemos “llegado” a nuestro destino: somos “una comunidad llamada al arrepentimiento y al discernimiento continuo”. “Debemos arrepentirnos y hacerlo juntos colegialmente, porque – aclaró – a lo largo del camino hemos fracasado”, buscando el perdón, en un proceso de discernimiento “continuo”. Juntos, o colegialmente – reafirmó – “debemos mirar, esperar, observar y descubrir” la dirección indicada por Dios: “tenemos mucho ante nosotros”.

El ejemplo del Congo

En conclusión, el Cardenal Gracias recordó el ejemplo de los Obispos del Congo que “con gran valentía y determinación” afrontaron los desafíos “sociales y políticos” de su país. Y lo hicieron “juntos”, “colegialmente”. Por eso exhortó a “reivindicar, o mejor reclamar” con “humildad y franqueza” nuestra identidad en el Colegio Apostólico unido “al Sucesor de Pedro”; a invocar “valentía y audacia”, porque el camino “no está trazado con gran precisión y exactitud”; a abrazar la vía del discernimiento “práctico”, según la voluntad de Dios en las circunstancias concretas de nuestra vida; a estar dispuestos a pagar el “precio” de seguir la voluntad del Señor en circunstancias “inciertas y dolorosas”.

Al invocar al Espíritu Santo, pidió también a los fieles laicos que oren por esa Iglesia que debe tener humildad para admitir que no es perfecta y que debe demostrar que es “el Sacramento de Cristo”.

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