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Cardenal Cañizares: «Para que el mundo sea, se necesitan sacerdotes»

Hoy sábado, 27 de junio, el arzobispo de Valencia, cardenal Antonio Cañizares, ha conferido la ordenación sacerdotal en la catedral a cuatro diáconos. Los nuevos presbíteros son Juan Brugarolas Brufau, Javier Navarro Quijada, y Agustín Sancho Izquierdo, los tres del Colegio Seminario de la Presentación de la Virgen María y Santo Tomás de Villanueva, y Alberto Giménez Pedraz, del Real Colegio Seminario de Corpus Christi de Valencia «El Patriarca». Mañana domingo, el purpurado levantino impone sus manos también sobre otros cuatro diáconos: Borja Grau, Félix Perona, ambos de «El Patriarca», y Enrique Roig y Sergio Sospedra, del seminario La Inmaculada de Valencia. El hecho de dividir las ordenaciones en dos días obedece a la necesidad de respetar las limitaciones de aforo dictaminadas por las autoridades a causa del coronavirus.

La ceremonia de esta mañana ha comenzado a las 11 horas y a ella han asistido presencialmente unas doscientas personas, familiares y amigos de los ordenados, y fieles. Otras 170 la han seguido a través de la retransmisión que ha hecho el canal diocesano de Youtube.

La ceremonia ha sido concelebrada por los auxiliares de Valencia, el obispo de Albacete, el arzobispo emérito de Zaragoza y decenas de sacerdotes de la diócesis, entre ellos los rectores y formadores de los seminarios y miembros de la curia diocesana y del cabildo.

Tras los cánticos de entrada y las lecturas del libro de Jeremías y de la carta de San Pablo a los cristianos de Éfeso (esta última en valenciano), se ha dado lectura al pasaje del Evangelio de San Juan que habla del mandato del amor. «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo, permaneced en mi amor; si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. (…) Este es mi mandamiento, que os améis los unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos (…). Esto os mando: que os améis unos a otros»

«Vuestra vida debe quedar disponible enteramente a los otros»

Antes de imponer sus manos sobre los nuevos presbíteros, el cardenal Cañizares les ha dicho que al ser ungidos por el Espíritu Santo «Jesús os dice con ternura: Ya no os llamo siervos, os llamo amigos. Sois mis amigos para siempre. Estas palabras constituyen la fuente de vuestra permanente alegría sacerdotal». El purpurado les ha recordado asimismo que «no se os impone una carga, ni mucho menos pesada», y les ha instado a no perder la alegría y a ensanchar el corazón a Dios y a su pueblo. «Vuestra vida —ha recordado— debe quedar disponible enteramente a los otros, a todos», entregándola «sin límite alguno».

Tras el canto de las letanías con los elegidos postrados en tierra, se ha procedido a la imposición de manos y a la plegaria de ordenación. En esta ocasión, han sido solo dieciséis sacerdotes (cuatro por cada diácono), y no todos los presentes como estipula el rito, los que han colocados sus manos sobre los ordenandos. Como medida de precaución también, se ha pedido que las muestras de felicitación a los nuevos presbíteros se hicieran ya en la calle, y no dentro del templo. Las primeras misas que estos celebren en sus parroquias carecerán también del tradicional «besamanos». La razón, la misma: evitar posibles contagios por COVID.

«Para que el mundo sea, se necesitan sacerdotes. Sin Eucaristía no habrá posibilidad de Iglesia ni de humanidad verdaderamente nueva. Por eso, rezad mucho para que haya muchos sacerdotes», ha pedido Cañizares a la conclusión de la ceremonia.

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